La magia del entramado, un tesoro en riesgo de desaparecer

Por Fernanda Soriano

Mientras Alejandra Vaca, de 36 años, se prepara para enseñar en el taller de tejido Martha Cajías, de la que es fundadora, piensa en la importancia del tejido andino. Este trabajo es ahora parte de su vida y aunque imagina que tal vez visto desde afuera no sea algo muy importante, para ella sí lo es y afirma: “Me llena un poco el alma”.

Alejandra es profesora del taller Martha Cajías, que está ubicado en la zona de Sopocachi en la ciudad de La Paz. Ella junto a Carmen Bilbao, artista plástica, son las fundadoras de este taller cuyo objetivo fue desde el principio continuar con la labor de transmisión y resguardo de los tejidos andinos. Fue justamente Martha Cajías la precursora de esta labor hace más de veinte años. Sin embargo, después de su fallecimiento, ese espacio donde se había formado mucha gente, desapareció. Fue entonces que Alejandra y Carmen, acompañadas de otras dos personas interesadas en este milenario arte, sintieron la responsabilidad de darle continuidad y asumieron la dirección del taller.

Claudia Prudencio, alumna del taller Martha Cajías, aprende nuevas técnicas con su tejido. Foto: Fernanda Soriano

Al ver los tejidos colgados en las paredes de su taller, Alejandra no puede imaginar la vida sin éstos. Mientras recuerda con nostalgia la historia de cuatro tejedoras de una comunidad rural llamada Wari, que ahora ya son 20 gracias a un proyecto para revalorizar los tejidos, advierte que es un riesgo que el arte de los tejidos desaparezca. Con esa firmeza de quien siente pasión por lo que hace, dice que si esto sucede “desaparecería parte de nuestra cultura, desaparecen muchos conocimientos que perderíamos”. Preocupada, manifiesta: “Ya se está perdiendo, o sea, la próxima generación ya van a ser así, muy limitadas las personas que sepan tejer”.

Los tejidos tienen algo especial. No solo son una expresión artística. Tejen historias, comunican. Un artículo titulado “Narrar con hilos: la memoria y la narrativa como herramientas de sanación a través del tejido”, hace énfasis en que el tejido era una herramienta para comunicar la memoria en muchas culturas, pues tenía “un carácter metafórico e ilustrativo para plasmar la cotidianidad”. De acuerdo con este texto, se conocen hechos antiguos que incluso se habrían perdido con el tiempo si no fuera por el tejido.

¿Hay una política para preservar los tejidos?

Desde dos instituciones estatales abocadas al trabajo cultural, se afirma que sí hay una política cultural sostenible para preservar y fomentar los tejidos andinos, aunque no es la ideal y carece de otro tipo de apoyo, por ejemplo de las instituciones privadas.

De acuerdo con Ricardo Calla, director del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), Bolivia sí ha tenido una política institucional, al menos en cuanto a su conservación. Asegura que las instituciones del Gobierno se han ocupado de mantener las técnicas ancestrales del tejido andino. Mientras da un paseo por el Musef, recuerda la colección de tejidos que tiene el lugar y, no sólo eso, también otros bienes culturales y materiales de pueblos indígenas. De ahí que destaca el buen estado de conservación de los tejidos que forman parte de la muestra custodiada por el Musef. “Están envueltos en papeles, están envueltos en frisas especiales, están en cajonería especial. Entonces hay mucho cuidado con esta gran colección”, precisa. El detalle de dicha colección también se encuentra en el artículo del Musef La rebelión de los objetos Enfoque Textil”.

Distintas salas con tejidos que posee el Musef, donde puede apreciarse su colección y preservación de los mismos. Foto: Fernanda Soriano

Ramiro Soriano, consejero de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, considera también que sí hay una política porque existe un presupuesto anual bajo el cual funciona el Musef y éste es el que se encarga de llevar adelante los proyectos. Sin embargo, cree que políticas culturales específicas para los textiles y óptimos financiamientos son difíciles de procurar, no sólo para este arte sino, para cualquier otra expresión artística.

Desanimado, Soriano menciona que la cultura no tiene los medios económicos que debería. Como parte de la Fundación Cultural del Banco, comenta que se tiene el presupuesto mínimo que permite la actividad de repositorios que dependen de la fundación, pero “naturalmente, de ninguna manera podría ser eso suficiente como una idea de necesidades que tiene la difusión de la cultura de Bolivia. Sería de desear que pudiera haber un apoyo, no solamente desde el lado estatal, que, sí es importante y es lógico pensar, sino también desde las instituciones privadas”.

Un caso de apoyo estatal: “La tejedora no ha ganado nada y encima ha perdido su tejido”

Desde la otra vereda, Alejandra piensa que el Gobierno no está haciendo lo conveniente para rescatar este arte. Indignada, cuenta que hace unos años el Gobierno lanzó el primer concurso de tejidos, al que postularon varias tejedoras, entre ellas algunas de comunidades rurales, una de ella ganó el concurso y por ende el premio de un tractor, pero el tejido ganador se lo quedó el Ministerio de Cultura. “Ahí la tejedora no ha ganado nada y encima ha perdido su tejido más valioso de toda su familia. Entonces eso no es ningún apoyo”, expresa.

Alejandra, profesora y fundadora del taller Martha Cajías, enseña técnicas de tejido a una alumna en el mismo. Foto: Fernanda Soriano

Considera que en el apoyo estatal tiene que haber un conocimiento, pues se debe considerar que “detrás de toda esta artesanía, hay un arte”. El primer paso debe ser revalorizar y para eso, entender de qué se trata.

