Desde los antiguos bioindicadores observados por las culturas andinas precolombinas hasta los modelos climáticos de la NOAA, la historia demuestra que prepararse siempre ha sido la mejor defensa frente a los grandes eventos climáticos. Hoy, Bolivia enfrenta esa misma decisión en un planeta más cálido y vulnerable.
Mucho antes de la existencia de satélites meteorológicos, modelos climáticos o centros internacionales de predicción, los pueblos de la costa del Pacífico ya habían aprendido a leer las señales de la naturaleza. Entre los indicadores más importantes se encontraba el Spondylus, un molusco bivalvo de color rojizo y anaranjado que habita en aguas cálidas frente a las costas de Ecuador y Perú. Para diversas culturas precolombinas, incluidas sociedades andinas que posteriormente formarían parte del mundo incaico, el Spondylus estaba asociado a la fertilidad, al agua y a Mama Cocha, la divinidad vinculada a este elemento.
Al tratarse de una especie propia de aguas cálidas, cuando las condiciones oceánicas cambiaban y las aguas más templadas se desplazaban hacia el sur, también lo hacía su distribución. La presencia abundante de estas conchas en zonas donde normalmente no eran frecuentes anunciaba cambios en la temperatura del océano y, con ellos, alteraciones en las lluvias, las cosechas y la disponibilidad de recursos.
En otras palabras, el Spondylus funcionaba como un bioindicador natural de lo que hoy conocemos como el fenómeno de El Niño. Aquellas sociedades comprendían que la observación de la naturaleza podía ofrecer señales tempranas sobre eventos climáticos capaces de transformar la vida de comunidades enteras.


Con el paso de los siglos, gran parte de ese conocimiento se perdió o quedó relegado. Hoy ya no observamos las conchas de Spondylus para anticipar cambios climáticos. En su lugar, contamos con redes de boyas oceánicas, satélites, estaciones meteorológicas y complejos modelos matemáticos que permiten monitorear en tiempo real la interacción entre el océano y la atmósfera. Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo que hace cientos de años: comprender las señales tempranas de la naturaleza para prepararnos antes de que lleguen los impactos.
Y las señales actuales merecen atención.
Este fenómeno, conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), es uno de los principales reguladores del clima global. Durante su fase cálida, conocida como El Niño, las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial aumentan por encima de lo normal, modificando los patrones de circulación atmosférica que influyen en las lluvias, las temperaturas, las tormentas e incluso la actividad de huracanes en distintas regiones del planeta. Su contraparte, La Niña, representa la fase fría del mismo sistema.
«La ciencia es clara: El Niño está a nuestras puertas y llegará en los próximos meses con un 90 % de certeza. El mundo debe tratarlo como la advertencia climática urgente que es. Las condiciones de El Niño echarán más leña al fuego de un mundo en calentamiento. Sus impactos golpearán con aún más fuerza, se propagarán aún más lejos y cruzarán las fronteras con una velocidad devastadora. La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis: poner fin a la adicción a los combustibles fósiles, acelerar la transición hacia las energías renovables, proteger a los más vulnerables y garantizar sistemas de alerta temprana para todos», declaró el secretario general de la ONU, António Guterres, el 2 de junio de 2026.
El 14 de mayo de 2026, el Centro de Predicción Climática de la NOAA emitió una actualización que elevó significativamente la preocupación de la comunidad científica. Aunque las condiciones del Pacífico permanecían oficialmente en estado neutral, las temperaturas subsuperficiales del océano habían aumentado durante seis meses consecutivos y los modelos climáticos mostraban una clara tendencia hacia el desarrollo de El Niño.
Las proyecciones más recientes sugieren que el fenómeno podría consolidarse durante la segunda mitad de 2026, reforzando la preocupación de organismos internacionales y especialistas sobre sus posibles impactos en regiones vulnerables como América Latina y Bolivia.

Julio-Agosto: Se prevé que los patrones de precipitación similares a los de El Niño contribuyan a fenómenos meteorológicos extremos más severos. Pronóstico probabilístico de conjunto multimodelos / Emitido en mayo de 2026, OMM (2026).

