Los incendios forestales en Bolivia ya destruyeron más de 4 millones de hectáreas, según datos de la Fundación TIERRA, en una temporada que comenzó antes de lo habitual y que genera preocupación por el avance del fuego sobre comunidades indígenas, áreas protegidas y zonas de alta biodiversidad.
Santa Cruz concentra la mayor afectación con 2,6 millones de hectáreas quemadas, seguido por Beni con 1,3 millones. Investigadores advierten que la magnitud y rapidez de propagación de los incendios durante los primeros meses del año muestran un escenario más crítico que en gestiones anteriores.
Uno de los municipios más golpeados es San Matías, en Santa Cruz, donde el fuego ya consumió cerca del 47% del territorio municipal, equivalente a 1,2 millones de hectáreas.
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La expansión de los incendios también vuelve a poner en debate el modelo de desarrollo en Bolivia y la capacidad estatal para prevenir desastres ambientales en regiones altamente vulnerables. Organizaciones ambientales y comunidades indígenas advierten que la combinación entre sequía, chaqueos, expansión agropecuaria y débil control territorial está acelerando la pérdida de bosque en la Amazonía y la Chiquitanía.
Mientras las autoridades intentan contener el fuego, especialistas alertan que el impacto no se limita a la pérdida de vegetación. El humo afecta la salud de miles de personas, altera ecosistemas completos y amenaza fuentes de agua, biodiversidad y territorios indígenas en distintas regiones del país.


