Con reservas de gas en mínimos históricos y una economía golpeada por la escasez de divisas, Bolivia negocia simultáneamente con empresas europeas, China, Rusia y Estados Unidos por el litio del Salar de Uyuni. Todo ocurre mientras los bloqueos ya generan pérdidas superiores a la inversión extranjera recibida por el país durante 2025.
Bolivia se está quedando sin las dos cosas que sostuvieron buena parte de su economía durante las últimas dos décadas: el gas y la estabilidad económica y social necesaria para negociar lo que viene después.
La caída de las reservas de gas en Bolivia

En abril de este año, YPFB reconoció oficialmente algo que técnicos independientes venían advirtiendo desde hace varios años: las reservas certificadas de gas natural cayeron de más de 10 billones de pies cúbicos (TCF) en 2013 a apenas 3,7 TCF en la actualidad, una reducción superior al 60% en poco más de una década.
La estatal petrolera informó además que la producción nacional descendió de 59 a cerca de 31,6 millones de metros cúbicos diarios, alcanzando mínimos históricos. Según la propia YPFB, si no se producen nuevos hallazgos relevantes, Bolivia podría verse obligada a importar gas a partir de 2031.
“El declive no es solo una cuestión de cuánto gas queda, sino de cuánto cuesta sacarlo”, explica el investigador Amos Batto, de Reacción Climática, en entrevista con La Nube. “Cuando llega al final de la reserva, obviamente la extracción va a bajar y esto va a extender un poco los años de la reserva porque está extrayendo menos cada año, pero el costo por cada pie cúbico de gas sube y eventualmente llega a un punto que no es factible seguir extrayendo, porque los costos son tan altos que es más barato importar el gas que extraerlo en el país”.
El boom gasífero que entre 2013 y 2014 generó más de 5.000 millones de dólares anuales para el Estado boliviano quedó atrás. Según informó en abril el viceministro de Tesoro y Crédito Público, Christian Morales, el déficit fiscal cerró 2025 en 12,2% del Producto Interno Bruto (PIB), frente al 10,1% registrado el año anterior.
La situación económica tampoco muestra señales de recuperación inmediata. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su informe Perspectivas de la Economía Mundial de abril de 2026, advirtió sobre el deterioro macroeconómico de Bolivia y proyectó para 2026 una contracción del PIB del 3,3% y una inflación del 20,7%.

El litio como apuesta económica de Bolivia
En este contexto de urgencia fiscal y escasez de divisas, el litio dejó de ser únicamente un recurso estratégico en disputa para convertirse en una de las principales apuestas económicas del país.
Empresas europeas como EAU Lithium y el consorcio Geolith–Actaris negocian con Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), en un proceso respaldado diplomáticamente por Alemania y Francia. Ambas avanzaron en acuerdos preliminares y pruebas técnicas, aunque hasta la fecha no existe un contrato de explotación aprobado.
China y Rusia llevan más camino recorrido. En 2024 firmaron con YLB contratos para la construcción de plantas de carbonato de litio mediante tecnología de extracción directa —por 970 millones de dólares en el caso de la rusa Uranium One Group y 1.030 millones en el de la china CBC—, pero ambos continúan pendientes de aprobación en la Asamblea Legislativa.
“Tenemos dos contratos con Rusia y con China, los preponderantes; hay otros menores, pero se tienen que transparentar”, reconoció el propio presidente Rodrigo Paz en enero de 2026 durante un foro de la CAF en Panamá.
A ello se suma Estados Unidos. El 27 de abril de 2026, en Washington, el ministro de Minería, Marco Antonio Calderón de la Barca, firmó junto al vicesecretario estadounidense Caleb Orr un Memorando de Entendimiento sobre Minerales Críticos para fortalecer la cooperación y asegurar cadenas de suministro de litio y otros minerales estratégicos.
El interés simultáneo de Europa, China, Rusia y Estados Unidos refleja una competencia global cada vez más intensa por el acceso a minerales considerados fundamentales para la transición energética. Para Bolivia, esta convergencia de intereses llega en uno de los momentos económicos más delicados de las últimas décadas.
Sin embargo, qué tipo de extracción de litio se utilizará y con qué impacto ambiental sigue siendo, en gran medida, una incógnita. “Es mejor esperar hasta que haya empresas que quieran invertir en la extracción directa”, apunta Batto, aunque advierte que ese método también requiere certezas que hoy no existen: qué porcentaje de la energía necesaria saldrá de fuentes renovables y cuál seguirá dependiendo del gas que ya escasea.
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El impacto de los bloqueos en la economía boliviana
La paradoja es que, mientras el Gobierno intenta construir una salida económica de mediano plazo, la crisis actual continúa deteriorando la actividad productiva.
Los bloqueos, que ya llevan más de 50 días en el país, han paralizado rutas estratégicas, generando pérdidas para Bolivia.
Según un reporte técnico de la Unidad de Análisis Económico de la Federación de Entidades Empresariales Privadas de Cochabamba (FEPC), actualizado al 15 de junio de 2026, Bolivia recibió 1.020 millones de dólares de inversión extranjera directa bruta durante todo 2025.
Sin embargo, la misma entidad calcula que las pérdidas económicas acumuladas por los bloqueos en lo que va de 2026 alcanzan ya los 2.089,8 millones de dólares. Es decir, las afectaciones económicas estimadas por el sector empresarial ya superan ampliamente el monto total de inversión extranjera directa bruta que ingresó al país durante todo el año pasado.
Turismo y crisis económica: la otra cara del modelo
El turismo, que suele presentarse como una alternativa de desarrollo frente a la dependencia extractiva, tampoco escapa al deterioro económico.
Según datos del Ministerio de Turismo Sostenible, los bloqueos provocaron pérdidas cercanas a los 1.100 millones de bolivianos y pusieron en riesgo alrededor de 90.000 empleos vinculados al sector.
Comerciantes y operadores turísticos consultados en La Paz y la región andina reportan semanas de cancelaciones, una reducción drástica de visitantes extranjeros y una caída de reservas que afecta especialmente a destinos vinculados al circuito del Salar de Uyuni.
La situación resume la compleja coyuntura que enfrenta Bolivia: el modelo extractivo que se negocia bajo presión y el turismo que se plantea como alternativa de diversificación económica se ven afectados simultáneamente por la misma crisis política y social.
¿Puede el litio reemplazar al gas en Bolivia?
Bolivia no enfrenta únicamente un debate entre extractivismo y conservación, entre litio y turismo o entre soberanía y capital extranjero. El desafío es más profundo.
El país ve disminuir sus reservas de gas, enfrenta escasez de divisas, registra una caída de la actividad turística y negocia el desarrollo de su recurso más estratégico en medio de una crisis social persistente.
La pregunta sigue abierta: cuando el litio finalmente alcance una producción a gran escala —si es que lo logra—, ¿encontrará una economía capaz de aprovechar esa oportunidad en sus propios términos o un país demasiado debilitado para negociar desde una posición de fuerza?


