¡El Milagro de Belém! Herramienta y EsperanzaEl Plan de Acción de Género una hoja de ruta hacia la igualdad y la Justicia Climatica


El Plan de Acción de Género de Belém reconoce la labor de defensoras ambientales, pero la comunidad internacional señala que aún se requieren transformaciones profundas para justicia climática y protección efectiva.

Bajo el radar de los grandes medios que analizan los resultados de la COP30 en Belém, Brasil, pasó casi desapercibido uno de los logros más importantes de esta Conferencia, que resume el trabajo de 24 años y merece ser celebrado: la adopción del Plan de Acción de Género de Belém (PAGB o BGAP, por sus siglas en inglés), una hoja de ruta para los próximos nueve años (2026–2034) dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC).

Este plan marca un avance significativo al reconocer el papel vital de las defensoras ambientales en la protección de los ecosistemas y de las comunidades más vulnerables en un momento crítico para la acción climática global. También consolida la igualdad de género como eje central de la agenda climática, garantizando beneficios tangibles para mujeres y niñas que enfrentan de manera desproporcionada los impactos de la crisis climática.

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Crédito: @8iank4 (Bianka Csenki)

Este PAGB de la CMNUCC es un marco que define actividades en cinco áreas prioritarias—capacitación, participación, coherencia institucional, implementación con perspectiva de género y mecanismos de seguimiento—para asegurar que todas las políticas climáticas integren la igualdad de género, el liderazgo femenino y respuestas inclusivas frente a un cambio climático que no afecta de manera neutral.

El PAGB incorpora elementos clave que abordan salud, violencia contra mujeres y niñas, mecanismos de protección para defensoras ambientales, trabajo de cuidados, empleo decente y transiciones socialmente justas. También reconoce los factores interseccionales que moldean la vida de mujeres con discapacidad, mujeres indígenas, mujeres rurales y de zonas remotas, así como de mujeres y niñas afrodescendientes.

El Plan reconoce específicamente los riesgos que enfrentan las defensoras ambientales y propone medidas concretas como:

  • Espacios seguros y libres de violencia para su participación en negociaciones climáticas.
  • Talleres y capacitaciones para fortalecer liderazgo y visibilidad.
  • Guías de protección y monitoreo frente a amenazas y criminalización.
  • Financiamiento dirigido a mujeres indígenas, rurales y afrodescendientes para garantizar su participación en procesos locales, nacionales e internacionales.

El Plan está alineado con instrumentos como el Acuerdo de París, fortaleciendo la integración de género; sin embargo, va más allá al abordar la protección de las defensoras ambientales, un aspecto ausente en el Acuerdo de París. Aun así, sigue siendo un instrumento programático sin fuerza jurídica vinculante, a diferencia del Acuerdo de Escazú, que sí garantiza protección legal, acceso a la justicia y medidas preventivas frente a amenazas.

Manifestación en los pasillos de la sede de la COP 30. Foto: Kiara Worth

Además, complementa la Agenda 2030 —especialmente los ODS 5, 13, 16 y 15— llenando vacíos en participación, liderazgo y protección de mujeres y defensoras ambientales. Refuerza que la igualdad de género es esencial para la justicia climática y que es fundamental crear sinergias para que el PAGB se convierta en una herramienta eficaz e inclusiva que impulse una acción climática sensible al género, beneficiando a mujeres y niñas en toda su diversidad.

Líderes internacionales y organizaciones como el Caucus de Mujeres y Género de la CMNUCC (WGC, por sus siglas en inglés) advierten que, aunque se celebran algunos logros en Brasil, “el proceso sigue quedándose corto frente a la ambición que exigen las comunidades en primera línea, desde montañas, bosques, islas y favelas de América Latina y el Caribe hasta todas las regiones donde mujeres, pueblos indígenas, afrodescendientes y defensoras de la diversidad de género están salvaguardando la vida y la biodiversidad”.

Se subraya que los logros incrementales no son suficientes: el mundo necesita una transformación con justicia, y el éxito del PAGB dependerá de que su implementación esté firmemente anclada en principios de derechos humanos y cuente con provisiones claras para asegurar financiamiento, tecnología y desarrollo de capacidades.

El Plan de Acción de Género de Belém representa un paso histórico para visibilizar y proteger a las defensoras ambientales, pero su impacto dependerá de la voluntad política de los Estados y de mecanismos efectivos de implementación y monitoreo. Las soluciones de las comunidades y de las defensoras muestran que el cambio incremental ya no basta: la acción climática global requiere transformaciones profundas y justas, con mujeres y comunidades en primera línea como protagonistas.

El Plan de Acción puede encontrarse aquí: https://unfccc.int/documents/654640

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