Mi último año fue devastador

Bachiller 2020 pasando clases online desde la comodidad de su casa, pero a la vez distraído por los aparatos que tiene a la mano.

Por Marcos Enrique Carrasco Dunois

Algunos bachilleres en 2020 se encontraron con la repentina ruptura de sus planes y la inminente adaptación a clases virtuales poco conocidas. Ellos relatan cómo ha sido la travesía educativa y emocional durante la pandemia del coronavirus.

Sebastián Rivera, bachiller 2020 del colegio La Salle de la ciudad de La Paz, estaba entusiasmado pues tenía planes con sus amigos de la infancia para el fin de semana. Por la noche del jueves 11 de marzo volvía a su casa, pensando en eso.

Al día siguiente, después de clase, ya se acercaba el timbre de salida y la diversión de aquel día recién estaba por comenzar, pero toda su emoción se fue para abajo. El colegio dio una nota en la que por órdenes del Gobierno, se suspendían las clases hasta fines marzo. Lo que él no sabía, para ese momento, es que se acercaba un año lleno de retos y cambios.

“Al principio, pensaba que iba a ser una o dos semanas de supuesta pandemia, pero luego fueron dos meses, tres meses. Te ibas dando cuenta que no ibas a volver nunca. Fue difícil de aceptar”, relata Rivera con decepción por cómo su planeado año de bachiller fue abruptamente cancelado.

El bautizo de marzo estaba cerca, tenían todo organizado, no les faltaba nada. Incluso la toma de nombre estaba planeada y los trajes listos para estrenarlos aquél día, pero todo se les quedó en simples planes. “Me quedé con mi traje hecho, está guardado en mi ropero”, cuenta Fátima Reguerin, bachiller del colegio Hugo Dávila. Una joven más que narra, con sabor a poco, la historia de cómo le fue arrebatado su mejor año escolar.

“Nadie esperaba que esto pase. La verdad cuando nos enteramos que había un virus, que se había originado en China, pensamos que no iba a llegar a Bolivia. Y cuando llegó acá, se frustraron muchos planes. La graduación, la toma de nombre, varias actividades que realiza nuestro colegio. Todo se arruinó. Nuestra situación fue especial porque justo estábamos en la promoción”, cuenta decepcionado Arturo Rodríguez, bachiller del colegio Loretto.

Los estudiantes bolivianos no fueron los únicos afectados, pues los planes de otros estudiantes, como en Argentina, también se destruyeron. “El año pasado ya lo palpitábamos: estábamos pagando el viaje, diseñando las prendas de la promoción, viendo salones para la fiesta de egreso. Todo el verano estuve pensando en eso”, dice Francina (nombre ficticio) a Red/Acción, periódico digital argentino, en una entrevista. Ella es estudiante de la promoción 2020 en Córdoba, Argentina.

Para Fátima Reguerin fue algo incómodo entrar en clases virtuales pues tenía una vida muy activa. Salía de casa a las  seis de la mañana para entrenar y después iba al colegio. Al terminar la escuela, almorzaba rápido y se dirigía a sus clases extracurriculares. Después iba a sus últimas lecciones extra en la noche. Regresaba a su hogar y se ocupaba de sus cosas. “Dejar de asistir al colegio, dejar de hacer mis actividades, para mí fue supercomplicado, me estresé bastante estando en mi casa. No había nada qué hacer”, dice.

Jacob Apala, bachiller del colegio Vida y Verdad, sintió mayor confortabilidad con el tema de las clases virtuales. Cuenta que se sentía libre de ese ambiente presionado del colegio, y que estaba relajado en casa. “Además, si un profesor te hace alguna pregunta tienes la computadora a la mano y puedes preguntar a internet el momento que quieras. Entonces te sientes más cómodo en tu casa”.

Arturo Rodríguez, por su lado, sintió que al principio parecía algo cómodo pues podía apagar su cámara y micrófono, para pasar tranquilamente desde su cama o el sillón de su sala, pero después entró en cuenta de que el aprendizaje virtual era más incómodo y difícil. “Primero por el aspecto de aprender, era más difícil, la verdad no se aprende igual. Además, que la conexión a veces les fallaba a los profesores, a veces no había clases. Por eso pienso que es mucho mejor presencial”, comenta.

Por otro lado, están los profesores de colegio, que al igual que los jóvenes se vieron complicados por las clases en línea. “Muchos no sabían usar las aplicaciones”, “no estaban capacitados”, “algunos de ellos, no todos, no tienen paciencia. Si alguien se atrasaba a alguna clase, lo botaban”, son algunas de las declaraciones de los bachilleres entrevistados.

