Mujeres futbolistas en Bolivia,
gambeteando la discriminación

Mujeres futbolistas en Bolivia

Esta investigación fue realizada con el apoyo del fondo concursable de la Fundación para el Periodismo (FPP) en el marco del proyecto Vida Sin Violencia, un proyecto de la Cooperación Suiza en Bolivia en alianza con la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ASDI), implementado por Solidar Suiza.

Por Brenda Molina y Luis Rodríguez

Foto de portada: Mauricio Olmos Barrios

Olga lleva puestas unas chuteras, desde que despierta hasta antes de irse dormir. Logró hacer de ellas parte de su uniforme de trabajo e indumentaria estudiantil, pues es de las poquísimas mujeres bolivianas que puede dedicarse al fútbol a tiempo completo.

No fue fácil llegar a este punto. Gritos, insultos, burlas, malas condiciones de entrenamiento y juego son la carga de la discriminación que las futbolistas bolivianas sufren a diario, con la esperanza de que la rama femenina de este deporte se profesionalice en el país. Sin embargo, a pesar de la brecha de género que enfrentan, el número de jugadoras crece de forma exponencial en Bolivia, año tras año.

Las bolivianas aman el fútbol al punto de gambetear la discriminación que sufren al jugarlo prácticamente desde la clandestinidad, sin salarios y dividiendo su rutina entre estudios y trabajos que les permiten sustentar a sus familias y a ellas mismas.

Cuando la situación económica se torna insostenible para ellas, sólo queda «colgar los cachos».

Pamela Ballivián, delantera del Club Bolívar. GENTILEZA PAMELA BALLIVIÁN

Olga y Pamela, fútbol 24/7

La yungueña Olga Mariscal, de 24 años, es entrenadora de fútbol por las mañanas. Desde este oficio puede transmitir su pasión a mujeres, hombres, niñas y niños de las comunidades de Palos Blancos, en Los Yungas de La Paz, y en Licoma Pampa, de la provincia Inquisivi.

Ella es delantera atacante en la primera división del Club Always Ready de la ciudad de El Alto. Entrena en el Complejo Deportivo Satélite todas las tardes, junto a decenas de sus compañeras con quienes comparte el mismo sueño de jugar en un estadio y llenar tribunas.

Por las noches, Olga estudia en el Instituto Técnico Nacional de Entrenadores de Fútbol Bolivia (INEF) para ejercer como DT profesional en un futuro.

«Me fui a Palos Blancos a entrenar niños toda la cuarentena. Allá tienen todo el apoyo de sus papás. Como son chiquitos ellos quieren venirse (a entrenar) a La Paz, pero no pueden por el costo, la mayoría no tienen casa, estabilidad…», relata.

Para Olga, «establecerse» dentro del ámbito futbolístico es urgente porque considera que «ya está en edad» de estabilizarse, más aún si se trata de un rubro que requiere bastante preparación física.

Del otro lado de la cancha, está Pamela Ballivián, procedente de Coripata, en Los Yungas de La Paz. Tiene una rutina similar a la de Olga y «su casa» futbolera es el Club Bolívar.

A sus 23 años, aguarda que Bolivia pueda tener una liga profesional de fútbol femenino, mientras se especializa para ser «una buena DT» y participa de distintos torneos cada vez con más garra.

«Mi meta es llegar a la Selección, marcar goles, gritar los goles, quiero salir campeona en este club», indica.

La Liga femenina del Club Always Ready entrena en el Complejo Deportivo Satélite,
en El Alto. LUIS RODRÍGUEZ

«Reservado para hombres»

Olga, Pamela y cientos de mujeres futbolistas en el país sufren discriminación de género de formas verbales y en redes sociales, pero sobre todo en el ámbito económico. El desinterés y la falta de inversión se reflejan en la dotación de uniformes usados y confeccionados para hombres, hacinamiento en alojamientos durante encuentros, torneos prácticamente relámpagos y mal manejo nutricional, entre otras muestras.

Por si no fuera suficiente, además de la violencia de género, algunas sufren discriminación por su color de piel y lugar de origen, como Pamela Ballivián.

