Cotapata, ¿el destino ecoturístico de La Paz y El Alto?

Ingreso al sendero Sillutinkara, parque nacional Cotapata. Foto: Sergio Mendoza. Oct. 2025

El parque Cotapata es la segunda área protegida nacional más pequeña que hay en Bolivia, sólo superada en pequeñez por Toro Toro. Tiene una superficie de 40.000 hectáreas que se extienden desde los nevados blanquecinos de la cumbre hasta los húmedos y cálidos yungas paceños. Inicia a menos de una hora desde el centro de la ciudad, según el tráfico, y sus características naturales podrían ser ideales para convertirse en un importante destino ecoturístico de la ciudad.

Al menos así lo piensa Marcelo Arze, especialista en turismo sostenible y coordinador de un proyecto que promueve el ecoturismo en el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata. “Ese es mi sueño”, dice dos veces al borde de un riachuelo, en un sendero que se interna hacia el monte desde la población de Pacallo, hacia la comunidad La Selva.

Esta es una de las tres rutas turísticas que Arze promueve con el proyecto Ecoturismo con equidad de género para enfrentar amenazas en Cotapata, ejecutado por la ONG BIOTA, con financiamiento de Critical Ecosystem Partnership Fund (CEPF). Las otras dos rutas son el conocido Camino de la Muerte (que Arze quiere rebautizar como “Camino de la Vida” por el reverdecimiento que ha tenido esta zona), y el sendero precolombino de Sillutinkara (que parte al costado de la carretera La Paz – Coroico, a poco más de un kilómetro pasando Unduavi, y se interna hasta la comunidad de Sandillani).

Ingreso al Camino de la Muerte, Los Yungas, La Paz. Foto: Sergio Mendoza.
Ingreso al Camino de la Muerte, Los Yungas, La Paz. Foto: Sergio Mendoza.

El turismo sostenible podría evitar que la población se vuelque a actividades como la minería aurífera y la expansión de los cultivos de coca dentro de un área protegida, dice Arze. Las comunidades que habitan al interior del parque o en sus alrededores necesitan dinero para subsistir, mucho más en un periodo de crisis económica que ha golpeado los bolsillos de todos. El oro y la coca son vistos como alternativas en una región con una abundante biodiversidad, que es a la vez fuente de agua para las poblaciones cercanas y para la propia Sede de Gobierno.  

“Estoy muy segura que al trabajar con el turismo a futuro vamos a tener muy buenos resultados”, dice Leandra Paredes, habitante de Tunquini Santa Catalina, una comunidad dentro del área protegida, muy cerca de donde terminan dos caminos precolombinos: El Choro y el Sillutinkara.

Ella es una de las 15 personas capacitadas para ser guías turísticos en las tres rutas antes mencionadas. Además de promover la zona como destino ecoturístico el proyecto también fomenta el desarrollo de la gastronomía con productos de la propia región y el fortalecimiento de negocios locales que no amenacen al bosque, como el cultivo de café y el aprovechamiento de cítricos que se venden como mermelada.

“Yo aprendí sobre gestión empresarial, lo que me llevó a tener una mejor perspectiva de cómo manejar mi negocio. Y en la parte de gastronomía descubrí que se puede sacar provecho a productos que son del lugar”, dice Luis Abel Quispe, propietario del restaurante El Pueblo, en plena plaza de Pacallo.

La intención es que a través del turismo se reactive la economía local, que tiene muy cerca un mercado de casi 2 millones de personas en La Paz y El Alto, dice Arze. Un aumento de turistas, más allá de ser un aliciente económico hacia una actividad distinta a la minería y al cultivo de coca, tendría que ser acompañado de una mejora de los sistemas de tratamiento de residuos, algo que ni si quiera en las ciudades parece posible en el corto plazo.  

Sin embargo, se espera que los turistas que lleguen a esta región de clima y paisajes privilegiados sean visitantes conscientes y no parte de un turismo depredador.

Esto no sería del todo nuevo, sino más bien un impulso a los cientos de turistas que actualmente ya andan por El Choro, entran al Sillutinkara, se deslizan en bicicleta por el Camino de la Muerte (que bordea el Cotapata), se pierden días observando aves en Sacramento, acampan en el albergue Sandillani, entran al sendero de la comunidad La Selva, o llegan a probar un café que hace recuerdo a un bosque vivo.

Quienes deseen mayor información sobre los atractivos turísticos que ofrece el área protegida Cotapata pueden contactarse con el coordinador de campo del proyecto impulsado por BIOTA, Reynaldo San Marín, al 69735333.

Inicio del sendero entre Pacallo y La Selva, Los Yungas de La Paz. Foto: Sergio Mendoza.
Inicio del sendero entre Pacallo y La Selva, Los Yungas de La Paz. Foto: Sergio Mendoza.

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