Los ríos voladores y la vitalidad del bosque

El vapor asciende desde el profundo verde hasta tocar el cielo, y a lo lejos se ve cómo una inmensa capa de algodón abraza el frondoso paisaje. Son los ríos voladores, los que dan vida al bosque.

Este es el nombre que reciben los flujos aéreos masivos de agua en forma de vapor que se encuentran a una altura de hasta dos kilómetros, los cuales provienen del océano atlántico tropical y son alimentados por la humedad que evapora de la Amazonía. Estos ríos cruzan la atmósfera velozmente sobre el Amazonas hasta encontrarse con los Andes, provocando lluvias a más de 3.000 kilómetros de distancia.

Este proceso que se origina gracias a la humedad liberada por los árboles de la selva amazónica (transpiración), es esencial para mantener la biodiversidad y el clima equilibrado, pero esto no sería posible sin la existencia de cada árbol que habita sobre la tierra, permitiendo: medir la evaporación de la selva en milímetros, como si se midiera la espesura de una lámina de agua acumulada sobre el suelo. En el caso de la Amazonía, el número es de 4 milímetros por día, lo que significa que en un metro cuadrado esa lámina contendría 4 litros de agua. De acuerdo con expertos en el tema, un árbol frondoso con una copa de 20 metros de diámetro, transpira más de 1.000 litros en un sólo día.

Los 400.000 millones de árboles que se calcula que existen en la Amazonía liberan 20.000 millones de toneladas de agua al aire cada día. Mientras que los ríos voladores sostienen el ciclo del agua del que dependen 670 millones de habitantes en América Latina.

Definitivamente, la manera en la que este proceso va tomando cuerpo, permite no sólo la formación de lluvia en regiones lejanas que contribuyan a mantener la humedad del suelo, regar los cultivos y alimentar ríos y lagos, sino también, la posibilidad de fortalecer la fuente de oxígeno en la selva amazónica, tan importante para la subsistencia humana.

Se podría decir que esta grandiosa máquina de regulación ambiental presenta una complejidad casi incomprensible que, engrana diversos momentos formando un todo alineado a la majestuosidad, casi surreal, del ecosistema.

Sin embargo, es importante tener en cuenta cómo afecta la deforestación del bosque amazónico a la existencia de los ríos voladores, lo que ya es evidente, más aun con el cambio climático, que podría dejar a Sudamérica con un clima desértico.

Así, los ríos voladores se elevan sobre la tierra, las hojas y el transpirar de los árboles, permitiendo que el polvo de hadas serene la brisa y regale óleos de vida.

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