Sin ganancias ni ahorros

 La pandemia del coronavirus afectó a muchos sectores económicos en Bolivia, sobre todo a los trabajadores del área de servicios. Ellos, como muchos trabajadores, se vieron en la necesidad de recurrir a sus ahorros para poder sobrevivir ante esta crisis causada por la pandemia.

Por Huáscar Daniel Quispe Herrera 

Scarlet Herrera es una mujer de 40 años que vive en la urbe paceña. Tiene dos hijos, ambos estudiantes, uno de ellos en la universidad. Ella podría considerarse el sostén de su hogar debido a que su salario como gerente de ventas en una pequeña empresa de turismo y hotelería, Turisbus, cubría los gastos de la canasta familiar y los pagos estudiantiles de sus hijos. Sin embargo, todo se vio ensombrecido cuando la pandemia del covid-19 llegó a su vida.

La empresa entró en cese total de actividades y, para evitar pérdidas, se dejó de pagar salarios. Este fue un fuerte golpe para Scarlet Herrera, ya que sin dinero y múltiples gastos tuvo que tomar la drástica decisión de recurrir a sus ahorros para cubrir su canasta familiar. 

Con la declaración de la cuarentena en marzo de 2020, Bolivia aumento sus índices de desempleo, tanto de manera temporal como permanente. Fue un hecho de gran incidencia en las familias de todos los estratos sociales, aunque unos han resultado más afectados que otros. 

Pablo Fernández, economista y jefe de planificación de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa), explica que todos los sectores económicos de Bolivia han sido golpeados por esta pandemia. “La economía informal:transportistas, meseros, trabajadoras del hogar. En realidad, si volvemos hablar de los servicios, esos han sido los más afectados y así continúa”.

De acuerdo con el informe La economía en tiempo de covid-19, publicado por el Banco Mundial, esta crisis creada por el coronavirus viene acompañada de una paralización de la actividad económica que hace imposible el cálculo de los efectos a largo plazo . América Latina y el Caribe ya se habían caracterizado por sufrir diversos shocks económicos, principalmente, enfocados a la caída de los precios de productos primarios 

Vidas

Tras el cese de actividades de su empresa, Scarlet se quedó en casa y se encargó del cuidado del hogar. Una de sus tareas es realizar las compras de víveres, las cuales equivalen a unos Bs 500 a Bs 600 por semana. Además de estos gastos, ella también necesita pagar el luz, el agua, el internet y la colegiatura de sus hijos.

Recurrir a sus ahorros es una medida adecuada, según su hija, Arleth. Ella cree que su madre ha hecho el mejor esfuerzo para cuidar de ella y su hermano.

Otra de las personas afectadas por la pandemia fue Soledad Reguerin, una mujer de la tercera edad. Ella es una comerciante de ropa.

Con la declaración de la cuarentena, Scarlet se quedó junto a su esposo, Sergio Saavedra, en su pequeña casa. Aunque sus gastos eran mínimos debido a que sus hijos ya se habían ido del hogar para formar una familia, sí eran considerables para su economía. Por lo tanto, se decidió dejar de comprar mercadería y usar su ahorro para gastos esenciales.

“Bueno (lo ahorrado) ha sido para la luz, el agua, esas cositas y para comer más que todo”, menciona Sergio Saavedra. 

Así, las familias observaron que sus ahorros se debían invertir en lo esencial. Es decir, la luz, el agua, el gas y la alimentación. No obstante, los trabajadores formales consideraron que el internet es una inversión que ha tomado importancia en este contexto. 

Para el economista Pablo Fernández, ha existido una estabilidad en los precios de la canasta familiar. Si bien algunos productos como la papa sufrieron un incremento, los costos alimenticios se han regularizado. 

“Sabemos que cuando hay una etapa de recesión como esta, el Producto Interno Bruto crece negativamente y se acompaña de un incremento de los precios, es un fenómeno realmente nocivo. Cuando hay una etapa de recesión y no se acompaña con una subida de precios, eso ayuda de que alguna manera que este impacto no sea tan grave”, explica Fernández.

De acuerdo a la encuesta El impacto del covid-19 en Bolivia, realizada por Susana Pérez para el Banco Mundial, en julio de 2020, un 90% de los trabajadores retornó a su fuente laboral, pero los ingresos se mantienen reducidos. 

Antes de la pandemia, Scarlet recibía unos Bs 8.500 al mes. Ahora, tras haber llegado a un acuerdo con sus jefes, se le paga unos Bs 4000 mensuales, mientras se espera por la reactivación de su sector económico. 

