Un análisis satelital de 326 municipios revela que el Altiplano central acumula los déficits más severos del país, con reducciones de hasta el 51% respecto al promedio histórico. El escenario se agrava ante la probabilidad de un evento El Niño en el segundo semestre.
Análisis del Ing. Agr. Luis Fernando Sánchez Carvajal.
Qué dicen los datos
Entre enero y abril de 2026, Bolivia registró condiciones de déficit hídrico en la mayor parte de su territorio. Un análisis de anomalías de precipitación elaborado por el ingeniero agrónomo Luis Fernando Sánchez Carvajal, con datos satelitales CHIRPS v2.0 y la climatología de referencia WorldClim 2.1 (1970–2000), evaluó los 326 municipios del país y encontró que 235 de ellos —el 72,1%— presentaron algún grado de déficit de lluvia en ese periodo.
De ese total, 28 municipios registraron déficit severo, con anomalías iguales o inferiores al -40% respecto al promedio histórico. Otros 119 municipios presentaron déficit moderado (entre -40% y -20%), y 88 más registraron déficit leve. Solo 91 municipios —principalmente en la Amazonía boliviana y el Chaco— tuvieron condiciones normales o por encima del promedio.
| Categoría | Municipios | Porcentaje |
|---|---|---|
| Déficit severo (≤ -40%) | 28 | 8,6% |
| Déficit moderado (-40 a -20%) | 119 | 36,5% |
| Déficit leve (-20 a 0%) | 88 | 27,0% |
| Normal (0 a 20%) | 31 | 9,5% |
| Húmedo (> 20%) | 60 | 18,4% |
Los municipios más golpeados: Oruro y La Paz
Los déficits más extremos se concentraron en el Altiplano central. Machacamarca (Oruro) y Taraco (La Paz) encabezaron el ranking con una anomalía de -51,5%, seguidos por los municipios de Oruro (-49,5%), Paria (-48,8%) y Tiahuanaco (-48,5%). De los 28 municipios con déficit severo, 24 se ubican en los departamentos de La Paz y Oruro.
El patrón no es casual. El Altiplano depende casi exclusivamente de las precipitaciones estivales para recargar sus reservas hídricas, con escasa capacidad de almacenamiento superficial. Reducciones relativamente pequeñas en la lluvia acumulada pueden traducirse en impactos desproporcionados sobre la disponibilidad de agua para consumo humano, riego y producción agropecuaria.

Riesgo para la producción agrícola
Las regiones más afectadas son también las que concentran la producción de cultivos estratégicos del país: quinua, papa, cebada, trigo y maíz. La reducción de precipitación durante el periodo previo a la siembra limita la humedad disponible en el suelo, afecta la germinación y reduce el potencial productivo de sistemas agrícolas que dependen del agua de lluvia y tienen limitada infraestructura de riego.
En los valles interandinos de Cochabamba y Potosí —también con déficits relevantes— la situación compromete cultivos como papa, maíz y trigo en etapas críticas de su desarrollo fenológico.
El Niño como factor de riesgo adicional
El análisis no establece una relación causal directa entre las anomalías observadas y el fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS). Sin embargo, organismos climáticos internacionales, entre ellos la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), han señalado una probabilidad creciente de que se desarrollen condiciones cálidas del ENOS durante el segundo semestre de 2026.
Históricamente, los eventos El Niño se asocian con reducciones de precipitación en el Altiplano boliviano y las regiones andinas tropicales, incrementando el riesgo de sequías prolongadas. En ese escenario, el déficit hídrico ya acumulado entre enero y abril actuaría como una condición previa de vulnerabilidad que amplificaría los impactos sobre la producción agropecuaria y la disponibilidad de recursos hídricos.

Lo que el análisis no cubre
El estudio tiene limitaciones reconocidas por su propio autor. La climatología de referencia utilizada (1970–2000) puede diferir de las condiciones climáticas actuales por efecto del cambio climático. Además, el análisis mide exclusivamente anomalías de precipitación: no incorpora variables como evapotranspiración, humedad del suelo o índices de vegetación (NDVI), que permitirían una evaluación más completa del déficit hídrico agrícola e hidrológico.
Los resultados deben leerse, entonces, como una señal de alerta sobre la distribución espacial de la lluvia —no como una evaluación directa de sequía.
Metodología
El análisis comparó datos satelitales CHIRPS v2.0 (resolución aproximada de 5 km) con la climatología WorldClim 2.1 para el mismo periodo estacional. Las anomalías se calcularon como la diferencia porcentual entre la precipitación observada en 2026 y el promedio histórico de referencia, aplicando estadística zonal sobre los límites municipales oficiales de Bolivia.
Análisis: Ing. Agr. Luis Fernando Sánchez Carvajal. La Paz, mayo de 2026.
Para acceder al análisis completo, ingresa a este enlace: https://drive.google.com/file/d/1oSTFLufGvOcwRr56XP-D03W1DJ9jJge3/view?usp=drive_link