Según la NOAA, existe una probabilidad del 82% de que El Niño se establezca entre mayo y julio de 2026 y una probabilidad del 96% de que continúe durante el invierno del hemisferio norte 2026-2027. Más importante aún, los modelos muestran un calentamiento sostenido del Pacífico ecuatorial y condiciones oceánicas que recuerdan las etapas tempranas observadas antes de algunos de los eventos más significativos registrados en la historia moderna.
«Debemos prepararnos para un episodio de El Niño potencialmente intenso, que exacerbará la sequía y las lluvias torrenciales, y aumentará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano», afirmó la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo (2 de junio, 2026).
Aunque todavía existe incertidumbre sobre la intensidad máxima que alcanzará el fenómeno, diversos científicos, al igual que la ONU, han comenzado a debatir la posibilidad de que evolucione hacia un evento particularmente fuerte, comparable a los grandes episodios conocidos como los “Super Niños” de otros años. Algunos medios de comunicación han popularizado términos como “Niño Godzilla” para describir este escenario que puede ser más intenso que en episodios anteriores.
La preocupación no radica únicamente en la intensidad potencial del fenómeno. La verdadera preocupación es que, a diferencia de los grandes eventos del pasado, este podría desarrollarse en un planeta que ya es aproximadamente 1,3 °C más cálido que durante la era preindustrial. La Organización Meteorológica Mundial (WMO) advierte que América Latina y el Caribe enfrentan temperaturas récord, sequías persistentes, retroceso acelerado de glaciares, incendios forestales más frecuentes y una creciente presión sobre los sistemas de agua y producción de alimentos.

Para Bolivia, esto significa que incluso un evento de intensidad similar a los observados en décadas anteriores podría generar impactos significativamente mayores, comparables a los registrados durante los denominados “Super Niños” de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. La combinación entre la variabilidad climática natural y el cambio climático antropogénico está modificando las reglas del juego.
Esta realidad resulta especialmente relevante para el país. A diferencia de otras naciones de la región, nuestra economía, nuestra seguridad alimentaria y nuestra disponibilidad de agua dependen en gran medida de sistemas naturales altamente sensibles a las variaciones climáticas. Por ello, entender lo que podría significar un nuevo episodio de El Niño requiere mirar primero hacia nuestra propia historia reciente.
Tres advertencias que Bolivia no debería olvidar
Los eventos El Niño de 1982-1983, 1997-1998 y 2014-2016 constituyen algunos de los mayores desastres climáticos registrados en Bolivia durante las últimas cinco décadas. Aunque sus impactos variaron entre regiones, los tres eventos dejaron una conclusión común: la vulnerabilidad climática boliviana está estrechamente vinculada al agua.
En el Altiplano, las sequías redujeron la disponibilidad hídrica para consumo humano, afectaron la producción de papa, quinua y cebada, y disminuyeron la capacidad de carga de los sistemas ganaderos basados en llamas y alpacas.
En los Valles, la irregularidad de las precipitaciones comprometió la producción agrícola familiar y puso en evidencia la dependencia de sistemas de riego que muchas veces resultan insuficientes frente a períodos prolongados de sequía.
En el Chaco, la combinación de altas temperaturas y déficit hídrico afectó tanto a la producción ganadera como a comunidades que dependen directamente de fuentes locales de agua para su subsistencia.
En la Amazonía y las tierras bajas, los eventos El Niño estuvieron asociados a condiciones más secas, incremento del riesgo de incendios forestales y alteraciones en los ecosistemas que regulan el ciclo hidrológico regional, perdidas en cultivos como cacao y almendra brasilera.
Estos antecedentes muestran que El Niño no afecta a una sola región del país. Afecta a Bolivia de manera diferenciada, pero simultánea.
Un país más vulnerable que hace cincuenta años
Existe una diferencia fundamental entre los eventos del pasado y el escenario actual. En provincias en el altiplano todavía recuerdan el Niño de 1982 cuando no había que comer y comían harina y pito, debido a los escases generada no solo por el Niño sino también por la hiperinflación generada en el periodo conocido como UDP.


