Yo me quería morir, pero la vida es bella. El terapeuta que venció sus adicciones

Con apoyo de Victoria Daniela Valenzuela

Mario Revollo, de 59 años, es terapeuta. Para llegar a esta etapa de su vida tuvo que pasar por años de sufrimiento, luchar contra sus demonios y sobreponerse a sus adicciones.

Desde su adolescencia comenzó con un excesivo consumo de alcohol, después llegaron las drogas y el sexo sin control. Hoy en día, con más de 30 años de absoluta sobriedad, se dedica a ayudar a otros a vencer sus adicciones y a controlar, ante todo, sus emociones.

Esta es su historia:


Comunicación en la familia y aspiraciones personales, claves para alejarse del peligro

La Nube conversó también con Ramiro Valda, un psicólogo que se especializa en tratar conductas adictivas. Se le pidió recomendarciones para evitar el consumo excesivo de alcohol y otras sustancias. Él enfatizó la importancia de la comunicación dentro la familia y la construcción de un «proyecto de vida» como factores de protección frente a las adicciones.

Valda dijo que los factores de riesgo que pueden desarrollar comportamientos adictivos se presentan en tres áreas:

a) Familia: Cuando se presentan episodios de violencia intrafamiliar o no existe comunicación.

b) Individuo: Si la persona tiene baja tolerancia al sufrimiento, a la frustración y poca resiliencia.

c) Contexto: Si el círculo social (los amigos) consumen alcohol y drogas y presionan para que uno también lo haga. Debido a la necesidad de aceptación y pertenencia los jóvenes somos propensos a aceptar las condiciones del grupo.

Para contrarrestar estos efectos de riesgo, el especialista sugiere reforzar la comunicación y la confianza dentro del hogar, que los hijos sientan que pueden contar lo que sea a sus padres y saber que éstos no los putearán, sino que los ayudarán y aconsejarán para hacer buenas elecciones.

Además, la construcción de un proyecto de vida es fundamental para trabajar la parte individual de la persona. Esto consiste en visualizarse uno mismo en un futuro inmediato y a largo plazo, y tomar las mejores decisiones para llegar a ese objetivo. «El mismo adolescente debe evaluar las consecuencias de su comportamiento y tomar decisiones en función a qué comportamiento le va a traer beneficios y no así consecuencias negativas para su salud y vida», aconseja el psicólogo. Esta estrategia también permitirá elegir mejor a las personas con las que compartimos nuestro tiempo y analizar las posibilidades que éstas tienen para afectar nuestras elecciones.

Por último, Valda sostuvo que para las personas que tienen problemas de consumo es clave comenzar a ver la vida de otra manera, es decir sin considerar el alcohol y/o las drogas como elementos indispensables para desarrollar nuestra vida con normalidad y realizar actividades como socializar, conocer una pareja, asistir a un evento o pasar el tiempo.

Algunos centros de ayuda
CENTRO DIRECCIÓNCONTACTO
REMAR BoliviaCalle Linares 1074, Macrodistrito Cotahuma2312106 – https://remar.org/bolivia/
Alcólicos AnónimosAvenida Illimani, Pasaje 3 de Mayo gradas, 1er. Piso. Nº 185076528277 – 2202006 –  2313157 – www.alcoholicosanonimosbolivia.org
Centro de Rehabilitación y Salud Mental San Juan de DiosCalle Chicani S/N, zona Irpavi 22724887 – https://sanjuandedios.com/orden/centro-de-rehabilitacion-y-salud-mental-san-juan-de-dios/
Centro Boliviano de Solidaridad VidaPucarani, a 30 kilómetros de la ciudad de La Paz78802802
Mario Revollo (terapeuta)71570989

Transcripción del podcast

Sergio: Un sábado soleado, en la zona de Achumani, conocí a Mario Revollo, un hombre de 59 años, robusto, que llevaba una polera blanca debajo de una chamarra beige, un par de tenis y un buzo oscuro. Me recibió en una casa enorme, con una fuente piedra tallada en el centro, palmeras altísimas, y una cancha de básquet a un costado, con tableros percudidos por el tiempo y la humedad. Me dijo que la casa era de su hermana.

Acordé una entrevista para contar su historia, una historia de sufrimiento y de superación. Mario estuvo por muchos años bajo la adicción al alcohol, las drogas y el sexo; pero con algo de suerte y mucha fuerza de voluntad se repuso y hoy por hoy es un terapeuta que ayuda a otras personas a vencer sus adicciones, a lidiar con sus emociones.

Mario: A veces piensas y dices qué cosas hubiera podido cambiar. A veces uno se hace esa pregunta: ¿qué hubiera cambiado para mejorar? Yo no hubiera cambiado nada, no cambiaría nada en este momento, ahora que tú me tienes aquí hablando. Todo lo que me ha pasado lo recibo con mucho respeto a la vida. Pero evidentemente, si hubiera una formación en nuestra vida, en nuestro sistema educativo, que nos entiendan y nos enseñen a ser padres…, nos enseñen a ser adultos, nos enseñen a ser seres humanos, seguramente las cosas cambiarían en la vida de cada uno.