«Siempre están las ‘bromas’ fundadas en falsas creencias que se tiene acerca de las futbolistas; que son masculinas, que son sucias, que se creen hombres. Son comentarios que realmente no son bromas, sólo son agresiones que la gente minimiza», es el relato de Flavia Morales, exguardameta del Club Real Tomayapo de Tarija.

Jugadoras del Club Always Ready previo al calentamiento. LUIS RODRÍGUEZ

Árbitras

El proceso de formación de las árbitras es relativamente económico y se preparan a la par de los varones, tomando las mismas pruebas y exámenes físicos. Ascender de categoría prácticamente no tiene un costo.

Sin embargo, uno de los requisitos para ascender al punto máximo, «árbitra FIFA», es ser juez de partidos masculinos. Aspecto que no suele agradar mucho a algunos hombres que se sorprenden y hacen malos comentarios cuando ven a jueces de partido mujeres ingresar a la cancha.

Seleccionadas de la Sub 20 (2021) entrenan en el hotel Los Ceibos, en Tarija.
BRENDA MOLINA

«Marimacho, a la cocina», se escucha en medio de los regates

“Marimacho” y “a la cocina”, expresiones altamente ofensivas y machistas, son dos de las frases que las jugadoras escuchan casi todos los días, ya sea en sus colegios, universidades y en el campo de juego, durante entrenamientos y partidos contra equipos rivales.

Varias de ellas aseguran que, actualmente, las hinchadas de otros equipos y las redes sociales se convirtieron en la mayor fuente de insultos discriminativos que, en muchos casos, llegan a afectar su autoestima y buen desempeño.

«Lastimosamente he tenido que vivir comentarios por parte del público, he recibido mensajes de acoso en Facebook e Instagram por parte de señores que siguen el fútbol femenino en Bolivia», lamenta Luana San Miguel, delantera del Club Jorge Wilstermann de Cochabamba y de la Selección.

Aunque las futbolistas más experimentadas aseguran que ciertas adversidades, como la violencia de género y las malas condiciones de entrenamiento y juego, las han hecho fuertes, reconocen que no se debe normalizar este tipo de actitudes sin importar de dónde provengan.

La ley 348 para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia establece como violencia simbólica o encubierta a los mensajes, valores, símbolos, íconos, signos e imposiciones sociales, económicas, políticas, culturales y de creencias religiosas que transmiten, reproducen y consolidan relaciones de dominación, exclusión, desigualdad y discriminación, naturalizando la subordinación de las mujeres.

Si bien no es un delito, sí constituye una infracción.

La exguardameta del Club Real Tomayapo, Flavia Morales. NOÉ PORTUGAL

Uniformes usados, rotos y de hombre

La dotación de uniformes confeccionados para hombres a las jugadoras, quizá no sea novedad. Sin embargo, muchas manifiestan su vergüenza al verse obligadas a vestir prendas que ya fueron usadas por ellos antes, en mal estado, rotas y con olor a sudor.

«Nos dan uniformes usados de los hombres. Hasta ahora no me ha tocado la selección en la que nos den uniformes de mujer a estrenar o aunque sean usados, pero de mujer. Siempre nos ha tocado uniformes de hombres, siempre está el ‘tienen que cuidarlos porque son de los chicos’ o ‘tienen que devolverlos porque son de los chicos'», señala Flavia Morales.

En los últimos años, muchos clubes mejoraron las condiciones de dotación de material para las jugadoras. El problema parece hacerse más evidente cuando son convocadas para torneos nacionales y la responsabilidad de ello pesa sobre autoridades de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) y Viceministerio de Deportes.

María Fernanda Reichl, actual guardameta del Club Wilstermann, denuncia que, anteriormente, junto con sus compañeras, pasó por varias situaciones precarias en distintos torneos, como el hacinamiento y malas condiciones de higiene.

«Fuimos toda la delegación de Cochabamba y nos alojamos en un colegio, era increíble porque estábamos en un curso y teníamos colchones en los que dormíamos en el piso, uno al lado del otro, las chuteras en la pared y todas lado al lado. Las condiciones para la higiene, el baño 2 o 3 duchas para un equipo de 22 o 20 jugadoras», relata, a tiempo de recordar otra concentración en la ciudad de Oruro en la que debieron dormir debajo de las graderías de un complejo deportivo.

