Ser transexual en Bolivia: una larga conquista por tener derechos

¿Es posible ejercer nuestra identidad cuando nuestros documentos no coinciden con ésta? ¿Qué pasa cuando mi cuerpo muestra una imagen y mi carnet de identidad dice que es otra?  Incomodidad, humillación, violencia, vergüenza y muchas explicaciones innecesarias acompañan a estas situaciones. Quienes las sufren a diario son parte de la población trans, quienes están en un camino largo por conquistar el derecho pleno a su identidad. A esto se suma, que existen personas que han pedido que puedan acceder a todos sus derechos fundamentales. ¿A qué se enfrenta hoy la población trans? En esta nota te lo contamos.

Adiós. Adiós. Adiós. No quiero volver a verlas aquí, se dijo a sí mismo, mientras fue despidiendo una a una esas prendas tan extrañas a él. Adiós a las blusas de seda que jamás lo identificaron. Adiós a los zapatos de tacón que nunca quiso comprar. Adiós a los jeans ajustados que de ningún modo le agradaban. Adiós a ese perfume floral que se obligó a usar. Adiós a ser lo que nunca fue. Adiós a Gabriela y el pelo largo. Desde ese día, Gabriel se quedó y no hubo marcha atrás.

—Ese día por primera vez me sentía libre, despedir cada prenda era como sacarme un peso de encima, fue un momento único en mi vida que no olvidaré. Desde ese día, yo cambié. Esas pequeñas cosas me llenaban y dije: ya no doy un paso atrás, quiero esto y así me quedaré— reveló Gabriel con sus 30 años, 7 años después del día que se despidió de Gabriela. Esa noche, llevaba una camisa azul a cuadros, unos jeanes anchos, zapatos negros y el pelo corto.

Celebración de la promulgación de la Ley 807. Foto: APG

¿Qué pasa cuando el sexo biológico con el que nacemos, no coincide con el que nos identificamos? Bajo esta circunstancia, las personas incluso pueden someterse a procesos hormonales y quirúrgicos para modificar su cuerpo hasta lograr uno con el que realmente se identifiquen. Puede tratarse de una persona que nació con el sexo femenino pero se identifica como hombre (transexual hombre) o viceversa  (transexual mujer). En cualquier caso, la transexualidad es una realidad en Bolivia, con un número aproximado de 3.500 afiliados a la Organización de Travestis, tansgéneros y Transexuales femeninas de Bolivia (Otraf).

Durante una gran parte de la historia, hasta el año 1990, la Organización Mundial de Salud, catalogó la transexualidad como una “enfermedad mental”, por tal razón, muchos transexuales fueron sometidos a terapias dolorosas, que incluían electroshocks. Posteriormente fue reconocida como “trastorno mental” y después como “incongruencia de género”, denominativos que no son aceptados en su mayoría por la comunidad trans, al ser una patologización de su condición. Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), del Hospital Clínic de Barcelona, de la Universidad de Barcelona y del Instituto IDIBAPS, concluyó que la corteza cerebral de las personas transexuales suele asemejarse a la del género con el que se identifican, sin haberse sometido a procesos hormonales. Esto ha mostrado un posible origen biológico de la transexualidad, aunque esto aún se encuentra en debate.

Más allá de esa discusión sobre la identidad, existen dos elementos determinantes que hacen posible vivirla en libertad y plenitud: portar un documento que coincida con nuestra identidad y el respeto de nuestros derechos fundamentales ¿Qué pasa con alguien que tiene una imagen femenina, pero porta un carnet de identidad de hombre (su identidad pasada)? La situación es incómoda y es difícil ejercer los derechos y deberes ciudadanos en estas condiciones.

