Estudiantes y docentes, exhaustos del computador

Por Gongora Isamar

Suena la alarma, es martes, son las 08.00 y la jornada está a punto de comenzar. Minutos antes de que empiece su clase, Camila se prepara un café caliente que, con un olor intenso y mucha azúcar, la despierta de golpe. Tiene el vaso a un lado, el cuaderno al otro y en frente, la pantalla de su computador. Posee toda la esperanza de que su conexión a internet sea lo suficientemente fuerte para escuchar la clase entera, y programa su mente con la lista de objetivos por cumplir, mezclados con los deseos de volver a la normalidad.

Debido a la pandemia del coronavirus, el 2020 trajo consigo varios retos, uno de ellos fue la educación en línea y un producto de este hecho fueron los bajos niveles de rendimiento académico, en algunos casos. El cambio repentino de rutina y la mala organización de los horarios de las clases son aspectos que impactaron en la productividad estudiantil. 

“Con lo que estás en casa pierdes un poco el rumbo porque estás en tu mundo, entonces tiene más que ver tu familia porque te interrumpe, y yo sé que no lo hacen a propósito, pero igual pasa, es todo un desorden”, afirma afligida Gabriela Berdeja. Ella tiene 19 años, es estudiante de Comunicación Social y su rendimiento académico bajó durante los semestres de este año a comparación de las clases presenciales. Los primeros meses de la pandema fueron bastante duros para ella, se sentía agotada al pasar su día entero enfrente de la pantalla de su computadora.

Según el artículo La educación en tiempos de pandemias: visión desde la gestión de la educación superior, escrito por Herberth Alexander Oliva, la educación se debe transformar para lograr su cometido en periodos complejos como la pandemia. Con ella no solo se transmiten los contenidos, sino que les corresponde a los docentes impulsar a los estudiantes a tomar el mando de su situación. Mediante la autocrítica y la voluntad, las nuevas generaciones tienen la posibilidad de fortalecer el proceso de enseñanza.

Sin embargo, aparecen retos diferentes para cada persona. Camila Mariaca, de 20 años, es estudiante de psicopedagogía. Faltó a varias clases, se retrasó en algunos proyectos y teme por su familia constantemente. Ofreció ayuda en su casa, aceptó ir al mercado todos los lunes para abastecer las necesidades de sus padres. Se negó a la idea de que ellos contraigan el virus por su culpa, no va a permitir que eso suceda. “¿Qué pasa si tu papá o tu mamá se enferma? Gracias a Dios a mí no me tocó eso, pero yo me puse a pensar mucho en esa realidad”, sentencia con la voz algo llorosa. Intentó explicárselo a sus docentes y no la escucharon.

Superación

Los factores psicológicos como socioemocionales también son razones por las cuales el rendimiento de un estudiante baje durante este periodo. “La ansiedad y el estrés que se perciben en el ambiente con la situación del coronavirus juegan en contra de su motivación a la hora de estudiar desde casa”, expresa el artículo escrito por Carolina Pinedo, Cómo motivar a tus hijos para que estudien durante la cuarentena.

La psicóloga Scherezada Exeni destaca que existen personas que no tienen la capacidad de afrontar el cambio de rutina fácilmente, lo que conlleva a una falta de motivación y de disciplina. La experta asegura que ellos necesitan realizar diferentes actividades a un tiempo determinado. Entonces, es crucial que primero se hagan cargo de sus emociones y que luego establezcan lo que deben elaborar.

Después del primer semestre, Gabriela notó que debía cambiar su rutina y organizar su tiempo; agarró sus cuadernos, tomó aliento y se puso a trabajar. En un principio estaba lejos de su familia, tenía depresión y la montaña de deberes crecía y crecía. Por su mente pasaron los pensamientos de abandonar algunas materias, pero cobró las fuerzas necesarias para reanudar sus tareas y aprobó todo. 

“Es algo que es muy fuerte, yo lo sentí muy fuerte y sentía que ya no tenía sentido y por eso quería dejar muchas cosas”, declara Gabriela.

Docentes

El caos de la pandemia quebrantó cada fragmento de lo cotidiano pues no solo la vida de los estudiantes fue afectada, también la de los docentes. Los hogares se convirtieron en las nuevas aulas y la pizarra fue remplazada por el computador.

Guadalupe Peres Cajías es docente en la carrera de Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana (UCB) en La Paz. Sintió la presión desde el primer día en el que se dio cuenta que todo era diferente. Afirma que fue complicado, ella no solía prender la cámara porque no creía que era importante, tuvo que reformular sus contenidos para adaptarlos a una nueva plataforma, asistió a varias capacitaciones y dio todo de sí para proporcionar las mejores condiciones a sus estudiantes. Ahora, lo primero que hace al iniciar su clase es encender su cámara para poder ver a los ojos a sus alumnos y mantener la humanidad de esa interacción, aunque sea al frente de una pantalla.

