Con información de Sumando Voces
En las comunidades de Tunquini y Santa Catalina, en Coroico de La Paz, el agua limpia no es solo un recurso: es parte de la vida cotidiana y del futuro que sus habitantes intentan resguardar. Rodeados de vegetación y biodiversidad, los comunarios observan con preocupación lo que ocurre más abajo, donde la actividad minera ya ha dejado señales visibles de contaminación.
“El río ya no es puro más abajo, viene contaminado desde Cotapata”, relata Elvira Llusco Condori, al explicar por qué han decidido impedir el ingreso de proyectos extractivos en su territorio. Para ellos, mantener sus fuentes de agua en buen estado es una prioridad que no están dispuestos a negociar.
De acuerdo con la dirigente, una concesión minera otorgada hace más de diez años busca reactivarse, lo que ha generado preocupación y conflictos. En algunos casos, comunarios se enfrentaron a personas que intentaron ingresar a la zona. “No los dejamos pasar. Hubo problemas, pero estamos firmes: no queremos minería”, afirma.
La organización comunal se ha fortalecido a partir de estas experiencias. Hoy existe un mayor control en los accesos y una vigilancia constante. “Ahora hay que pedir permiso para entrar, porque ya hemos tenido intentos de incursión”, explica Llusco, evidenciando un cambio en la forma de resguardar el territorio.
A estas tensiones se suman otros factores que afectan el entorno. Los pobladores denuncian la presencia de residuos en los ríos provenientes de actividades cercanas, así como asentamientos no regulados. Según indican, la respuesta de las autoridades ha sido limitada frente a estas problemáticas.
Pese a ese contexto, las comunidades buscan alternativas sostenibles. En lugar de actividades extractivas, han optado por impulsar el turismo comunitario y la producción ecológica. Algunas familias cultivan café orgánico y otras se dedican a guiar a visitantes interesados en la riqueza natural del lugar.
El paisaje —marcado por cascadas, flora diversa y aves emblemáticas— comienza a atraer a quienes buscan experiencias en contacto con la naturaleza. “Vienen a observar aves, a sacar fotos. Nosotros somos guías locales, nos hemos capacitado”, comenta la dirigente.
Los planes a futuro incluyen la recuperación de una estación biológica abandonada, con la intención de convertirla en un espacio que combine investigación, turismo y beneficios para toda la comunidad.
No obstante, también existen desafíos internos. Llusco reconoce que hay posturas distintas entre los comunarios respecto a la minería, lo que dificulta una posición completamente unificada. Aun así, asegura que prevalece el interés por proteger el entorno.
“Aquí tenemos todo: clima agradable, naturaleza, agua limpia. Es un paraíso escondido”, señala. Y concluye con una advertencia que comparten muchos en la zona: “No queremos que pase lo mismo que más abajo. Aquí todavía estamos a tiempo”.


