Una historia de abejas: por qué cuidarlas de su extinción

Fotografía: Madeleyne Aguilar

En el jardín trasero de su casa en el pueblo de Emporia, Kansas, Patty Delmott instaló una caja colmena. El clima cálido y la dedicación que ella empeña, lograron que cientos de abejas escogieran habitar allí . Y como recompensa, ella obtiene miel. 

Delmott trabaja como administrativa en la universidad del pueblo. Sin embargo, ella voluntariamente decidió diversificar sus actividades y compró esa colmena artificial hace varios años. “No es un trabajo tan fácil como simplemente comprar la caja, se necesita una reina”, explica mientras verifica entre cientos de abejas que su reina está bien. 

Para recoger la miel generada en la colmena, ella debe usar un traje protector.  Esas abejas, a diferencia de las nativas bolivianas, sí tienen aguijón.

Delmott decidió sumar esta actividad a su rutina porque está consciente de lo que significan estos seres. Tener abejas en un lugar significa tener flores, vegetación y vida. Por esas razones, sus vecinos no se molestan por su actividad. Además, en este pueblo rural estadounidense hay suficiente espacio para realizar apicultura sin riesgo.

Así como las abejas son de interés para Delmott, lo son para otras personas alrededor del mundo. Son un tema de tendencia en las redes sociales. Por ejemplo en Instagram más de siete millones de personas publican sobre el tema. En Facebook, ocasionalmente se pueden ver campañas para protegerlas. Para este propósito, en Bolivia, particularmente en Santa Cruz, se optó por el modo natural: sin controladores químicos.

“Nosotros no utilizamos controles químicos en la sanidad de las abejas, no estamos en esa línea. Dejamos que ellas hagan sus procesos naturales para combatir sus plagas. Recurrimos a aspectos más naturales. Así las abejas pueden tener diversidad genética. Nuestras técnicas conducen a su bienestar”, dice Nilo Padilla, presidente de la Asociación Departamental de Apicultores de Santa Cruz (Adapicruz).

¿Cuáles son las amenazas para las abejas? 

Son tres: agrotóxicos, la pérdida de diversidad genética por el manejo de los apicultores y la pérdida de hábitat. Esta situación es lo que llevó a varios países a declararlas en peligro de extinción. Uno de ellos fue Estados Unidos, en 2017.

En Bolivia las abejas todavía no fueron declaradas en peligro de extinción. Sin embargo, en junio de este año, se reportó la pérdida de más de 300 colmenas en Río Grande, Santa Cruz. Allí murieron 27 millones de abejas.

Limpieza de las cajas de las colmenas afectadas

Foto: Jaime Vargas (Guardiana).

Ante ese hecho,personal del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, zootecnistas, agrónomos, y entomólogos (personal que estudia a los insectos) visitaron el lugar para estudiar el caso.  La causa de su muerte aparentemente fue un envenenamiento por químicos utilizados en la fumigación de campos de trigo y maíz del lugar.

El apicultor Nilo Padilla reportó a los medios que él había escuchado el ruido de una avioneta que fumigaba cultivos de maíz a 4,8 kilómetros de su apiario. Horas más tarde, las abejas se mostraron alteradas, estaban a punto de morir. Similar situación sucedió a otros apicultores. Cada una de esas colmenas representa una pérdida de aproximadamente 500 dólares.

El Gobierno anunció que apoyará a los afectados en este caso. Es una solución de emergencia, pero la que propone Adapicruz es más profunda. Ya que los productores también usan controladores químicos para otros males que afectan a las abejas. Por ejemplo: el parásito varroa. 

La varroa es una enfermedad que ataca indistintamente tanto a las abejas adultas como a las crías. Es un ácaro que parece una diminuta garrapata. Se adhiere al cuerpo de las abejas causándoles heridas. Consume sus reservas grasas y las de las crías, debilitando a las colmenas.  En el mundo se ha estudiado cómo eliminarlas. Por eso se producen los controladores químicos. Sin embargo, en Bolivia, se cree que ellas pueden defenderse solas.

“Hemos estudiado a las abejas por décadas. Personalmente lo hago desde hace 20 años. Nos llevó cinco años lograr que las abejas estén en armonía con sus plagas, pero en 15 años no podemos cambiar la mentalidad del productor. Ellas no necesitan controladores químicos. Por eso para los vendedores no es difícil vender un veneno, esa idea ya está metida en la mentalidad del productor”, comenta Padilla.

Este experimentado apicultor señala que las abejas han estado en el planeta Tierra  por más de 100 millones de años.

“Estuvieron aquí antes que los dinosaurios. Tiene una gran trayectoria y han adquirido una amplia diversidad genética. Han desarrollado la capacidad de enfrentar los problemas que se les han presentado”.

Nilo Padilla, Adapicruz

Por eso, en ese departamento, cuando las abejas presentan algún mal, como el parásito de la varroa, el apicultor no interviene. Permite que ellas desarrollen sus propias defensas. Eventualmente lo hace y así se conserva su diversidad genética. En cambio, cuando se usan los controladores químicos, éstos no sólo afectan al parásito, sino también a las abejas. Se debilitan.

El “modo natural” por el que optan los apicultores de Santa Cruz no es común en el mundo. Padilla señala como ejemplo a Argentina. Allí es obligatorio usar controladores químicos si las abejas presentan parásitos.

Los controladores químicos no son el único mal que amenazan a las abejas. El avance de la frontera agrícola deriva en la pérdida de su hábitat. Consecuentemente, las abejas no tienen alimento y mueren.

Se supo de la pérdida de los cientos de colmenas en Río Grande porque eran propiedad de apicultores, pero hay abejas en los bosques que también están siendo afectadas por los químicos para cultivos o simplemente por la pérdida de su hábitat. También mueren.

Ellas también son importantes para tener agua

“Las abejas son importantes porque garantizan la función ambiental de la polinización. Y ese es el factor que garantiza la regeneración de los bosques”, enfatiza el biólogo Alan Lisperguer.

Destaca que en Bolivia todavía hay una buena cantidad de abejas, también de especies nativas en los bosques. Sin embargo, las grandes amenazas son el cambio del uso de suelo y los chaqueos, además de los químicos.

Este biólogo también es el director de Cuencas en el Viceministerio de Recursos Hídricos. Explica que su trabajo está relacionado con las abejas porque ellas son polinizadoras, así que garantizan que haya bosques y lugares donde nace el agua.

De hecho, el viceministerio actualmente impulsa un programa denominado “Sembrando agua, cosechando vida” que se llevará a cabo en cinco departamentos. En él se incluyó un impulso para la apicultura. Proveerán cajas colmena a las familias para que diversifiquen su actividad económica, al  mismo tiempo que incrementarán la población de abejas. 

“El programa también tiene el objetivo de generar empleo, además de garantizar la preservación de bosques y vida”, señala Lisperguer. Así, Bolivia se une a la causa de salvar a las abejas. 

Mientras tanto, en países como Estados Unidos, más personas optan por la apicultura como actividad económica. Patty Delmott, mientras tanto, transmite sus conocimientos y provee una abeja reina a su hijo Skyler, quien probablemente en el futuro también deje esta herencia a sus hijos.

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