Te ves como hombre, pero no lo dice tu carnet

Cuando Gabriel se postulaba a un nuevo trabajo, el temor siempre era el mismo: ¿Qué dirían de la identidad que aparecía en sus documentos? Podría parecer que los documentos corresponden a otra persona, pero era él en su versión pasada. Esta es la situación que atraviesan muchos transexuales en Bolivia: la incomodidad de no tener un documento acorde a su identidad. En cualquier entidad pública, en el banco, antes de subir a un avión o bus, en la universidad, en el trabajo, mostrar el carnet de identidad es un tormento.

Celebración de la promulgación de la Ley 807. Foto: APG

El 21 de mayo de 2016, la Asamblea Legislativa Plurinacional promulgó la Ley 807 o Ley de Identidad de Género. Los medios de comunicación dieron a conocer la noticia y frente a las pantallas cientos de personas explotaron de alegría, entre ellas Gabriel. Se trataba de una utopía hecha realidad.  El artículo uno de la Ley 807, establece “el procedimiento para el cambio de nombre propio, dato de sexo e imagen de personas transexuales y transgénero en toda documentación pública y privada vinculada a identidad, permitiéndoles ejercer su pleno derecho a la identidad de género”.  Esto significaba al fin, una respuesta a esas situaciones incómodas que a travesaban a diario la población trans al mostrar su documentación.

Unos meses después, una mañana en la que al fin Gabriel tenía su nuevo documento entre las manos, lloró de felicidad. Su nueva identificación tenía una foto que coincidía con su imagen actual, el nombre y el sexo también. “Después de que me dieron el documento mi vida cambió mucho, desde la seguridad en mí mismo, no le daba ya chance a la gente que me creen una duda o rechazo”, dijo Gabriel.

“Lo que pedimos es el respeto a la ley, es algo que simplemente nos afecta a nosotros”, anunció Gabriel bajo las luces de un set de televisión, pensando en el número de personas que lo veían, pensando en su madre, quién tal vez acababa de enterarse de la nueva imagen de su hijo. El miedo lo consumió por un momento, pero dejó de importarle cuando supo que daba voz a otros jóvenes transexuales hombres que se sienten de igual manera.

Aunque este hecho significó una alegría inmensa y un sueño real para la comunidad transexual, no a toda la población boliviana le gustó la idea.

Ley 870, una esperanza a medias

Cuando la ley de identidad se promulgó, en las diversas ciudades de Bolivia, cientos de personas de iglesias cristianas marcharon en contra de la ley bajo el lema Marcha por la Familia Natural: protegiendo a nuestras familias de la ideología de género”. Gabriel se plantó junto a otros jóvenes en la Plaza 14 de Septiembre (Cochabamba) para informar sobre la ley, rebatir el temor de que delincuentes la usen para cambiar su identidad, y desmitificarla: el cambio de sexo y nombre en la identificación no está disponible para personas con antecedes penales y el proceso se da con una prueba psicológica previa.

Sin embargo, esta explicación no fue suficiente. Al habilitarse este cambio de sexo, algunas parejas de la población trans accedieron al matrimonio. Estos hechos, fueron denunciados por los asambleístas Carlos Klinsky, Maida Paz, Julio Huanca, Horacio Poppe, Amilcar Barral y José Carlos Gutiérrez que pidieron un inmediato cambio a la normativa. Para lograr esta modificación, presentaron una demanda de “inconstitucionalidad” ante el Tribunal Constitucional Plurinacional, explicando que estas uniones no se permitían en la normativa boliviana.

Finalmente, en noviembre de 2017 el TCP, emitió su sentencia declarando la inconstitucionalidad del parágrafo II del art. 11 de la Ley de Identidad de Género en su frase “permitirá a la persona ejercer todos los derechos fundamentales, políticos, laborales, civiles, económicos y sociales” y restringió la aplicación de la norma únicamente al cambio de la identidad (nombre propio, dato de sexo e imagen) de las personas transexuales y transgénero.

Es decir, que la normativa solo permite el cambio de nombre y sexo, pero no los derechos que devienen con ese cambio, como por ejemplo el derecho a formar familia, contraer matrimonio, entre otros.

