El taller de bicicletas (o el taller Bici-Coni)

En el Día mundial de la bicicleta, 3 de junio de 2022

Cuando comencé a arruinar bicicletas la única persona que podía arreglarlas era mi tío Hans. Tal vez él no las arreglaba, pero él hacía que alguien las arreglara. En los peores casos, él las mandaba a soldar. Esa bicicleta en particular se rompía cada vez. La bici se quedaba en Calacoto. El siguiente fin de semana estaba arreglada para dar incontables vueltas alrededor de la casa de la abuela.

Algún rato la bici se arruinó irremediablemente. Meses después se consiguieron otras bicis de talla adecuada para cada sobrino y en vez de dar vueltas a la casa comenzamos a hacer “viajes” hasta el velódromo de Alto Irpavi. Hicimos amistad con otros niños que iban a competir y a los papás de ellos, que adecuaban las bicis para ellos. Allá vivía un hombre al que todo el tiempo lo veía arreglando bicis.

La próxima bicicleta en arruinarse era la Zotta argentina. El marco se doblaba, no estaba pensado para la energía y ganas de aventura de los años juveniles. Con mi hermano Ariel la desdoblamos y bastante seguro que con nuestro papá la hicimos reforzar. ¿En qué taller? No lo sé. Un día me animé a hacer el largo viaje entre Sopocachi y Calacoto. Al llegar se rompió una biela. ¡Más bien se pudo remplazar con otra que era más larga!

Por entonces conocí un negocio en la avenida Buenos Aires, donde compraba repuestos y con mi hermano hacíamos algunos arreglos. El abuelo contribuyó a ello regalándonos herramientas. El patio de la casa de Sopocachi se convertía por algunas horas en taller, pero nuestra falta de conocimiento y la gravedad de los problemas hicieron que las abandonáramos. No había nadie a quien acudir. La Zotta azul fue colgada en una pared en Calacoto y titulada Dernier Model (último modelo en francés) por mi primo Nilo.

El auge del ciclismo llegó el año 92, por lo menos para mí. Participé de la primera carrera de bicimontaña con una bici prestada. El Vati, en alemán nuestro papi, compró dos bicis Santosa y adecuó el escarabajo para llevarnos a todas las carreras. No nos perdíamos ni una. Se volvió imprescindible tenerlas a punto. En una carrera varios de los premios eran vales de compra en una tienda de repuestos, juntamos lo conseguido y los canjeamos por herramientas.

Alguna vez llegamos empapados y las bicis puro barro. Las dejamos a la entrada …. y eso dio pie a que el Vati pidiera a su albañil habilitar una puerta hacia la antigua despensa de la casa de la abuela y ponerle un piso de cerámica. Claramente se había disgustado, pero encontró la forma de canalizar su disgusto y de darnos un ambiente para el futuro.

Nació el taller Bici-Coni y se convirtió en el centro de reuniones de los amigos ciclistas. Supongo que cada uno aportaba con sus conocimientos porque la necesidad y demanda de tener bicis listas para las carreras era imperiosa. Las revistas especializadas eran leídas con cuidadoso detalle y los consejos puestos en práctica. Creo haber leído que una prensa es lo que hace a un taller un taller. Lo compré en la Isaac Tamayo con plata rascada y lo instalé feliz en la mesa de trabajo. Cuando necesitábamos alguna herramienta había que fabricarla. Por suerte no eran muchas, pero siempre muy engorroso.

Mientras estuve en Alemania mi hermano usó el ambiente para sus experimentos y arreglos. A mi regreso, con los conocimientos aumentados, también aumentaron las herramientas, los repuestos y las posibilidades de arreglar cosas: triciclos, patinetas, sillas de ruedas, mesas. Arreglar cosas es un pasatiempo, pero se ha convertido en un trabajo y al mismo tiempo es una labor social. De vez en cuando llegan ciclistas con sus bicis arruinadas y con solo una moneda en el bolsillo.

No es difícil arreglar una bici, tampoco se necesitan miles de herramientas, sin embargo se necesita tiempo y dedicación. Siempre un problema es el extremo del ovillo. Conseguir repuestos –a veces en la feria y otros del extranjero- y encontrar soluciones son a veces largos procesos de búsqueda, prueba y error. A veces me pongo el mameluco y estoy hasta entrada la noche arreglando.

Algunos padres buscan en internet y dan con mi teléfono. A ellos les doy consejos, principalmente que saquen los pedales y las rueditas, no los necesitan. Luego las pongo a punto para que los niños puedan disfrutar la mayor parte del tiempo. Me gusta que ellos manejen. Las bicis pequeñas son con frecuencia de mala calidad: se arruinan pronto. Algunos modelos son pensados como bicis grandes en pequeño; su desarrollo, el avance por giro de pedal, es tan grande que la fuerza que los niños tienen no les alcanza para mover la bici en una pequeña pendiente. Lo consideran duro: los niños se frustran. También los padres. Con las mejoras que hago en el taller procuro evitarlo. Otra forma de hacerlo es reutilizando las bicis “dejadas” por los ahora grandes y darlas a principiantes.

La ciudad de La Paz no es muy fácil de conquistar en bicicleta, tanto la orografía, la infraestructura, la reglamentación como las mismas bicicletas lo impiden. Sin embargo, hay casi una bicicleta por casa, con algún problema, empolvándose y deteriorándose. En el taller hago mi parte para que salgan, tanto la bici como el o la ciclista y que sean valientes a la hora de circular por la ciudad. No es tan grave. Creo que hay algunos prejuicios respecto a los automovilistas. Ellos también saben usar las dos ruedas.

Para demostrar que hay más ciclismo en La Paz basta ver en Facebook. Hay un gran número de talleres de reparación de bicis. Hay varios mecánicos y hay una oferta grande de bicis y eventos ciclistas. Si tienes una bici en casa, no hay excusa para no salir y explorar el barrio, la ciudad y los alrededores. Busca el más cercano a la tuya. El taller Bici-Coni, un espacio pequeño y atiborrado de cosas, dentro de la casa llena de bicicletas, está en el centro y yo dispuesto a arreglar tu bici, como dice la frase de apertura, “porque el ciclismo es nuestra pasión, arreglamos tu bici con el corazón“.

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