La fiebre del oro en las faldas del Illimani

El Cantón de Cohoni es una población ubicada a 76 Km al sur de la ciudad de La Paz, por virtud ancestral es el guardián del Illimani que se traduce como “Illa Umani”, “Dueño del agua” o “Awicha madre del agua” (Kessel y Enriquez, 2002:55). Allí se produce hortalizas, flores, papa y haba, productos muy buscados en los mercados paceños por estar regados con aguas de nuestro achachila más representativo, y digo nuestro porque cada paceño lo asume como parte de su identidad.

Por sus alrededores se puede observar su gran pasado. Todas las montañas que la circundan tienen terraceos de la época prehispánica que hablan de una producción magnífica (seguro para mantener los imperios ancestrales), pero que en la actualidad se encuentran abandonados. Ya en la colonia fue lugar de explotación de plata por los españoles que luego se asentaron en el lugar, diseñando la actual estructura que tiene (extraído del libro Cohoni hija del coloso cristal de nieve de A. Luis Muñoz Fernández, 2003). En la época de la República su importancia como granero y ubicación geográfica (los viajes a Cochabamba se los hacía por esta región) hizo que muchos presidentes tuvieran sus casas de campo en estos parajes (Mcal. José Antonio de Sucre, Mcal. Andrés de Santa Cruz, Mcal. José Ballivián e Isidoro Belzu) y fue otro paraíso del latifundio y el progreso de los hacendados debido a la fertilidad del lugar y  a la semiesclavización que significó el pongueaje.

Desde sus laderas se puede observar al Illimani en su real dimensión en sus cuatro picos, Cohoni debe su nombre a la castellanización de la planta nombrada como Kóa (muña), que es muy abundante por el lugar (Cohoni hija del coloso cristal de nieve de A. Luis Muñoz Fernández. 2003).

Desde muy niño y hasta estos días, yo transito por estos parajes disfrutando de lo que la Madre Tierra nos dio y nos da, deslumbrado por el vuelo de los cóndores y las místicas montañas muy semejantes a Cuzco y Machu Picchu y con la fe en que Cohoni siga siendo el pueblo centinela del Illimani.

La fiebre entendida como un síntoma de una “enfermedad” ya llegó a las faldas del Illimani. Resulta que una empresa minera desea “invertir” en el lugar, ya que se encontró una gran veta de oro y propuso a los pobladores explotar la misma bajo la modalidad de cooperativa. Dicha empresa pagaría los costes de la explotación y un pequeño porcentaje del oro quedaría en manos de los cooperativistas, que de seguro serán la mano de obra barata. Es bueno dejar en claro que hasta estos tiempos, del lado visible del Illimani desde La Paz nunca se había explotado oro, siendo el otro lado del Illimani —visible desde los Yungas— el lugar tradicional de explotación de minerales. En la actualidad las comunidades componentes de Cohoni analizan la posibilidad de explotar el codiciado mineral, pero este análisis carece de un verdadero asesoramiento, ya que hasta el momento la única que expuso las “bondades” de la explotación del oro fue la empresa interesada en sacarlo, generando en la población varias opiniones sobre el tema. Lo que no menciona esta empresa es que, como ha sucedido en toda la historia de Bolivia, la minería jamás dejó algo positivo más que desolación, explotación y unos cuantos ricos dueños de los medios de producción. Basta ver lo que ocurre en el norte paceño (Guanay, Mapiri, Mayaya, etc.), donde solo reina la contaminación del agua por mercurio, la prostitución, las cantinas, feminicidios y las destrucción de las familias.

El Centro de Documentación e Información Bolivia CEDIB, presentó el estudio Nevados/glaciares en la mira extractivista en 2017, donde realizó un análisis documentado del interés de empresas chinas (Yunnan Chihong) disfrazadas de empresas nacionales como Comabol, D Cobre Y Yang Fan, en iniciar la explotación del oro en el Illimani y las concesiones mineras entregadas a manos de privados y cooperativistas que no son necesariamente del lugar.

Considero vital que los pobladores sean informados de lo que genera la minería del oro, sobre todo con los desechos del mercurio, ya que Cohoni tiene como base fundamental su producción agrícola y que “las aguas del Illimani” riegan sus cosechas, esto en directa aplicación a los derechos indígenas de información y decisión establecidos en la Constitución Política del Estado (artículos 3, 21.6, 106, 224.4) y por sobre todo el derecho a ser informados transparentemente sobre los pros y contras de estas actividades en sus territorios. Recuerdo que hace unas décadas se propuso la construcción de una represa a los pies de la Jalancha (caída de agua de unos 400 metros al pie del Illimani) y que dicha construcción fue rechazada justamente por considerarse vital el agua que baja de las nieves ya no tan eternas del Illimani. Esta explotación ya viene generando destrozos al patrimonio ancestral, ya que por los senderos preincaicos existentes en el lugar (Historia de la Vivienda y los Asentamientos Humanos en Bolivia de T. Gisbert, 1988) fueron destruidos para ensanchar el camino que irá al socavón de donde se extraerá el preciado metal que en tiempos pasados constituían los caminos del Inca o Qhapaq Ñan.

Cada población define su futuro y la de Cohoni, al ser centinela del illimani, debe ser informada sobre las consecuencias ambientales, sociales y económicas que conlleva la economía basada en la extracción del oro. Yo por mi lado sueño en seguir transitando por estos místicos lugares observando las riquezas, el vuelo de los cóndores como augurio de mejores tiempos y a sus pobladores que labran la tierra para alimentar a esta ciudad.

El artículo 1ro de la ley de la Madre Tierra (300) establece: “La presente Ley tiene por objeto establecer la visión y los fundamentos del desarrollo integral en armonía y equilibrio con la Madre Tierra para componentes y sistemas de vida de la Madre Tierra, recuperando y fortaleciendo los saberes locales y conocimientos ancestrales…..”, aún es tiempo de cuidar a la Madre del Agua, Illa Umani o Illimani y sus guardianes de Cohoni.

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