El bambú y la música que envuelve

Susurran tras cada paso, el viento los acompaña, dando inicio a una melodía que sólo en el bosque se tiene el privilegio de escuchar. Con razón, muchos son los que atraídos, caminan hipnotizados, deseando obtener ese sonido en el transitar de su día a día.

Al entrar al bosque, en los Andes tropicales, región que se extiende a lo largo de la cordillera de los Andes, donde la selva amazónica se encuentra con las montañas, la mirada se acompleja frente a estos gigantes: los bambúes musicales. Plantas que desde la tierra se aferran a su núcleo y se elevan dibujando un cielo verde. Mientras más crecen más sonoro se hace el bosque.

Los bambúes musicales de los Andes bolivianos son conocidos como tuquru y chhalla en aymara, y actualmente son requeridos y utilizados para la construcción de instrumentos de viento, por las características naturalmente musicales que poseen. Con el tuquru se construyen flautas verticales y traversas, como la quena, pinquillo, moseño y phala; mientras que con la chhalla se elaboran sikus o zampoñas. Esta combinación de conocimientos ecológicos y culturales es la bisagra para la apertura de variadas expresiones.

Un bambú es una especie apropiada para la conservación de los bosques y la mejora de la calidad del agua; su floración y rápido crecimiento la hacen ser una planta extraordinaria, en algunos casos, puede llegar a crecer 1.25 metros en 24 horas, en otros, su crecimiento tardará muchos más años. Sin embargo, su desarrollo presenta inmensos sacrificios, constituyéndola en una planta monocárpica, esto quiere decir que, al producir flores y esparcir semillas una sola vez tras ciclos de vida prolongados, lo que le queda, es la muerte.

Los bambúes musicales, haciendo énfasis en los de clase leñosa tropical, son los utilizados para la fabricación de instrumentos y se encuentran en los bosques nublados de los Yungas, que es la zona de vegetación más diversa de Bolivia y cuenta con un número considerable de especies endémicas, así como en regiones montañosas de Cochabamba y Santa Cruz. Hasta la fecha, en el territorio nacional, aproximadamente se registran 50 tipos de bambúes leñosos tropicales pertenecientes a 8 géneros.

Tras su paso de la vida la muerte, el bambú cobra un color amarillo, casi pálido y cae benevolente después de haberse mostrado erguido bastante tiempo, el cual variará dependiendo de la especie de bambú, que por lo general va de 5 a 7 años.

Y sólo cuando este suceso acontece, y parece arrebatarnos la vitalidad de su musicalidad, la mano humana se encarga de salvar la melodía que del bambú se desprende, para hacer de su tallo un instrumento digno de los pueblos, de los saberes, del arte y de la mística de quienes se espera que, con respeto, lleven la armonía del bosque a aquellos rincones en los que la naturaleza no ha sido escuchada, a esos confines donde el agua no entrelaza los paisajes ni la luz se extiende próspera sobre los hombros y las pupilas perdidas de los que esperan una segunda oportunidad.      

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