Periodismo independiente para entender Bolivia

Historias, datos y contexto sobre poder, ambiente y sociedad

El Niño podría alcanzar una intensidad histórica: ¿qué significa para Bolivia?

La NOAA estima una probabilidad del 83% de que el fenómeno alcance una intensidad sin precedentes en sus registros durante el trimestre octubre-diciembre de 2026. Mientras el Pacífico continúa calentándose, Bolivia se prepara para una temporada en la que podrían alterarse las lluvias y las temperaturas.

El fenómeno climático de El Niño continúa fortaleciéndose y podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados desde 1950. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informó el 8 de octubre que existe un 83% de probabilidad de que alcance una intensidad histórica durante el trimestre comprendido entre octubre y diciembre de 2026.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también advirtió que el calentamiento del océano Pacífico tropical podría alcanzar valores sin precedentes hacia finales de año, alterando los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.

Para Bolivia, donde la temporada de lluvias coincide con los meses de mayor influencia prevista del fenómeno, el escenario plantea interrogantes sobre la disponibilidad de agua, la producción agrícola y la posibilidad de eventos climáticos extremos.

Sin embargo, una mayor intensidad de El Niño no significa que todo el territorio boliviano vaya a experimentar las mismas condiciones.

¿Qué es El Niño y por qué puede cambiar el clima?

El Niño es un fenómeno climático natural caracterizado por el calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental.

Forma parte de un sistema de variabilidad climática conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que también incluye su fase fría, denominada La Niña.

Aunque ocurre en el océano Pacífico, sus efectos pueden extenderse a regiones alejadas debido a los cambios que provoca en la circulación atmosférica.

Estas alteraciones influyen en la distribución de las lluvias y las temperaturas. Dependiendo de la región y de la época del año, pueden favorecer condiciones más secas o más húmedas de lo habitual.

Por eso, El Niño no debe entenderse simplemente como un fenómeno que produce sequías. Sus efectos varían considerablemente entre países e incluso dentro de un mismo territorio.

Inundacionsz en el país. Foto: Yenny Escalante

¿Por qué los científicos hablan de un episodio histórico?

En su actualización del 8 de octubre, la NOAA informó que la temperatura superficial del océano en la región conocida como Niño 3.4 había alcanzado una anomalía de +2,1 °C durante septiembre.

Esto significa que el agua estaba 2,1 grados Celsius por encima de su valor de referencia en esa zona del Pacífico.

Los modelos oficiales estiman una probabilidad del 83% de que el índice relativo oceánico de El Niño (RONI) alcance o supere los +2,5 °C durante el trimestre octubre-diciembre.

Ese umbral permitiría clasificar el episodio entre los más intensos de la serie histórica utilizada por la NOAA, que comienza en 1950.

No obstante, se trata de una probabilidad, no de una confirmación de que el récord ya se haya producido.

La institución también prevé que las condiciones de El Niño fuerte a muy fuerte persistan hasta el trimestre enero-marzo de 2027.

¿Qué podría ocurrir en Bolivia?

Los efectos de El Niño en Bolivia no son uniformes. La diversidad geográfica del país hace que las alteraciones en las precipitaciones y temperaturas puedan manifestarse de distintas maneras.

Históricamente, los episodios de El Niño se han relacionado con déficits de precipitación en determinadas zonas del Altiplano y con un mayor riesgo de lluvias intensas en algunas regiones del oriente y el sur del país.

Sin embargo, estas relaciones históricas no permiten asegurar que el episodio actual produzca exactamente los mismos efectos.

La cantidad de lluvia que reciba cada región dependerá de la interacción entre El Niño y otros factores atmosféricos que influyen en el clima sudamericano.

Por esa razón, los pronósticos estacionales del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (SENAMHI) son fundamentales para identificar qué zonas presentan mayores probabilidades de registrar precipitaciones superiores o inferiores a sus promedios habituales.

¿Bolivia ya está tomando medidas de prevención?

El SENAMHI ha desarrollado actividades de información y coordinación relacionadas con los posibles efectos de El Niño durante el periodo 2026-2027.

En septiembre, la institución presentó perspectivas de temperaturas máximas y precipitaciones para la Amazonía, los Yungas, los Valles y el Altiplano, durante un foro organizado por el Banco de Crédito de Bolivia.