Tanto Flavia Morales como María Fernanda Reichl hacen una cotización aproximada de las cantidades de dinero que suelen gastar cuando necesitan nueva indumentaria futbolera, ambas son arqueras y hay elementos específicos que elevan los costos en sus presupuestos.

Solo un par de medias tiene un precio de Bs 40, canilleras 90, zapatillas 230, conjunto deportivo 120, par de guantes 300, calza deportiva (para usar dentro del corto) 120 y vendajes 50. Todos los elementos suman fácilmente casi mil bolivianos, considerando que los montos corresponden a marcas de mediana duración.

El presupuesto mencionado deja de lado los costos de fisioterapia en caso de lesiones, que tienen un precio mínimo de 50 bolivianos, llegando a necesitar cada jugadora al menos 10 sesiones; o radiografías con resonancia, en casos extremos, que tienen precios de hasta Bs 2.500.

Encuentro deportivo Wilstermann vs Astor, en Cochabamba. NOÉ PORTUGAL

Los prejuicios y la brecha de género que manchan la pelota

Damiana Zambrana, exjugadora y exentrenadora de fútbol, formó parte de los primeros clubes femeninos de primera división en Santa Cruz y Cochabamba, entre los años 1997 y 98.

Dedicó gran parte de su vida al fútbol y relata sucesos similares a los que sufren las futbolistas actuales, demostrando así que casi 30 años después, la brecha de género en este deporte está casi intacta.

«En (algunos) torneos no había alojamiento, siempre nos tenían en un complejo como el de Santa Rosita de Santa Cruz, donde las camas (eran) unidas y tienen que entrar las 22 jugadoras que llevamos. Los del cuerpo técnico dormían afuera, donde era un gimnasio y en los colchones. Es una verdadera pena», relata

Asimismo, Zambrana replica las mismas quejas acerca de la dotación de uniformes, usados y en tallas «extremadamente grandes».

Cuando algún club más pequeño no cuenta con su propio complejo y las dirigencias «no abastecen», son las mismas jugadoras las que deben pagar el alquiler de canchas y el arbitraje.

En el caso de las canchas auxiliares del estadio Félix Capriles de Cochabamba, por ejemplo, algunos encargados suelen abrir las puertas mucho más tarde que la hora fijada para los partidos y no extienden el horario de alquiler para las jugadoras, teniendo que reducir el tiempo de juego. Sucede lo mismo con muchos árbitros que llegan tarde a los encuentros y se les debe pagar igual.

Partido de Wilsterman. NOÉ PORTUGAL

Las más jóvenes

Son las jugadoras más jóvenes, de los equipos sub 17 o sub 20 las que guardan mayor ilusión.

En una visita a jugadoras de la Selección Boliviana sub 20 en Tarija, antes de su viaje al torneo sudamericano en Chile a mediados de abril, se pudo constatar que las futbolistas de divisiones menores tienen mayor dificultad para identificar la violencia de género a través de insultos o bromas de mal gusto. Muchas de ellas incluso normalizan la discriminación como chistes y optan por «dejarlos pasar».

Torneos relámpago

Además de los torneos organizados según divisiones, como la sub 17 o sub 20, uno de los más esperados es la Copa Simón Bolívar femenina que se realiza una vez al año con sedes variables.

Hasta 2021, para las mujeres este torneo duraba sólo seis días, para los hombres varios meses. No deja tiempo para su recuperación física.

De este torneo participa sólo un equipo por departamento y la ciudad anfitriona puede inscribir dos, para sumar 10 competidores.

El equipo campeón de la Copa Simón Bolívar, tiene tan sólo dos semanas para volver a prepararse y participar de la Copa Libertadores de América femenina en el exterior.

La preparación física especializada y continua produce campeonas

Varios entrenadores lamentan la corta duración de los torneos, que no permite sacar el verdadero potencial de las jugadoras. Explican que la forma correcta de preparar a un campeón y campeona del fútbol se trabaja al menos desde los 15 años, con arduo trabajo y continuidad en entrenamientos.

