La Paz está a días de recibir a sus nuevas autoridades municipales, marcando el cierre de un ciclo que dejó más dudas que resultados. El proceso electoral fue inusual, una amplia cantidad de candidatos y una votación altamente fragmentada. Sin embargo, más allá de los porcentajes, el mensaje de fondo parece claro la ciudadanía optó por una propuesta de gestión antes que por una figura individual.
La ciudad que recibe la nueva administración llega golpeada. No solo por algo que ya hemos naturalizado como son las marchas, los bloqueos, los paros sino por el costo silencioso que eso tuvo sobre sectores enteros de la economía. El turismo pagó una factura especialmente alta, y lo hizo además cargando con abandono institucional.
Un ejemplo claro fue el debilitamiento de la Agencia “La Paz Maravillosa”, que en su momento posicionó a la ciudad en el mapa turístico internacional mediante una articulación efectiva con el sector privado. Su desplazamiento del despacho del alcalde y su reducción a una unidad dentro de la Secretaría de Culturas no fue un simple cambio administrativo: implicó la pérdida de continuidad, liderazgo y años de posicionamiento construidos con esfuerzo. No solo fue un recorte técnico, fue una señal de hacia dónde estaban las prioridades.
Además de manera progresiva, La Paz fue perdiendo su condición de puerta de entrada al país, sin que ello generara la reacción necesaria desde la gestión pública. A esta inacción se sumó una Ley Municipal de Turismo que estuvo dos años paralizada en el Concejo sin ser aprobada, reflejo de una preocupante falta de visión estratégica. Mientras tanto, otras ciudades y departamentos avanzaron con decisión en el fortalecimiento de su sector turístico, ampliando una brecha que hoy resulta evidente.

Lo más paradójico es que el potencial sigue intacto. La Paz forma parte de uno de los corredores turísticos más valiosos del continente, articulando destinos de alcance global como Machu Picchu y el Salar de Uyuni. En ese contexto, la reactivación del acuerdo turístico entre La Paz y Machu Picchu no solo es pertinente, sino estratégica para reposicionar a la ciudad dentro de este circuito internacional.
La autoridad entrante, César Dockweiler, llega con un planteamiento más estructurado. Su plan contempla diez ejes estratégicos, donde el turismo ocupa un lugar central bajo la propuesta de “Turismo de Altura”, orientada a recuperar el rol de La Paz como puerta de entrada al país. Esta visión no surge de manera improvisada: desde 2021 ha sostenido reuniones con diversos actores del sector, entre ellos la Cámara Hotelera Departamental de La Paz, con el objetivo de recoger propuestas, identificar demandas y construir una hoja de ruta que hoy se presenta como base de su gestión.
Como paceña, como hotelera y como alguien que ama a esta ciudad, resulta inevitable apostar por una propuesta que pone en valor lo que somos. La Paz tiene identidad, historia, paisaje y cultura como pocas ciudades en el mundo. Merece estar en el centro del turismo latinoamericano, no en los márgenes.
Olvidemos los colores políticos y demos la oportunidad a quien puede hacer que eso ocurra.