En ese mismo sentido, para el presente reportaje se hizo una encuesta por Internet durante la semana del 20 de octubre de 2020, dirigida a las 16 estudiantes de este taller, quienes expresaron opiniones semejantes sobre el papel que el Gobierno desempeña a la hora de hacer algo para rescatar el arte de los tejidos andinos. El 81% tenía absoluta certeza de que el Gobierno no estaba haciendo lo suficiente.

Los tejidos arraigados a la historia

Un tejido andino, de acuerdo con el libro “Arte Textil y Mundo Andino” de Teresa Gisbert, Silvia Arze y Martha Cajías, refleja no solamente el mundo religioso, también el espacio y el lugar donde han sido creados. Hay un paisaje reconocible que identifica el estilo y la escuela. Por ejemplo, en los tejidos de la población paceña de Charazani están presentes el sol y las estrellas, además de los ríos y senderos, así como los animales. Otros pueblos, como el de los Machas no representan en sus tejidos paisajes ni animales, son más bien llenos de símbolos y figuras geométricas.

Actualmente los tejidos se hacen con lana, muchos todavía con lana teñida con colores naturales, aunque cada vez más se han introducido los colores y los materiales sintéticos. En muchos lugares son las máquinas las que han ido robando el espacio de la mano de obra, porque de esta manera se los producen en masa.

A puro pulmón y voluntariado, así se mantiene el taller Martha Cajías

El taller Martha Cajías. Foto: Fernanda Soriano.

El taller Martha Cajías es un lugar amplio e iluminado, con algunos tejidos colgados en las paredes, con todo el material dispuesto para el aprendizaje de técnicas ancestrales de tejido. Alejandra cuenta que en el taller intentan que las estudiantes, al margen de aprender la técnica, valoren los tejidos. “Intentamos siempre invitar a profesoras, expertas de la técnica, por ejemplo una profesora de hilado que viene de El Alto. Viene, se da cuenta que le puede servir como una fuente de ingreso, entonces no sólo ella, sino toda su familia, valora más este conocimiento que se está perdiendo”, menciona Alejandra.

El taller Martha Cajías funciona a “puro pulmón”, comenta Carmen. Según ella, el amor al taller de las personas que la integran hace que todavía siga vigente en su actividad. “Somos voluntarias, ninguna recibe sueldo. Nosotras vivimos así, con un curso financiamos el siguiente y el siguiente y no hay una cosa que se acumule, digamos un patrimonio”, cuenta.

El rescate de tejidos es muy importante, como explica Carmen. Comenta que invitan al taller a personas de comunidades rurales, no solamente para que les enseñen la técnica sino para que “ellas sepan que tienen cosas para transmitir”. “Es verdad que hay toda una cosmovisión que encierra cada tejido, cada región tiene su forma de tejido, es una técnica diferente, pero desde los colores, los dibujos son muy distintos su forma. Eso debería rendirles, rentabilizarles el apoyo, los apoyos distintos que deberían tener”, explica.

De acuerdo con el artículo Bolivia: el rescate de un arte rescata a un pueblo”, los tejidos existen hace más de 4.000 años y son una forma de lenguaje mediante el cual “cada comunidad dibuja su identidad común y sus diferencias”. Otro artículo titulado Los tejidos ancestrales de Huari, en ojos de National Geographic”, también destaca que es posible conocer la historia de las comunidades a partir de sus tejidos. En el escrito se menciona igualmente que quedan pocas mujeres que se dedican a este arte, específicamente cita el caso de la comunidad de Huari de Oruro.

Laura Salazar, profesora del taller Martha Cajías, al pensar sobre todo lo que significa el tejido, asegura que “la industria está inundando las ciudades con productos manufacturados que son baratos”. Para ella, las pocas iniciativas que existen son de instituciones particulares.

A decir de la investigadora de los textiles andinos y tejedora independiente, Beatriz Oggero, al margen del taller Martha Cajías, hay también otros importantes grupos que intentan rescatar este arte por su cuenta, como Las Awichas o algunos seminarios organizados por la reconocida artista Elvira Espejo, desde el Musef.

Alejandra, mientras recorre el taller ubicado en la calle Muñoz Cornejo de Sopocachi, observa todo el trabajo y esfuerzo que toma mantener viva parte de la cultura boliviana, piensa que así el Gobierno haya tomado acciones para la conservación del tejido andino, éstas lamentablemente no son suficientes. Ella sueña con un Estado y una sociedad que reconozca este arte, que aprecie su identidad cultural y los valores que se transmiten. Entre tanto, vive cada día lo que realmente es amar y querer resguardar este arte. Entiende todo lo que el tejido conlleva y se enorgullece por haber seguido con el proyecto del taller de Martha Cajías.


Este es un reportaje de Fernanda Soriano, estudiante de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana, regional La Paz. Su publicación fue posible gracias a un convenio entre esta casa de estudios superiores y La Nube. El reportaje se realizó entre octubre y noviembre de 2020.

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3 respuestas a «La magia del entramado, un tesoro en riesgo de desaparecer»

Este emprendimiento debiera llenarnos de orgullo a todos como bolivianos y como herederos de la ancestral cultura andina. Excelente articulo.

Trabajo maravilloso el de este taller. Bello homenaje a Martha Cajias, Silvia Arce y Teresa Gisbert, el hacer que el tejido sobreviva a los productos chinos….

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