Foto de portada extraída de ABI
En los últimos meses resurgió el debate sobre la aprobación de nuevos eventos transgénicos que eleven la producción agrícola, principalmente en tierras cruceñas, y aumeten el flujo de dólares para una maltrecha economía. El sector agroindustrial puja ante el nuevo gobierno para alcanzar este propósito; pero a la vez surgen alertas para no dejar de lado un aspecto central: la coexistencia de la agricultura con los bosques.
Entre distintos actores que practican y estudian la agricultura existe consenso de que sin bosques no existe sostenibilidad en la producción agrícola. Pero los constantes incendios forestales y tasas de deforestación que ubican a Bolivia entre los líderes mundiales en pérdida de cobertura boscosa dan señales preocupantes. Más aún cuando el foco del debate sobre la productividad parece centrarse exclusivamente en la adopción de transgénicos para combatir plagas y eventos climáticos adversos.
“Las estrategias de superación de los problemas de tipo estructural requieren medidas y acciones que vayan más allá de la simple exigencia de legalización y adopción de nuevos cultivos transgénicos”, señala la Fundación TIERRA en su más reciente publicación titulada Maíz Transgénico en Santa Cruz, Evidencias y Futuro del Agro Cruceño. “La coexistencia de agricultura y bosques reduce e incluso podría llegar a revertir los procesos de desertificación y pérdida de fertilidad de los suelos”.
Desde la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO), uno de los gremios que pide la aprobación de nuevos eventos de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) aseguran estar conscientes de esta realidad. “Estamos convencidos de la imporancia de realizar una producción sostenible, entendiendo al suelo como nuestro único instrumento de trabajo y la herencia para las futuras generaciones”, respondió la organización a un cuestionario que envió La Nube.
Sin embargo, consideran que la adopción de OGM y paquetes tecnológicos que permitan a los cultivos resistir plagas y sequías es esencial para mantener una “agricultura sostenible”. No existiría contradicción entre la preservación de bosques y la implementación de transgénicos.

En el estudio de TIERRA se encontró que el 83% del maíz que se produce en Santa Cruz ya es genéticamente modificado, pese a las prohibiciones legales para el uso de estas semillas en Bolivia, país en el que sólo se autorizó el uso de transgénicos en soya.
El documento señala que la adopción de maíz transgénico no dió los resultados esperados, pues el rendimiento sólo se elevó en 17%, cuando los promotores de los OGM hablaban de una potencial mejora de 85%.
Para TIERRA esto demuestra que aún si se legalizara el maíz transgénico en Bolivia los beneficios serían marginales o nulos. Pero ANAPO sostiene que la productividad aumentaría con una legalización que permita el uso de semillas certificadas y de buena calidad (y no así las que entran de contrabando), más los paquetes tecnológicos completos que éstas requieren. Aún así, con semillas importadas de contrabando en medio de la ilegalidad, se evitó que la producción de maíz caiga, asegura la organización.
Pero estos paquetes tecnológicos incluyen agrotóxicos que pueden ser bastante dañinos para la salud de la población y el medioambiente, dice TIERRA. Asimismo, la expansión de la agricultura extensiva, con la consiguiente deforestación y desertificación de los suelos, no es sostenible y generará mayores presiones climáticas y de plagas. Así se continúa un círculo vicioso que demanda más tierras y más químicos, añade la fundación.
Ante ello, TIERRA enlista recomendaciones para evitar la degradación de los suelos y mantener una agricultura sostenible:
1) Un plan de gestión y uso sostenible de los suelos que incluya la rotación con cultivos que restauren los nutrientes de la tierra.
2) Adoptar un modelo de coexistencia entre la agricultura y los bosques. Fomentar la restauración de las cortinas rompeviento y corredores biológicos. El cumplimiento de obligaciones ambientales incluso puede estar ligado a ventajas como acceso créditos.
3) Adaptarse a las alteraciones del calendario agrícola.
4) Aplicar medidas de mitigación ante sequías.
5) Apoyar a los pequeños productores con insumos, capacitación, y otros mecanismos para no dejarlos expuestos únicamente al discurso de la adopción de transgénicos y agrotóxicos.
6) Impulsar la investigación técnica e independiente en materia de agricultura.
ANAPO dice que su sector ya aplica acciones de sostenibilidad como la rotación de cultivos de soya con sorgo, maíz, trigo, girasol y chía. “Nuestro sector productivo promueve una agricultura sostenible con prácticas agrícolas que preservan la fertilidad de los suelos y el medioambiente, como la siembra directa, la rotación de cultivos, la nutrición de suelos, el uso de cultivos de servicio, de bioinsumos y otros”.
El presidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Bolivia (CIAB), Marcelo Alarcón, coincide en que sin bosques no hay agricultura, pues los primeros proporcionan servicios estenciales como provisión de agua, controladores de plagas, polinizadores, protección contra el viento, preservación de la humedad del suelo, entre otros.
“La convivencia entre agricultura y bosque no es negociable, es fundamental para la sostenibilidad del sector agropecuario”, dice Alarcón.
Para él, la adopción de nuevos transgénicos no es contraria a la preservación de los bosques, sino que puede ser complementaria.
En el estudio de TIERRA se encontró libre circulación de semillas de maíz transgénico de las marcas Dekalb (parte de Bayers tras la compra de Monsanto), Biomatrix (parte de Syngenta con base en Brasil), Brevant (parte de Corteva Agriscience en Brasil), así como FertiSeed y Semeali, también de origen brasileño. Los principales países de origen de estas semillas son Brasil, Argentina y Paraguay.
Desde el Gobierno, al menos en el discurso, se apuesta también por el cuidado de los bosques, pensando en ellos como fuentes de economía. “Está absolutamente demostrado que un bosque que genera economía es un bosque que tiene la posibilidad de permanecer de pie indefinidamente en el tiempo”, manifestó el viceministro de Medio Ambiente, Jorge Ávila, durante el II Foro Soluciones desde el Bosque, que se realizó el Santa Cruz el pasado jueves.
Para la Fundación TIERRA, la agricultura en Santa Cruz se muestra lejos de la sostenibilidad y “parece haber alcanzado su techo productivo”, por lo que se demandan más tierras y uso de transgénicos sin reducir la sobreexplotación de suelos frágiles y la pérdida de fertilidad por incumplimiento de medidas de protección agroambiental.
ANAPO afirma que “de ninguna manera” se alcanzó el techo productivo en Santa Cruz, pues aún hay mucha tierra por cultivar y la adopción de transgénicos podría elevar la producción.
Cuando el uso de OGM se expande es muy difícil, sino imposible, resistirse a ellos. Los agroquímicos que se usan con estos transgénicos alcanzan los cultivos vecinos, y si éstos no son resistentes se dañan. Por ello, los agricultores que aún siembran maíz tradicional, al ser impactados por los químicos de los paquetes de semillas genéticamente modificadas, se ven forzados a recurrir a esta misma tecnología, dijo el investigador de TIERRA, José Luis Eyzaguirre.
Ciertamente, la pérdida de bosques está ligada a la expansión de monocultivos y la agroindustria. Los efectos son evidentes: el país pierde cada hora en bosques lo equivalente a 41 canchas de fútbol, la temperatura en Santa Cruz se elevó por encima del promedio mundial en los últimos 40 años, y en este departamento llueve un 27% menos que hace cuatro décadas. Por ello, es importante generar debate sobre el camino que sigue la agricultura extensiva y cómo se puede generar desarrollo respetando el medioambiente, apuntó el director de TIERRA, Juan Pablo Chumacero.


