Las favoritas de la literatura boliviana feminista

Días atrás me preguntaba, ¿qué sería de la historia si no estuviera escrita por el alma de una mujer? Las respuestas emergieron prontas desde un mar plagado de aciertos y desaciertos, que, finalmente, terminaron por encandilar aquella idea unísona de que la batalla de una mujer ante el mundo, se resuelve en la hoja.

Leer implica convertirse en el confidente de quien escribe, en sus rastros y en el eslabón restante de una cadena que no espera limitarse. Personalmente, la lectura me ha permitido crear mundos, hilar historias, conocer realidades y encontrarme con los filamentos más íntimos de mi ser; y es a causa de ello y del bagaje literario delante mío, que, entre un sinfín de argumentos, me he dado el lujo de escoger a mis compañeros de sueño y de insomnio. Esta vez quiero hablar de ellas, de quienes traen consigo fuego en la vértebra de las letras y que a través de su narrativa han constituido un espacio de participación y emancipación para la mujer.

Son varias las autoras en distintos géneros y técnicas literarias, que, desde diferentes roles y contextos, nos brindan la oportunidad de entender, y, sobre todo, de comprender la voz femenina y el discurso instaurado desde el cuerpo. Indudablemente, la lista es larga, por eso únicamente me enfoco en algunas de las autoras más reconocidas a nivel nacional, que han roto las fronteras impuestas por la geografía, y son consideradas parte de una ola feminista en constante transformación. Estas mujeres corresponden a distintas generaciones, pero las une la desobediencia.

Una de las precursoras del feminismo desde las letras, cuyo valor trasciende en el tiempo, fue la poeta y escritora Adela Zamudio. Criticada por una sociedad conservadora y por la élite clasista y ultrareligiosa, encendió la vena al cuestionar el orden social establecido, alentando desde la narrativa y la poesía, a una educación laica, al matrimonio civil y al derecho al divorcio. Una de sus obras cumbre y la única novela que escribió, recibe el nombre de “Intimas”, ambientada en la época de la colonia y en la que se retrata el papel de la mujer ante la reprobación de la opinión pública.

Otra de las mujeres que enarboló el derecho a la libertad y que en su tiempo gozó de una bohemia ligada a la clase privilegiada, fue María Virginia Estenssoro, escritora, periodista y profesora, cuya vida y obra se enfrentaron a aquellos roles designados tradicionalmente a la mujer, dentro de la paradoja de una sociedad a luces de la modernidad. Sus textos hablan sobre la autonomía de la mujer ante sus emociones, decisiones y cuerpo; lo que le valió el repudio de las clases. Los libros de cuentos “El occiso” y “Memorias de Villa Rosa” plasman la situación de la mujer a nivel social, pero, además, hacen hincapié en las problemáticas plurales y colectivas del país.

Si se trata de reconstruir la realidad desde el humor fino e irónico, la escritora, poeta y periodista Laura Villanueva, más conocida como Hilda Mundy, fue quien lanzó sobre la mesa las cartas con las que confrontó desde una postura antimilitarista al gobierno de Tejada Sorzano, caracterizado por una demagogia irresponsable. Como pionera del movimiento ultraísta en Bolivia y símbolo de la vanguardia latinoamericana, retrató las desigualdades sociales, los infortunios de la Guerra del Chaco, la transformación de las ciudades y el rol impuesto a la mujer desde una sociedad coercitiva. Leer su libro “Pirotecnia” es como encender la chispa que delata al fuego y que es imposible no disfrutarlo.

Es cierto que las anteriores autoras propiciaron escenarios de reivindicación y lucha dentro de un contexto circunscrito por la guerra, pero la vena abierta que dejaron ha sido fuente de ensoñación para una nueva literatura femenina y feminista. Giovanna Rivero, novelista y cuentista, es actualmente una de las escritoras más exitosas de ficción contemporánea de Bolivia. Su pasión y dedicación por la escritura le han permitido ganar premios a nivel nacional como internacional, llevando su obra a una palestra mucho más alta entre importantes literatos del contexto actual. Su narrativa radica en el regreso del cuerpo, del deseo y de la sexualidad, desde temas como el pluralismo de la humanidad, la migración del espíritu y la batalla constante a través de la óptica femenina. “98 segundos sin sombra” y “Tierra fresca de su tumba” son dos de sus obras axiales, que recurriendo al concepto gótico penetran por los callejones de la cotidianidad.

Otra representante de la literatura actual es la periodista, escritora y académica Magela Baudoin, cuyo libro de cuentos “La composición de la sal”,ganó el Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. El recuerdo y los pasajes de lo cotidiano son evocados en sus obras, que tienen de principio a fin el objetivo de inquietar al lector, por eso es que, para ella, la literatura cobra sentido cuando involucra al otro en su universo, en su juego. Junto a Giovanna Rivero dio vida a la colección editorial Mantis, dedicada a descubrir, destacar y difundir la literatura escrita por mujeres.

Finalmente, no podría no hablar de Liliana Colanzi, escritora, editora, periodista, académica y fundadora de Dum Dum Editora, que ha sido galardonada entre los 39 escritores latinoamericanos menores de 40 años más prometedores.  No cree en la literatura como espacio de activismo, pero sí como medio de escucha. Su narrativa explora el género fantástico y el de la ciencia ficción como vehículo a través del cual es posible cuestionar la temporalidad humana. Uno de los libros que tuvo el privilegio de editar se titula “La desobediencia”, en él se resuelve a partir de ensayos las vulnerabilidades, las maternidades, la decisión sobre el cuerpo, las ciudadanías, los lenguajes, los sindicalismos, los manifiestos, las migraciones y hasta el vacío, fundamentos con los que la mujer del pasado, del presente y del futuro, entrelaza las ideas revolucionarias frente a los sistemas patriarcales, para dejar de ser cómplice y víctima a la vez.

En este vasto universo de señuelos y contradicciones, me es fortuito enraizar mis ideas entre el alma y las letras de este grupo de escritoras, que, particularmente, han calado en mí la idea de concebir a la escritura como un espacio de interconexión entre el ser, la tierra, el todo y la nada, lugares que al converger dan vida a una voz enmudecida, que progresivamente grita y arde haciéndose recalcitrante.