No solo fue un problema nacional sino regional (Latinoamérica). “Es un cambio drástico. De lo presencial a lo virtual. En especial porque las clases virtuales no se dan de la forma correcta. Al menos esa es mi opinión. No hay horarios y los maestros solo dejan trabajos y más trabajos, de modo que no hay comprensión de los contenidos por parte de los estudiantes”, lamenta Camila Morales, estudiante del colegio Managua (Nicaragua), en una entrevista con el periódico digital El País.

Un cambio de paradigma

Andrea Carpio, psicopedagoga y coordinadora académica del colegio Vida y Verdad, cree que se está presentando un cambio de paradigma en la educación. Se necesita que los profesores se vuelvan productores de contenido y tengan un buen manejo de la tecnología.

“Es importante que produzcan este material para formación en línea, porque algunos docentes caían en el error de impartir la clase que hubiera dado de manera presencial, que dura 45 minutos y los estudiantes no van a estar viendo un video 45 minutos.  A no ser que lo hagas mucho más didáctico, con sonidos, imágenes, movimientos. Los profesores tendrán que aprender estas herramientas de entretenimiento”, dice Carpio.

Ximena Blacutt, psicóloga en educación afirma que los contenidos deben ser bien medidos y con elementos que llamen la atención. “Las neurociencias están brindando muchos métodos para poder tener las clases, como los quizzes (herramienta lúdica para evaluar el conocimiento sobre un tema en concreto), los juegos, los exámenes que después de cada clase han sido herramientas para garantizar al profesor que sus estudiantes están prestando atención”.

El futuro

El momento en el que se clausuró el año escolar fueron muchas las reacciones que tuvieron los estudiantes de la promoción. Para Mauricio Rodríguez, licenciado en Comunicación Social y Literatura, docente en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y profesor en el colegio Vida y Verdad, la situación es preocupante.

“Es un problema enorme el que se ha gestado. Primero porque estás mintiendo a los estudiantes de la promoción diciéndoles que están habilitados para entrar a la universidad. Si ya con los 200 días regulares de clases se les hace difícil ingresar a la universidad a los estudiantes, que les hayas quitado la posibilidad de una mejor educación, complica”, afirma Rodríguez.

El profesor considera que para la elaboración de la Ley de Reforma Educativa Avelino Siñani no existió un consenso entre la universidad y el colegio. Probablemente se abrieron varios institutos para nivelación. “La mayoría de universidades privadas van a tener que crear paquetes de nivelación para que los estudiantes puedan adquirir ese conocimiento”.

“La creación de estos paquetes provocó una competencia con los colegios, sobre todo en el último curso, la promoción”, expresa Andrea Miranda, psicóloga y experta en orientación vocacional. “Tanto los colegios como las universidades lanzaron ofertas para preparar a los bachilleres para su nueva etapa universitaria”, añade.

Por lo que ella recomienda a los nuevos bachilleres que se adapten en el rubro y en el ámbito en el que se desempeñen. “Una palabra muy importante acá es la resiliencia y la adaptabilidad que ellos puedan tener, que no solamente lo van necesitar a nivel de la formación prebachillerato, sino también a nivel emocional”, dice la profesional.

Los mismos estudiantes que han pasado por este proceso afirman estar contentos con algunas de las plataformas presentadas en las clases virtuales. Expresan que les gustaría poder quedarse con ellas cuando se trasladen nuevamente a las clases presenciales.

“Yo creo que sí va a ser necesario usar estas herramientas. Incluso en el tema de entregar las tareas por la plataforma, eso sí debería mantenerse”, dice Sebastián Peláez, bachiller de la Unidad Educativa del Ejército. Los bachilleres 2020 han pasado por situaciones difíciles y tuvieron que adaptarse a los avances tecnológicos en educación. Todo esto se les venía encima a pesar de la poca capacitación de algunos de sus docentes. Al día de hoy, son jóvenes que, por un año, se capacitaron para aceptar el cambio.


Este es un reportaje de Marcos Enrique Carrasco Dunois, estudiante de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana, regional La Paz. Su publicación fue posible gracias a un acuerdo entre esta casa de estudios superiores y La Nube. El reportaje se realizó entre octubre y noviembre de 2020.

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Una respuesta a «Mi último año fue devastador»

Muy buena redacción de la información y el tema es de la problemática actual que enfrenta la juventud y los administradores de colegios. Buen aporte.

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