Entre 2007 y los años posteriores, los fenómenos de El Niño y La Niña provocaron graves impactos en Bolivia, afectando a 260 municipios con inundaciones, riadas, sequías, heladas y deslizamientos. Más de 80.000 familias perdieron viviendas, cultivos y ganado, especialmente en Beni, mientras que los desastres dejaron al menos 63 fallecidos y evidenciaron la alta vulnerabilidad del país frente a los eventos climáticos extremos.
Otro ejemplo es la sequía de 2014-2016 afectó aproximadamente 200.000 hectáreas de cultivos de oleaginosas y generó pérdidas de cientos de miles de toneladas de producción agrícola, además de impactos significativos sobre la ganadería bovina, la ciudad de La Paz estuvo casi 90 días sin agua.
Hoy Bolivia enfrenta un contexto climático considerablemente más complejo. Los glaciares tropicales continúan retrocediendo, reduciendo una de las principales reservas estratégicas de agua de la región andina. La deforestación avanza sobre ecosistemas fundamentales para la regulación hídrica. Las temperaturas promedio continúan aumentando y la expansión de actividades agropecuarias incrementa la exposición de poblaciones y sistemas productivos frente a fenómenos extremos.
Al mismo tiempo, el crecimiento urbano y la presión sobre las fuentes de agua han incrementado la demanda de recursos hídricos en prácticamente todas las regiones del país. En estas condiciones, incluso un evento El Niño de intensidad moderada podría generar impactos comparables o superiores a los observadas décadas atrás.
La ciencia climática actual es clara en este punto. La Organización Mundial sobre Meteorologia (OMM) advierte que cada incremento adicional de temperatura aumenta la frecuencia e intensidad de eventos extremos. No se trata únicamente de más calor. Se trata de sistemas naturales y sociales que comienzan a operar fuera de los rangos climáticos para los cuales fueron históricamente diseñados.
Prepararse antes de la emergencia
La experiencia boliviana muestra que la respuesta institucional suele concentrarse en la gestión de emergencias una vez que los impactos ya son visibles. Sin embargo, la adaptación al cambio climático exige una lógica distinta.
Prepararse para un posible “El Niño Gotzilla” implica fortalecer los sistemas de monitoreo meteorológico e hidrológico, invertir en infraestructura de almacenamiento de agua, restaurar cuencas degradadas y proteger ecosistemas estratégicos como bosques, humedales y bofedales.
También implica apoyar a agricultores y ganaderos para que incorporen prácticas productivas más resilientes frente a la variabilidad climática, así como fortalecer los sistemas de alerta temprana y la planificación territorial.
La adaptación ya no puede considerarse únicamente una agenda ambiental. Es una agenda de desarrollo, seguridad alimentaria, salud pública y estabilidad económica.
Una decisión que no puede esperar
La discusión sobre un posible “Niño Gotzilla” no debería centrarse exclusivamente en determinar si el próximo evento será más fuerte o más débil que los anteriores. La verdadera pregunta es si Bolivia aprovechará esta advertencia para reducir vulnerabilidades que conocemos desde hace décadas. Los tres grandes eventos El Niño del pasado dejaron lecciones claras. Sabemos cuáles son las regiones más expuestas. Sabemos cuáles son los sectores más vulnerables. Sabemos que el agua será uno de los principales desafíos del siglo XXI.
Lo que aún no sabemos es si tendremos la capacidad política, institucional y social para actuar antes de que la próxima emergencia vuelva a recordarnos aquello que la ciencia lleva años advirtiendo. Porque cuando llegue el próximo “super” o “gran” El Niño, el problema no será únicamente el fenómeno climático. El problema será cuánto tiempo dejamos pasar sin prepararnos para él.
Por ello, más que preguntarnos si el próximo fenómeno recibirá o no el nombre de “Niño Godzilla”, deberíamos preguntarnos qué tan preparado está el país para enfrentarlo. Y para responder esa pregunta resulta indispensable mirar hacia atrás y analizar las lecciones que dejaron los tres grandes Super El Niño que marcaron la historia climática reciente de Bolivia.
Referencias
- “Los spondylus eran una ofrenda muy importante en los ritos incaicos” https://puntoedu.pucp.edu.pe/entrevista/los-spondylus-eran-una-ofrenda-muy-importante-en-los-ritos-incaicos/
- “En busca del Spondylus. Rutas y Simbolismo”, 2001. Disponible en la página web: http://www.scribd.com/doc/13971717/En-Busca-del-Spondylus-Rutas-y-Simbolismo
- “El Niño/Southern Oscillation (Enso)” Diagnostic Discussion Issued By Climate Prediction Center/Ncep/Nws 14 May 2026 ENSO Alert System Status: El Niño Watch https://www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/enso_advisory/ensodisc.shtml
- “Desastres Naturales En Bolivia” https://rcorralesdesastresnaturales.blogspot.com/2008/11/desastres-naturales-en-bolivia.html
- “El agro pierde $us 90 MM por la sequía y las inundaciones” https://reliefweb.int/report/bolivia-plurinational-state/el-agro-pierde-us-90-mm-por-la-sequ-y-las-inundaciones
- “Qué es el “Súper El Niño” que pronostican algunos científicos y qué consecuencias podría tener en el clima del planeta” https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgz4dx1yeno
- “La OMM confirma a un 80% la aparición de El Niño, que provocará fenómenos meteorológicos más extremos” https://news.un.org/es/story/2026/06/1541513
- “UN urges the world to ready for extreme heat risk from El Nino” https://www.reuters.com/business/environment/un-warns-possibly-strong-el-nino-could-push-global-temperatures-higher-2026-06-02/?link_source=ta_first_comment&taid=6a1ecf322ce78c00013ac2c7
- “WMO: State of the Climate in Latin America and the Caribbean 2025” https://library.wmo.int/viewer/69843/download?file=WMO-1395-2026_en.pdf&type=pdf&navigator=1
- “WMO: Prepare for El Niño” https://wmo.int/news/media-centre/wmo-prepare-el-nino?access-token=Y0qE1XztCZT7VZrFwUErPN7veERMVRy3tSP-sw-f_KM