“Yo amo dar clases y creo que soy muy buena haciéndolo, pero creo que parte de mi capacidad para darlas bien tenía que ver mucho con mi manejo en aula. Extraño llegar y hablarles fuerte, cambiar el tono, y la pizarra y colores”, menciona Peres.

Con una mirada similar Ximena Soliz, docente de psicopedagogía en la UCB en La Paz percibió la pandemia como un reto. No le resultó una renovación simple de efectuar, recurrió a sus hijos por ayuda, consiguió nuevas herramientas y, sobre todo, comprendió que sus estudiantes también estaban pasando por algo parecido, por lo que trató de mantenerse en contacto con todos ellos. “No hay una indiferencia, sino hay una preocupación para que todo el equipo salga adelante”, detalla.

Ximena resalta el significado de la docencia en estos tiempos y cree que se debe impulsar a los estudiantes a persistir. “Tenemos que impulsar a nuestros alumnos a salir adelante, a tener una nueva mirada, una nueva esperanza, una nueva perspectiva; de no dejarte estar, más bien de aprovechar una situación atento para un crecimiento, es como forzarte a ir más allá”, explica la docente.

Consejos

Roos Saavedra estudiante de psicopedagogía de 19 años muestra el lado contrario de la moneda. Mantiene su ambiente impecable, abre sus ventanas, carga sus dispositivos electrónicos, prepara su material y comienza con lo que indique su horario. Ella organiza cada clase, tarea, proyecto o examen que tiene. Al lado de su escritorio está el papel impreso con el que guía su jornada.

Roos logró subir su promedio durante los semestres de este año. Admite que esto no fue sencillo, pero intenta mantenerse organizada y contenta, ya que atribuye a ese factor su buen rendimiento. “Creo que el manejo del tiempo es lo mejor y lo óptimo que puedes hacer para mejorar tu rendimiento académico”, aconseja.

En la publicación de Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) llamada Educación en tiempos de COVID-19 se recomiendan algunos pasos a seguir para mejorar la experiencia académica durante la pandemia. Primero, resalta la importancia de la salud emocional que puede ser, incluso, más vulnerable ahora debido a la cantidad de información a la que se está expuesto. Además, propone la idea de crear un espacio adecuado para el estudio, determinar una rutina y fomentar el ejercicio como otras actividades.

Darlyn Alanez mejoró sus notas durante los últimos meses. Ella es estudiante de Comunicación Social y tiene 20 años. Recomienda encontrar actividades relajantes para lidiar con el estrés de la pandemia. También cree que la organización de horarios es vital, su forma favorita de hacerlo es usando su bullet journal en el cual consigue expresar su creatividad llenándolo de colores y dibujos. De esta manera, convierte una rutina monótona en un precioso espectáculo para sí misma.

Es un proceso que requiere planificación. La psicopedagoga Rocío Carranza afirma que un estudiante primero debe identificar sus dificultades, luego tiene que determinar sus objetivos específicos y, con un horario, llegará a mejorar su rendimiento académico. 

“Es más difícil estar en un ambiente de casa donde hay gente que circula, hay ruidos que a veces no puedes controlar, hay mascotas, hay personas que también estén trabajando”, indica Carranza.

Realidad

El contagio aún es un peligro inminente. Es por esto, que las clases presenciales todavía no pueden llevarse a cabo. Sin embargo, existe la suposición de que pronto se implementaría un sistema híbrido en la UCB en La Paz. Guadalupe y Ximena apoyan totalmente esta idea. 

Este sistema supondría una combinación entre las clases presenciales, para la práctica, y en línea, para la teoría. 

La pandemia del coronavirus significó una gran variedad de cambios. Los niveles de rendimiento académico bajaron de algunas personas por el giro inmediato que tuvieron que realizar en sus rutinas, prácticamente,con los ojos cerrados. 

Es un hecho que durante la pandemia cambió la vida de todos.ef La enfermedad generó desafío completamente nuevos que obligaron a la transformación, adaptación y desarrollo de nuevas actividades. Nadie vio venir la tormenta que se avecinaba; no lo hizo Gabriela, no lo hizo Camila, tampoco Roos ni Darlyn, ni Guadalupe o Ximena. La diferencia la hace la persona. No todos pasan por lo mismo, pero cada uno obtiene maneras de salir de sus aprietos.

Este es un reportaje de Isamar Gongora, estudiante de Comunicación de la Universidad Católica Boliviana, regional La Paz. Su publicación fue posible gracias a un acuerdo entre esta casa de estudios superiores y La Nube. El reportaje se realizó entre octubre y noviembre de 2020.

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