Víctor Quispe, trabajador de la droguería INTI y dirigente fabril de la Central Obrera Boliviana (COB), expresa que la cuarentena ha afectado a los trabajadores a un nivel salarial. “Un trabajador ganaba Bs. 5.000, esto por el ingreso de su bono de antigüedad, su salario dominical y otros. Su percepción de haber básico y otros han sido minimizados a Bs. 2.000. Muchos han negociado que el bono de producción, el bono de antigüedad no se les pague hasta que puedan salir a flote”.

El Covid-19 no solo perjudicó al turismo o al comercio. Sectores como la construcción se vieron afectados y, al ser este un rubro ligado a la informalidad, los principales perjudicados fueron los albañiles.

Rolando Yujra o don Rogelio, como prefiere ser llamado, es un maestro albañil, quien antes de la llegada del coronavirus trabajaba en dos obras a la vez para cubrir los gastos de su familia y parientes. Pero esta enfermedad recortó las fuentes laborales y él solo pudo acudir a sus ahorros.

De acuerdo al informe Sectores y empresas frente al COVID-19: emergencia y reactivación publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Pymes y las micro empresas son los negocios con más dificultades para seguir con sus actividades. Ante esta situación, se verían forzadas a cerrar. 

Isabel Copa es una confeccionista y dueña de su propio taller, quien ante la crisis sanitaria se vio obligada a reinventarse y vender trajes de bioseguridad. Sin embargo, los ingresos son reducidos debido a que, antes, ganaba entre Bs 3.000 a Bs 4.000 por traje, pero, ahora, solo cobra unos Bs 1.000. 

Otra de las afectadas a nivel empresarial fue María Yampara, una bioquímica farmacéutica de CliniLabs. Ella percibía Bs 5.000 por su labor, pero, tras el confinamiento, perdió 50% de su salario, por lo cual recortó los gastos estudiantiles de su hijo y de su canasta familiar. 

Para Pablo Fernández, los desafíos de la micro y pequeña empresa son el de buscar nuevas formas de llegar al público. Es decir, aprovechar las oportunidades dadas para salir a flote y, en algunos casos, optar los diferimientos de créditos propuestos por el Estado. 

“Esta ley dice que no van a pagar la cuota. Se van a diferir, se va perdonar para el día… y sin necesidad que eso signifique que suban las tasas de interés o comisión de crédito. Es decir, si uno tenía un crédito por 24 meses y estaba en el sexto mes, se le ha diferido seis meses. A a partir de su cuota número 24 le sumar las otras cuotas a su plan de pagas. Igual lo va a pagar, pero no lo va hacer en la época poco tensa que estamos viviendo por falta de ingresos”, detalla Fernández.

No todos los sectores económicos se vieron afectados en igual magnitud, por la pandemia. Las telecomunicaciones y las grandes empresas de fármacos no sufrieron de una rebaja salarial o desempleo. Un ejemplo de esto es Orlando Saavedra, jefe de ventas de Tigo, una empresa que se mantuvo estable en el tema económico. 

“La empresa ha tomado conciencia de la situación y no nos ha afectado; hemos seguido recibiendo los mismos salarios, pero sí hemos estado afectados en la parte de las venta”, cuenta. Sin embargo señala que el cumplimiento de objetivos sí se vio afectado.

Al ser trabajador de INTI, Víctor Quispe tampoco sufrió algún resultado adverso, tras la declaración de la cuarentena, los salarios se mantuvieron e, incluso, el trabajo se duplicó, pero fue remunerado conforme a la ley. 

Reactivación

Con la flexibilización del confinamiento, Soledad pudo salir a trabajar, pero la demanda sigue siendo algo escasa. Por lo tanto, vende sus productos a bajos precios. Aunque los ingresos solo se han recuperado en un 70%,  ya son suficientes para cuidar de ella y su esposo.

En el caso de Scarlet, la situación ha mejorado. Sin embargo, los ingresos que recibe ahora siguen sin ser suficientes para cubrir la totalidad de sus gastos; por lo cual aún depende de la ayuda de sus ahorros y del sueldo de su esposo. A pesar de todo, ella tiene la esperanza de que todo mejorará en un futuro. 


Este es un artículo escrito por Huáscar Daniel Quispe Herrera, estudiante de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana regional La Paz. Su publicación fue posible gracias a un acuerdo entre esta casa de estudios superiores y La Nube. El reportaje se realizó entre octubre y noviembre de 2020.

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