Al respecto, la representante de la red Trebol, Moira Andrade, señaló: “Si bien se tuvo la promulgación en la gestión 2016, a la llegada de la sentencia constitucional el año 2017 se han quitado esos derechos y para nosotros es preocupante ver que no podemos ejercer un pleno derecho como cualquier persona”.

Por tanto, la ley 807 quedó a medias, solo permitió un cambio de identidad, pero no se acompaña de los derechos fundamentales de las personas que realizan esta transición.

Otro problema: la ley no se aplica por falta de reglamentos

La Ley de Identidad de Género determinó que 17 instancias públicas deben realizar sus propios reglamentos para gestionar los cambios de nombre y sexo que soliciten las personas trans.

Sin embargo, de este total, solo la mitad lo han hecho.

Según el Informe de la Defensoría del Pueblo titulado “Ausencia de garantías estatales para el ejercicio del derecho a la identidad de género en Bolivia” (2021) “ sólo el 57% de las entidades públicas y privadas señaladas en el parágrafo V del artículo 9 de la Ley N°. 807 ha realizado la adecuación de su normativa interna y de su procedimiento interno con la finalidad de que se realice el cambio de los datos de la persona de oficio, mientras que el 38% de las entidades consultadas mencionaron no haber realizado adecuación alguna, y que una entidad no brindó información al respecto”.

Luna Humérez muestra su carnet tras el cambio de identidad FOTO: RRSS

Ahora bien, dentro de las ocho entidades que reportaron no haber modificado su normativa

interna, cinco son instituciones del área de la salud (CNS, CBES, Caja Petrolera, SSU, Caja Cordes), por lo que, en caso de recibir una resolución, ante la ausencia de la normativa y procedimiento, ésta no será procesada de oficio.  Es decir, no recibirán de manera adecuada atención médica.

Andrade reconoció que existe un buen trabajo en Sereci agilizando estos trámites, pero no es un común denominador, por lo que muchos solicitantes se encuentran con trabas, obstáculos y excesivos requisitos en las diversas instancias públicas que aún carecen de reglamentos.

Estos obstáculos también han plasmados en el informe mencionado. Entre algunos se destaca que ante la falta de reglamentos, muchos no han podido acceder a una atención adecuada en salud, se les ha pedido interminables requisitos y que generan gastos excesivos.

Un camino por delante

Además de las dificultades en poder ejercer su plena identidad en las instancias públicas competentes, la población trans aún sufre de altos índices de violencia. La Organización de Travestis, Transexuales y Transgénero Femeninas de Bolivia (Otraf) reportó que tiene registrados más de 70 casos de violencia contra las mujeres trans en los últimos 10 años. Sobre esto, Andrade explicó que un gran desafío que enfrentan como población trans es el tema de crímenes de odio y que existen muchos casos que no han recibido el seguimiento correspondiente.

Esto los pone en total vulnerabilidad y abandono. “Nuestros derechos no tienen que ser negociados con nadie, debe darse prevalencia del respeto a los derechos humanos, no queremos privilegios sino ser reconocidas porque somos parte de la sociedad”, apuntó Andrade.

Una conquista que va paso a paso

Hoy, casi seis años después de la promulgación de la Ley de Identidad de Género, Gabriel está feliz, lleva 8 meses de tratamiento hormonal y ya se notan los cambios. Actualmente, trabaja como administrador de empresas, tiene una pareja que lo apoya, compañeros que lo respetan y tiene metas personales, entre ellas: proteger a la población trans frente a la discriminación. “Yo creo que somos personas iguales a cualquier otro, no somos ni menos ni más, no tenemos algún defecto, quisiera que la población inculque a sus hijos el no discriminar, y enseñarles que hay personas con diferentes formas de pensar, de hablar, de vestir que quieren trabajar y vivir su vida como cualquier otro”, declaró Gabriel.

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