Posteriormente, el 7 de octubre, participó en Cochabamba en una actividad dirigida al sector lechero, donde se abordaron herramientas de monitoreo y prevención frente a las alteraciones climáticas.

Los días 8 y 9 de octubre también intervino en un taller nacional de fortalecimiento de capacidades para la gestión de riesgos, dirigido a entidades territoriales autónomas.

Estas actividades muestran que el fenómeno forma parte de la agenda de preparación institucional.

Sin embargo, la información pública consultada no permite determinar cuántos municipios cuentan actualmente con planes de contingencia específicos, qué recursos económicos se han destinado o qué medidas concretas se han implementado en las zonas potencialmente más expuestas.

¿Qué relación tiene El Niño con la producción de alimentos?

Las alteraciones en las precipitaciones pueden afectar directamente las actividades agrícolas y ganaderas.

Una reducción prolongada de las lluvias puede disminuir la humedad del suelo, afectar el desarrollo de los cultivos y reducir la disponibilidad de agua para riego y consumo animal.

Por el contrario, precipitaciones excesivas pueden provocar inundaciones, dificultades de acceso a las zonas productivas y pérdidas de cosechas.

Estos efectos también pueden repercutir en el transporte y la comercialización de alimentos.

No obstante, la magnitud de las posibles pérdidas dependerá de las condiciones climáticas que efectivamente se registren, los cultivos afectados y la capacidad de respuesta de los productores.

Por tanto, todavía no es posible atribuir a El Niño futuros aumentos de precios o pérdidas agrícolas específicas en Bolivia.

¿El Niño significa que habrá más incendios forestales?

No necesariamente.

Las condiciones de sequedad y las temperaturas elevadas pueden favorecer la propagación del fuego cuando existe vegetación seca y se producen fuentes de ignición.

Sin embargo, los incendios forestales no son provocados directamente por El Niño. También intervienen actividades humanas, prácticas de uso del fuego, características de la vegetación y condiciones meteorológicas locales.

En Bolivia, donde los incendios han provocado importantes daños ambientales en años anteriores, la posibilidad de periodos secos constituye un factor que debe incorporarse a las estrategias de prevención.

Pero no sería correcto afirmar que el episodio actual provocará necesariamente una temporada de incendios más intensa.

¿Qué tan confiables son los pronósticos?

Las predicciones sobre la evolución de El Niño se basan en observaciones oceánicas, mediciones atmosféricas y modelos climáticos.

Actualmente existe una elevada confianza en que el fenómeno continuará siendo fuerte durante los próximos meses.

Sin embargo, predecir su intensidad en el Pacífico no equivale a conocer con exactitud cuánta lluvia recibirá cada departamento de Bolivia.

Los pronósticos estacionales permiten estimar probabilidades de condiciones más secas, húmedas, cálidas o frías de lo habitual, pero no determinan con precisión cuándo ocurrirá una tormenta, una sequía o una inundación.

Por eso, es importante distinguir entre las alertas internacionales sobre El Niño y los pronósticos nacionales que evalúan sus posibles efectos en el territorio boliviano.

El desafío: anticiparse antes de que lleguen los impactos

La actualización de octubre de la NOAA y las advertencias de la OMM muestran que el episodio actual de El Niño podría alcanzar una intensidad excepcional.

Para Bolivia, el principal desafío no consiste únicamente en conocer la magnitud del calentamiento del Pacífico, sino en traducir esa información en decisiones de prevención.

La planificación del uso del agua, el seguimiento de las condiciones agrícolas, los sistemas de alerta temprana y la preparación de los gobiernos locales pueden contribuir a reducir los impactos de los eventos climáticos extremos.

La pregunta pendiente es hasta qué punto las instituciones nacionales y subnacionales han convertido los pronósticos en medidas concretas.

El Niño no determina por sí solo el futuro climático del país, pero su evolución ofrece una señal de alerta que puede aprovecharse para anticipar riesgos antes de que se conviertan en emergencias.


Apoya al periodismo independiente

El periodismo independiente en Bolivia es hoy más necesario que nunca. La Nube reporta las principales noticias ambientales e investiga casos de abuso de poder, corrupción y otras malas prácticas que deben ser expuestas. Por seguir haciendo este trabajo y no detenernos pedimos tu apoyo. Puedes hacerlo aquí

Si te gustó este contenido compártelo en:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *