Primero deseo aclarar que este artículo no va en son de reclamo. Más bien, todo lo contrario: lo que busco es poner de manifiesto la realidad de nuestra querida La Paz y la enorme pérdida de oportunidad que estamos dejando pasar frente a nuestros ojos.
Este mes celebramos un nuevo aniversario de la gesta libertaria de La Paz, que este 2025 conmemora 216 años de historia, además de encontrarnos en el histórico año del Bicentenario. Ha sido —o debería haber sido— un momento propicio para reflexionar sobre lo que hemos logrado como ciudad y, al mismo tiempo, sobre todo lo que aún queda por construir.
Sin embargo, para el sector turismo, este año tampoco hubo mucho que celebrar. En el ámbito municipal hemos experimentado un proceso de debilitamiento institucional progresivo: pasamos de ser una unidad desconcentrada con capacidad de gestión, a formar parte de la Secretaría de Culturas y Turismo, y hoy nos encontramos bajo la Secretaría de Actividades Económicas, Promoción de Inversiones y Turismo, como una unidad que, en términos simples, carece del capital humano necesario y de los recursos básicos para trabajar en áreas fundamentales como la promoción turística.
Si bien nuestro Secretario actual tiene las mejores intenciones de trabajo y coordinación, es evidente que solo con intenciones no se logran resultados sostenibles. Para que La Paz vuelva a consolidarse como un destino competitivo, precisamos con urgencia un plan concreto, con metas claras y alcanzables, que rectifique el rumbo y ponga en valor el enorme potencial turístico de nuestro municipio.
Hoy por hoy, la gestión municipal parece reducir la promoción turística casi exclusivamente a las entradas folklóricas como único medio de mostrar nuestra identidad. Si bien estas expresiones culturales son valiosas y forman parte esencial de nuestra riqueza patrimonial, no representan por sí solas el motor que mueve la economía formal ni generan la inversión privada de largo plazo que La Paz necesita. El turismo demanda estrategias integrales, diversificación de productos, profesionalización del sector y campañas de promoción permanentes.
Por otra parte, preocupa la inexistencia de una agenda turística municipal sólida que defina prioridades, planifique acciones y articule a todos los actores públicos, privados y académicos en torno a objetivos comunes. La iniciativa muchas veces surge de esfuerzos aislados, sin respaldo institucional ni continuidad, lo que desincentiva la inversión y nos resta competitividad frente a otros destinos del país y de la región.
A ello se suma la demora de más de dos años en la aprobación de la Ley Municipal de Turismo, un instrumento que podría contribuir a otorgar certidumbre. Su aprobación permitiría establecer políticas estables en el tiempo, reducir la maniobra política y dar un marco normativo que promueva la inversión, la promoción y la sostenibilidad.
El sector turístico en su conjunto necesita condiciones adecuadas para invertir, trabajar y desarrollarse, con la seguridad de que no será relegado ni puesto en la cola de prioridades municipales. La Paz tiene todo lo necesario para ser un destino líder: una riqueza cultural incomparable, paisajes urbanos y naturales únicos y una gastronomía reconocida internacionalmente. Lo único que hace falta es voluntad política sostenida, recursos adecuados y una visión estratégica compartida.
Que este aniversario —y este año del Bicentenario— sean aún la oportunidad de repensar la importancia del turismo y de empezar a construir, de una vez por todas, la La Paz turística que merecemos.



