La mujer y la niña en la ciencia


Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Y, en esta ocasión, me parece pertinente hablar acerca del feminismo y del empuje que este ha tenido en la ciencia. Aunque parezca que, con el paso del tiempo, la inclusión de las mujeres en los entornos científicos ha dado grandes pasos y generado transformaciones, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Ciencia (UNESCO), solamente un tercio de los investigadores a escala mundial es representado por mujeres.

Aun cuando existe un progreso en el cumplimiento de los objetivos y metas de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, todavía es persistente el desequilibrio participativo entre hombres y mujeres en áreas que han sido consideradas aptas para la masculinidad humana. Si hablamos de institucionalidad, el 14 de marzo de 2011, la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer aprobó, en su 55° período de sesiones, el informe con las conclusiones convenidas sobre el acceso y la participación de la mujer y la niña en la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología, incluida la promoción de la igualdad de acceso de la mujer al pleno empleo y a un trabajo decente. Y, el 20 diciembre de 2013, la Asamblea General aprobó la resolución que daba amparo a lo mencionado.

En este sentido, es evidente la promoción de la fuerza laboral científica desde el marco teórico, sin embargo, la evolución de la praxis es lenta. Y si hablamos del contexto educativo como pilar fundamental en el fortalecimiento de capacidades y competencias en la vida cotidiana y práctica, desde el ámbito de la educación superior, conforme al informe “Status and Trends of Women in Science – 2025” de la UNESCO, las mujeres sobrepasan a los hombres en matrícula universitaria, con un 46%, frente a un 40%, pero el problema reside en la etapa de graduación, donde solamente un 35% de graduados en carreras STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics, por sus siglas en inglés) son mujeres.

Entonces, la pregunta surge: ¿por qué se presenta este contexto en tiempos modernos? No puedo considerar que mi respuesta sea la más certera y, en todo caso, dependerá del visor a través del que se observe el horizonte; sin embargo, podría decirse que en el plano científico, todavía quedan sesgos inconscientes provenientes de egos machistas y de estereotipos que sostienen a las  estructuras hegemónicas, desde donde los roles definidos para la mujer todavía se alinean a la idea de que esta debe quedarse en casa, cuidando a los hijos; mientras el hombre, tiene la misión de proveer. Situación que tiempos atrás fue estudiada desde un plano psicológico, físico, ergonómico y hasta metafísico, lo que se explica en el libro titulado “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir.

Por supuesto, las reflexiones son variadas y dependen de factores referenciales. Solamente, queda decir que todas y todos hacemos ciencia y que la creatividad y la innovación surgen de la combinación de capacidades y liderazgos que, no necesariamente se encuentran a un solo lado.

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