Más de un millón de árboles de kewiña fueron plantados en el Parque Nacional Tunari gracias al trabajo de mujeres quechuas que impulsan la reforestación, la conservación del agua y la recuperación de bosques nativos en Cochabamba.
La kewiña, un árbol clave para conservar el agua
Ubicada en el departamento de Cochabamba se encuentra la Cordillera Tunari. De ella se desprende un manto de agua, un río con el mismo nombre. A un costado, una hilera de árboles aparece: las llamadas kewiñas (Polylepis subtusalbida).
La kewiña es un árbol nativo fundamental para la conservación del agua en los Andes bolivianos, capaz de almacenar grandes cantidades de humedad y contribuir a la recarga hídrica de las cuencas. Se podría decir que es un sembrador de agua natural, cuya existencia se remonta a siglos atrás.
Esta especie protege el suelo de la erosión, ayuda a mitigar los efectos del cambio climático y sirve de refugio para numerosas aves. Sin embargo, a raíz de los incendios forestales y la presión urbana, los bosques de kewiña se han ido reduciendo drásticamente. De acuerdo con el Plan de Manejo del Parque Nacional Tunari, elaborado por Faunagua, más del 90% de estas plantas han sido exterminadas.
Datos proporcionados por el equipo de Faunagua indican que la kewiña es uno de los árboles que crece a mayor altura en el mundo, entre los 3.800 y 4.200 metros sobre el nivel del mar, y que su ciclo de vida puede extenderse durante siglos. Su importancia es tal que un solo árbol puede contribuir a generar más de 200 litros de agua al año.

La pérdida de bosques nativos en el Parque Nacional Tunari
La pérdida de bosques de kewiña ha incrementado la vulnerabilidad a deslizamientos, erosión e inundaciones en distintas zonas del Parque Nacional Tunari. Sin vegetación nativa suficiente para absorber y regular el agua, se altera el equilibrio natural de los ecosistemas y disminuye la capacidad de recuperación del territorio frente a eventos climáticos extremos.
Ante esta amenaza para los bosques nativos y las fuentes de agua, mujeres quechuas del Parque Nacional Tunari decidieron organizarse y liderar programas de reforestación con el apoyo de distintas instituciones.

Mujeres que lideran la reforestación con kewiñas
Gracias a un trabajo conjunto desarrollado entre marzo de 2020 y febrero de 2026, se ha contabilizado la siembra de 1.250.000 árboles de kewiña, según datos de la Asociación Armonía, una de las organizaciones que apoya este proyecto y trabaja en la implementación de programas de conservación de la vida silvestre en Bolivia.
Este esfuerzo de reforestación se inició con tres componentes principales: restauración y conservación de bosques nativos, desarrollo sostenible y monitoreo de las áreas reforestadas.
Durante estos seis años se han restaurado más de siete reservorios de agua, es decir, depósitos naturales dentro del bosque que permiten almacenar y regular el recurso hídrico. Asimismo, se han generado oportunidades para que las y los comunarios produzcan sus propios recursos económicos mediante la venta de plantines.
Más de un millón de árboles sembrados para recuperar fuentes de agua
Actualmente, el grupo de mujeres “Warmi Kewiñas” —que en quechua significa “mujeres kewiña”— busca liderar sus propios proyectos de conservación a largo plazo.
Para ello cuentan con un centro de capacitación integral, todavía en construcción, y dos viveros donde se producen árboles nativos que posteriormente son trasladados a las zonas de reforestación.
Sin embargo, el significado de estas plantas va mucho más allá de su valor ecológico.
Al igual que un bebé, los plantines tardan alrededor de nueve meses en crecer antes de ser trasplantados. La reforestación se realiza una vez al año y durante el resto de los meses se vuelve a la etapa de producción y cuidado.
Por eso, para muchas de las integrantes de Warmi Kewiñas, cada árbol representa un proceso de crianza y dedicación similar al de cuidar a un hijo.
Warmi Kewiñas: conservación, aprendizaje y liderazgo comunitario
Dentro de este proceso de cuidado y reforestación, las mujeres también han encontrado un espacio para fortalecer su autonomía y aprendizaje.
Muchas de ellas no tuvieron la oportunidad de asistir a la escuela durante su infancia. Sin embargo, a través del intercambio de conocimientos, la capacitación y el trabajo comunitario, han logrado empoderarse desde la lectura, la escritura y la gestión de iniciativas ambientales.
Es en este círculo de aprendizaje, conservación y cuidado de la naturaleza donde se genera vida.
¡Allin kawsay kewiña warmikunapaq!