Yo ya tenía problemas de consumo 18 y 19 años porque evidentemente uno dice «yo soy artillero, aguanto, etcétera»; pero ya cuando llegas tarde a la casa, cuando comienzas a hacer lo que quieres y no hay control, ya pues esos son indicios de que estás encaminándote a algo no tan bueno en tu vida. Eso no quiere decir que gente que haya tropezado así, porque todos hemos tropezado, no haya enderezado su vida. Es un sezgo que hay, y depende un poco de las herramientas que uno tiene en torno a la resiliencia, en torno a la familia, en torno a lo que has podido tener en la vida.

Sergio: ¿Cómo ha sido tu encuentro con el alcohol? ¿Cómo lo describirías ese encuentro?

Mario: Te enamora el alcohol. Tú lo buscas, ya sea por curiosidad, porque es parte del proceso. Ese enamoramiento que tú has tenido lo he tenido yo también. Pero a veces ese enamoramiento va acompañado de circunstancias que hayan marcado tu vida. A mí me ha marcado, por ejemplo, el que mi madre había fallecido a mis 13 años.

Entonces yo me quedé vacío de esa unión que me ligaba a mi madre esa época. Eramos muy unidos por esa edad me imagino, ahora que trabajo esos procesos, y pues mi mamá se fue. No la lloré en su momento por esas pajas que tenemos los seres humanos, que el hombrecito no llora, que la mamita está bien, en vez de decir: «ya llorá no jodas».

Sergio: Mario terminó el colegio en los 80’. Su padre lo mandó a Estados Unidos para comenzar sus estudios universitarios y para entonces él ya sabía que era un alcohólico.

Allá no le fue mejor e incursionó en algunas drogas, como la marihuana. Su vida iba en descontrol, cada vez se perdía más y más en las adicciones; aunque todavía había algo en su interior que podía ser su escapatoria.

Él hacía deporte desde joven. Para sus 12 años comenzó a jugar básquet en el histórico club paceño Ingavi. Allí el entrenamiento no era sólo físico, también se trabajaba la parte de la personalidad, la disciplina, el compromiso, valores que quizás después, sin sospecharlo, le salvarían la vida.

Mario:  Es otra de las herramientas que yo he recibido de la vida, el poder reconocer y escuchar a la gente mayor, algo que nuestra juventud y la gente en general ha perdido, saber escuchar al anciano, al sabio.

Sergio: Pero hasta sus 23 años el alcoholismo llevaría a Mario a las profundidades de la desesperación. Su padre, incapaz de controlarlo, lo botó de su casa en La Paz. Él se fue a Santa Cruz, donde fue acogido por su hermano mayor, quien sin embargo, al cabo de un tiempo, no tuvo de otra que también pedirle que se fuera.

Su comportamiento adictivo, sus borracheras y su vida desordenada eran un mal ejemplo para sus sobrinos. Así, Mario comenzó una de las etapas más duras de su vida, que a la vez pudo ser el detonante para su futura recuperación.

Mario: Yo me acuerdo, vivíamos en la Calle 8 de Equipetrol. Mi maletita una de color verde… Y me fui caminando, no sabía qué hacer ahí. Ya no asistía a la universidad, a la UPSA.

Entonces me fui, y logré ver a un amigo, que es de una familia a la cual le tengo mucha gratitud hasta el día de hoy. Porque él me alquiló un cuartito, y a pesar que le fallaba y me perdía semanas, días, no me botaron. Su madre una santa, realmente, igual que mi familia. Entonces yo en toda esa desesperación y ese consumo desenfrenado que estaba teniendo ya, ya para mí los días eran tormentosos… Y yo quería dejar de tomar y no podía.

Tú quieres dejar ya el vicio y no se puede. Es por eso que entiendo cuando las personas dicen: «¿pero cómo no vas a tener voluntad?», eso dicen todos. ¡Se pierde la voluntad, no entiendes cómo, pero se pierde!.

Sergio: Fueron varios años de tormento, viviendo en una habitación, en espacios concedidos por los amigos, o en la misma calle. El cuerpo no le respondía, cuando intentaba llevarse una cucharada a la boca la comida nunca llegaba, su mano temblorosa desparramaba todo sobre el suelo.

Pero la voluntad no se había ido del todo.

Entre sus 23 y 24 años Mario buscó ayuda y se internó durante tres meses en un centro de salud mental de Santa Cruz. Allí, ocurrió lo inesperado.

