Tu hermosa nariz de gancho

Hace algunos días llamó mi atención un post en las redes sociales que, usando la palabra fea, trataba de marcar una diferencia significativa que distinguía a un grupo femenino de otro, tal afirmación, fue entendida desde el canon de la belleza. Me puse a pensar entonces: ¿Qué es ser fea en pleno siglo XXI?

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define la palabra fea como algo “desprovisto de belleza o hermosura”, me surge entonces una nueva pregunta: ¿Qué es lo hermoso?

El gran Umberto Eco, planteaba que la fealdad debería definirse a través de la belleza y que ambos términos dependían del momento y el espacio que se vivía. Por ello, una mujer robusta, de senos grandes y caderas anchas que hoy podría describirse simplemente como fea, era en la prehistoria considerada una belleza, puesto que se la ligaba con fertilidad y por lo tanto, con la capacidad de dar a luz a hijos fuertes que llevarían a la familia hacia la prosperidad.

Los movimientos artísticos europeos, proponen desde figuras delgadas de tez blanca, ojos claros y cabellos rubios, hasta cuerpos un poco más robustos. Sin embargo, quienes definirían los cánones de belleza son, sin lugar a duda, los Griegos, que establecieron parámetros claros basados en la divina proporción, la armonía y el equilibrio.

Hasta aquí, todo lo mencionado pertenece a un contexto ajeno al nuestro, ajeno al latino americano, y por supuesto, ajeno al boliviano. Mientras repaso la historia de la belleza en el mundo, me sorprendo de manera muy ingrata al no poder identificar cuáles eran los rasgos de belleza que se apreciaban en el “nuevo mundo” antes de la Colonia. Por lo que, me surge una nueva duda: ¿Son acaso los parámetros de belleza europea los que actualmente utilizamos en nuestro contexto?

En Bolivia, el 62.2% de la población se identifica con algún grupo indígena, ya sea este aymara, quechua, guaraní, chiquitano, etc. Lo que quiere decir, es que los rasgos físicos y estéticos que posee un boliviano promedio, no concuerdan con aquellos impuestos desde afuera. ¿Seremos entonces más de la mitad de la población boliviana, fea? La respuesta, evidentemente, es un gran no.

El 2015, la Universidad de Wellesley (EE.UU), afirmó mediante un estudio que la belleza se encuentra en el ojo del espectador, o como se dice más comúnmente, la belleza es subjetiva. Este mismo estudio, afirma que el atractivo de las personas se encuentra vinculado con las experiencias de vida del observador, quién, en base a su cultura, a su crianza, y al espacio y tiempo que habita, definirá claramente qué es lo feo y qué es lo bello para él.

Parece entonces que, siguiendo la línea descolonizadora que propone el Estado boliviano; la belleza y por lo tanto la fealdad, deberían empezar a pensarse y reconfigurarse desde otras miradas. Si no seguimos el modelo externo de belleza y empezamos a ver con nuevos ojos a nuestro alrededor, ¿Por qué deberíamos resistirnos a unos ojos negros o una piel morena? ¿Qué tiene de malo una nariz de gancho o unos pómulos pronunciados? ¿Cuál es el problema con un cabello rebelde y unos labios delgados?

La belleza, así como la fealdad, son actualmente términos con significados arraigados a una realidad que no corresponde con la nuestra, por lo mismo, considero que hoy en día, usar la palabra fea, en contra de otra persona, debería obtener una respuesta inmediata, que conlleve la seguridad de nuestra identidad, de nuestra cultura y de nuestra historia y suene con el ritmo de esta canción: “¿Fea? Si, yo soy así”.

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