Sobrevivir: el juego de cada día

¿Quién no ha visto o a escuchado hablar a estas alturas de “El juego del Calamar”? La nueva serie coreana transmitida mediante la plataforma de Netflix ha inspirado hasta el momento a más de una decena de artículos y vídeos de análisis en YouTube que ahondan en los personajes, la escenografía, el guión y los motivos que orillan a estas personas a participar en el juego. Si bien, no es la primera vez que una serie o película con temática similar causa sensación entre los televidentes, es llamativo que esta receta siga funcionando y que, además, existan serias intenciones de replicarlas en la vida real.

El año 2004, el director James Wan llevó a la pantalla grande la primera de las películas de la saga “Saw: Los juegos del miedo”, una película que además de proponer juegos fatales a los personajes, estaba enfocada en despertar en cada uno de ellos el deseo de vivir. El 2012 el estreno de la película “Los juegos del Hambre” (The Hunger Games) presentaba una novela adaptada – estrenada cuatro años antes – que tocaba el tema de la supervivencia como eje principal de la entrega. El 2013 “La Purga: la noche de las bestias” planteaba una nueva mirada sobre esta misma temática.

De ahí en adelante estas tres películas, apoyadas por su aplastante éxito, desarrollaron sagas: “Saw” con siete entregas, los “Juegos del Hambre” con cuatro películas y “La Purga” con cinco producciones; sin embargo, al hablar del tema de la supervivencia a eventos violentos no solo se debe hablar de estos títulos sino también de otras producciones, como por ejemplo: “As The God´s Will”, “3%”, “Alice in Borderland”, “El Hoyo”, “El circulo”, “Battle Royale”, “La Isla de los condenados”, “El Gran Torneo”, “La Caza”, etc.

Las ganas de sobrevivir de los participantes son un elemento clave en los títulos mencionados, en otros casos el punto de unión entre ellos es la crítica social que se realiza, al mostrar siempre las diferentes clases sociales existentes, donde las menos aventajadas forman parte del entretenimiento retorcido de un grupo reducido de la élite, que se satisface observando como un conjunto de personas llega a límites insospechados con tal de ver un nuevo día. ¿Son acaso estos los elementos que nos acercan y fanatizan con estas producciones?

En una entrevista para la BBC (2021), Kim Pyeong-gang, profesor de contenido de cultura global en la Universidad Sangmyung, menciona: «La gente, especialmente la generación más joven que normalmente sufre de alienación y resentimiento en la vida real, parece empatizar con los personajes». Esta definición que fue emitida en relación con “El Juego del Calamar” parece encajar con cualquiera de los títulos nombrados. Los personajes que se nos presentan como parte principal de la trama son sujetos comunes, como bien lo podría ser quien escribe este texto o quien lo está leyendo. Ellos – los personajes – por un motivo u otro, son expuestos a situaciones de violencia extrema, donde la única opción posible es sobrevivir, a pesar de que eso signifique matar a un amigo de la infancia, a su pareja o familia.

Más allá de eso, estas producciones plantean un hecho importante, y es que los protagonistas – en muchos casos – ya se encontraban sobreviviendo antes incluso de ingresar a los juegos. Bien sea por que vivían azotados por deudas, por condiciones de extrema pobreza, por vicios o enfermedades, sus vidas se desarrollaban al límite del día a día. Motivo por el cual, participar de estos juegos o eventos y tratar de sobrevivir, parece ser algo natural, pues es lo que hacen a diario, obviamente de manera menos fatídica.

Es este otro punto que, como espectadores, nos lleva a empatizar con estas entregas, el reconocernos en uno de los personajes y pensar ¿Qué haría yo en esta situación?, entendiendo que somos unos sobrevivientes del día a día en mayor o menor medida. Frank Medina (2021), psiquiatra y analista, plantea como base de la afición a este tipo de series, un deseo de superación. Como seres humanos necesitamos estar por encima de los demás y mostrarnos capaces de llegar más lejos, una condición animal heredada de ser siempre el más fuerte.

Puede que este deseo de sobrevivir, de posicionarse como el más fuerte, sea el que lleve a espectadores de todas las edades a consumir este tipo de materiales audiovisuales y el que, a su vez, fomente la recreación de estos escenarios en la vida real. El año 2016, los diarios europeos publicaron alarmados la siguiente noticia: “Game2: Winter” una propuesta del empresario y millonario, Yevgeny Pyatkovsky, llevaría a la pantalla chica un reality show que recreaba los “Juegos del Hambre”. Los concursantes debían permanecer durante nueve meses en la tundra siberiana de Rusia, rodeados de osos, lobos y otros animales salvajes, soportando además temperaturas que alcanzaban los -40º centígrados. Sin embargo, esto no era lo más alarmante, sino que Pyatkovsky había declarado que “cualquier cosa era posible”:  peleas, alcohol, asesinato, violación, etc.

“Game2: Winter” nunca llegó a ver la luz, ya que el millonario expresó años después que toda aquella publicidad sobre el reality, solamente era parte de un estrategia de estudio de mercado. Lo llamativo del asunto es que tuvo que devolver los pasajes a más de una veintena de personas que se habían inscrito para ser parte del evento y que ya tenían comprado el vuelo a Rusia. Actualmente sucede algo similar con “El Juego del Calamar” pues el diario digital Prensa Libre ha informado en los últimos días que el Centro Cultural Coreano en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, se ha propuesto llevar a la realidad esta competición, misma que, según la nota, ya cuenta con 388 inscritos y que, a diferencia de la serie, no tendrá juegos violentos, ni heridos, ni muertos, ni dinero, solamente se dotará a los participantes de los mismos trajes verdes de la aclamada serie y, claro, de la gloria de la victoria.

Sobrevivir es un juego que se desarrolla día a día en muchos contextos, dentro de distintas clases sociales y en diversos rangos etarios y aunque la idea de enfrentarnos a juegos mortales parece aterrarnos, las ganas de vencer parecen ser el motor que nos empuja a posicionarnos como “el más fuerte”.

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