Con las mujeres «la parte que es aeróbica, no es lo mismo ya que en lo masculino se tiene jerarquía y saca esa potencia y en las chicas chicas hay que trabajar para que saquen de a poco esa fuerza y puedan ellas ir asimilando en el terreno de juego», indica Rómulo Charupi, preparador físico de Always Ready, a tiempo de subrayar que el trabajo debe ser variable durante los ciclos menstruales de las jugadoras.

Darko Prada, entrenador del Club Bolívar femenino, coincide en que el entrenamiento de las futbolistas, como todo deporte, debe ser continuo y sin abandonos. «Por ello se debe garantizar la asistencia de las chicas a los entrenamientos, que coman bien, que se sientan bien, si tienen algún problema económico lo comparten y siempre tratamos de ayudar para que no dejen de venir a entrenar», señala.

Proyectos promesa

Algunas de las conclusiones y proyectos mencionados tras el Primer Encuentro por el Fútbol Femenino, realizado en marzo entre representantes departamentales, árbitras ABAF, entrenadoras, futbolistas y Círculo de Periodistas Deportivos, están orientados a fomentar la permanencia de jugadoras en esta práctica deportiva.

Entre los principales proyectos está el elaborar y gestionar proyectos que impulsen el desarrollo del fútbol femenino, además de capacitaciones específicas para entrenadoras, preparadoras físicas, árbitras, dirigentes y futbolistas en el país. También se habló de tramitar permisos de trabajo y estudio para las deportistas, jueces y entrenadores convocados para competencias internacionales.

Asimismo, se prevé apoyar en la preparación, concentración y competiciones nacionales e internacionales, poniendo a disposición infraestructuras deportivas del Viceministerio de Deportes y garantizar pasajes a futbolistas que tengan la posibilidad de probarse y ser parte de equipos femeninos del exterior.

Alternativas

En su búsqueda de “brillar” y generar ganancias, las jugadoras tienen dos alternativas. La primera opción es visibilizarse con equipos del exterior para fichar y cumplir sus sueños fuera del país.

La segunda opción es dejar los clubes para jugar en OTB, barrios y en torneos de zonas rurales, en el campo, donde reciben pagos de hasta 300 y 500 bolivianos por partido.


Apuntes

  • Un equipo. Bolivia participa de la Copa Libertadores de América femenina sólo con un equipo de fútbol, a diferencia de los demás países de la región que llegan a inscribir hasta cuatro. Para ampliar su participación, el país tendría que ganar el torneo o al menos ser finalista en un buen puesto, entre segundos y cuartos.
  • 200 Jugadoras. Las jugadoras de primeras ligas de fútbol boliviano sobrepasan las 200, según el COMET, sistema de registro de futbolistas en el país. Sin embargo, jugadoras de la división mayores, con más experiencia, nunca accedieron a estas listas, por lo que se estima que son muchas más, informa la encargada de fútbol femenino de la FBF, Danitza Solís.
  • Normalizar la violencia. Normalizar la violencia de género se ha vuelto muy común incluso dentro del fútbol femenino en el país. Según la jugadora y árbitra de la división mayores Danny Pedraza, muchos entrenadores rehúsan formar mujeres indicando que son “problemáticas”, y durante las concentraciones, “suelen usar burlas e insultos machistas, disfrazados de chistes”.
  • Mejores condiciones. Algunos clubes, como Wilstermann, Always Ready y Bolívar, entre otros, suelen destinar bonos de alimentación y transporte, que se aproximan a un sueldo mínimo. También otorgaron seguro médico y contra accidentes.
  • Sin inversión. Entre toda la “amargura”, jugadoras y entrenadoras no olvidan que el fútbol en Bolivia no deja de ser una actividad privada que depende de sponsors y dirigencias. Sin embargo, hacen un llamado al Estado para mejorar.

Para este reportaje se solicitó una entrevista con la viceministra de Deportes Cielo Veizaga, desde el 21 de marzo por casi un mes. La misma fue negada bajo el argumento de falta de tiempo. De la misma forma, el presidente de la Federación Boliviana de Fútbol, Fernando Costa, esquivó la solicitud.

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