Con el tiempo se repuso y regresó a La Paz para abrir lo que hoy en día puede considerarse el gimnasio más antiguo de la hoyada: Stars’s Gym, ubicado sobre la avenida Hermando Siles, entre las calles 16 y 17 de Obrajes.

Fueron seis años sin alcohol ni drogas…

Y de pronto, cuando parecía que todo iba de maravilla y que el problema había sido superado…

Mario: El 89′ más o menos, estando yo en Lima, entrenando full, viene a pasarme lo que se llama la recaída. Después de seis años de no consumir absolutamente nada me viene la recaída.

Lo mío fue una caída en Lima si quieres. Después llegué a La Paz, me acuerdo fui a un año nuevo, comencé a tomar otra vez y comenzó lo que siempre se dice: «Yo controlo, yo puedo volver a tomar». Por eso hermano no me la cuenta nadie. Se vuelve un tormento de dos años…, dos años de recaída…., ¡peor! Así era una bola de nieve que bajaba y bajaba y no había cuándo pare.

Sergio: Y en uno de esos momentos, cuando todo parecía perdido, llegó lo que Mario llama “un chispaso”, algo así como una epifanía que le permitiría salir del hoyo en el que se encontraba para no volver más, hasta el día de hoy.

Mario:  De un día para otro llego un día y ya escuchaba yo en mi cuarto que mi padre iba a venir caminando a hablarme, a reflexionarme, ¡yo ya estaba hasta aquí!

Y…, entró mi papá, y yo lo insulté.

Le dije: «¡me irritas, ya no quiero saber de vos!». Y vi una mirada de mi padre, tan perdida, tan abandonada de la vida. Tan desilusionado. No sé, no sé qué puedo decirte. Y ese día «tic», dejé de consumir, hasta ahora que son más de 30 años.

Me he dedicado desde ese momento a trabajar mi vida, terapias, psicólogos, búsqueda de qué me había pasado a mí.

He hurgado harto, he ido bien adentro. Aprendí a dejar de echar la culpa a las cosas que me pasa y a recibir con amor, con honor, con una venia la vida, las cosas que han pasado. Ahí empecé mi proceso, un poco lo que tú me decías: «¿Por qué te has vuelto terapeuta?». Todo eso me llevó a un proceso de poder, a partir de eso formarme y entender qué me había pasado.

Porque básicamente la adicción no es el problema, el problema es la emoción. Entonces, ¿las emociones que son? Es el enojo, el rencor, la ira, la envidia. ¿Y qué te trae eso? Te trae ansiedad, depresión, vivir inestablemente. Entonces si no manejamos eso primero no vamos a poder manejar la adicción.

Yo les digo a los chicos con los que trabajo que ahoirta estoy en pañales en drogas, no les voy a hablar de drogas, ellos me van a dar cátedra. Pero sí puedo decirles cómo dejar de consumir a través de la sanación de las emociones. No es la adicción, es la emoción.

Es fabulosa la vida Sergio. Es bella, hermosa la vida. Y yo quería morirme, yo quería suicidarme… Es bella.

Sergio: Mario se preparó para ayudar a otras personas con problemas similares a los suyos. Él da lo que tiene para dar y dice que su trabajo no reemplaza el de un psicólogo o el de un psiquiatra, sino que es un aporte más para apoyar a gente que atraviesa por momentos difíciles.

Ya casi al concluir la entrevista le pregunté cuál sería su recomendación para los jóvenes.

Mario: Yo tenía terror con mis hijos, pero no puedes quitarles que ellos experimenten su vida propia, sería muy injusto.

Creo que lo que no tenemos que hacer es lo que a veces decismo: Si el papá no tuvo dinero y ahora tiene le da todo a sus hijos. Si ha tenido todo entonces le quita. Entonces, si yo he sido un reventado, el otro que no se reviente. Puta no jodas, hay que ayudarlo. Y para ayudarlo bien uno necesita conocerse bien. Yo lo que más recomendaría a los chicos es que comparen las cosas que a veces la sociedad critíca con lo que ellos creen que es bueno y viceversa. Que hagan comparaciones y estudios, que puedan leer. Yo me quedo admirado del bueno uso que hacen de las redes sociales los jóvenes. Pero sobre todo eso, poder ver, comparar, no quedarse solamente con lo que te han dicho que no está bien. Y que ellos también puedan respetar los consejos, por más que sea un sermón, tómenlo. A mí me han sermoneado, me he cansado del sermón pero ahora digo «del carajo». Entonces ahora cuando alguien me reflexiona escucho y tomo lo que me sirve, ¿para qué voy a renegar?

A mí me ha servido mucho escuchar, como adolescente y joven, a la gente mayor, a la de la guardia vieja.

Sergio: Este fue un podcast de La Nube. Síguenos en Instagram como @todosnube y en nuestras otras redes sociales para más historias que buscan cambiar el mundo, o al menos hacerlo un poco más ameno.

Nos vemos en la próxima.

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