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¿Dónde queda el turismo en Bolivia en la nueva estructura del Estado?

ministerio de turismo bolivia

Vivimos un momento en el que expresar una crítica parece colocarnos automáticamente de un lado u otro. Sin embargo, hay observaciones que no pueden dejarse de lado, especialmente cuando hablamos del turismo en Bolivia, un sector que atraviesa una etapa compleja y necesita respuestas claras.

En 2025 se creó el Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, generando expectativas en un sector que durante años reclamó mayor jerarquía institucional, coordinación, presupuesto y, sobre todo, una visión de país.

Ahora, con la nueva estructura del Estado establecida mediante el Decreto Supremo N.º 5675, el turismo vuelve a quedar bajo una estructura viceministerial vinculada al Ministerio de Relaciones Exteriores.

Más allá de defender un ministerio por su nombre, el problema de fondo es otro: la constante inestabilidad institucional del turismo en Bolivia.

La institucionalidad del turismo en Bolivia

Cada cambio de estructura implica nuevas autoridades, procesos y prioridades y, en muchos casos, volver a construir espacios de coordinación que ya estaban en marcha. Mientras tanto, los destinos no pueden detenerse.

Hoteles, operadores, agencias, guías, transportistas, restaurantes, artesanos, emprendedores y comunidades dependen directa o indirectamente de esta actividad. Tampoco puede esperar un país que necesita diversificar su economía y generar nuevas fuentes de ingresos, empleo y divisas.

Y mientras volvemos a discutir dónde ubicar al turismo dentro de la estructura estatal, esta semana se presentaron dos iniciativas que muestran que, desde los territorios y el propio sector, existe otra dinámica.

Por un lado, HOST 2.0, impulsado por la Cámara Hotelera Departamental de La Paz, reunirá a especialistas nacionales e internacionales que abordarán diferentes temáticas relacionadas con turismo, hotelería y desarrollo de destinos.

Uno de sus componentes más interesantes serán las Voces HOST, un espacio para conocer experiencias de actores que trabajan directamente en los territorios y que están demostrando que la relación entre turismo, productividad y desarrollo local puede generar resultados concretos.

Por otro lado, se presentó PUENTES Turismo Sostenible, iniciativa orientada a fortalecer el potencial de los territorios, impulsar emprendimientos y generar oportunidades para jóvenes vinculados con la cadena de valor del turismo sostenible.

Mientras el turismo continúa buscando un lugar estable dentro de la estructura estatal, en los territorios ya existen personas, empresas, organizaciones, comunidades y jóvenes construyendo ese futuro.

Las oficianas del Exministerio de Turismo en La Paz

El debate no es solamente si el turismo necesita un ministerio

El debate no debería limitarse a determinar si necesitamos o no un ministerio.

La incorporación del turismo dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores incluso podría representar una oportunidad para fortalecer la promoción internacional del país, articular el trabajo de embajadas y consulados, atraer cooperación e inversión y mejorar nuestro posicionamiento en mercados estratégicos.

Pero esa oportunidad solo tendrá sentido si la estructura interna cuenta con capacidad técnica, presupuesto, competencias claras y poder real de articulación con el resto del Estado y con los territorios.

Porque promocionar Bolivia en el exterior sirve de poco si internamente no resolvemos conectividad, calidad de servicios, información, seguridad, planificación de destinos y coordinación entre niveles de gobierno.

El verdadero desafío: la gobernanza turística

Ahí está la verdadera discusión: la gobernanza turística.

Gobernanza significa saber quién conduce el sector, cuáles son sus competencias, con qué recursos contará, cuáles serán sus metas y cómo coordinará con gobernaciones, municipios, sector privado, academia, comunidades y cooperación internacional.

Tenemos un turismo que aparece como estratégico cuando hablamos de generar divisas, empleo, sostenibilidad y desarrollo territorial, pero que vuelve a hacerse pequeño cuando diseñamos la estructura encargada de impulsarlo. Esa contradicción es la que deberíamos discutir.

Construir una política turística de largo plazo en Bolivia requiere mucho más que modificar un organigrama: requiere planificación, continuidad, recursos, datos, coordinación y una visión compartida.

Bolivia necesita una institucionalidad turística capaz de trascender los cambios de autoridades y gobiernos.

Porque el turismo sigue estando en los territorios, más allá de lo que ocurra en el organigrama del Estado. Sigue siendo una ventana desde la que el mundo conoce nuestra identidad, nuestra cultura, nuestros paisajes y nuestra forma de vivir.

El verdadero desafío es que esa importancia también se refleje en las decisiones públicas, en la planificación y en una institucionalidad capaz de acompañar al sector con estabilidad y rumbo.

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