El meme: ¿Instrumento para la formación de opinión pública?

Meme

Desde su nacimiento en 1969, Internet se ha convertido en una herramienta fundamental en la rutina diaria de los seres humanos. Con su llegada, se ha logrado crear un conocimiento universalizado de manera instantánea y las fronteras ya no son inquebrantables cuando existe un “clic” de por medio.

Por supuesto, su evolución ha originado el establecimiento de nuevas formas de interrelación y adquisición de conocimientos, permitiendo la creación de numerosas comunidades de internautas y de plataformas, cuyo valor principal es la libertad de expresión. Ante ello, también se ha generado una apropiación de información, desde distintos matices, que fácilmente es compartida y viralizada de manera inmediata.

Esta información que, también, corre el riesgo de ser desinformación, a partir de la manera en la que se la maneja, es proclive a sufrir transformaciones con la finalidad de obtener un mayor impacto entre quienes la comparten, sobre todo, en redes sociales como: Facebook, Twitter e Instagram, que, actualmente ocupan el monopolio digital.

Uno de estos cambios en la manera de informar, entretener y criticar, surge a partir del meme, cuyo término fue acuñado en 1976 por el biólogo británico, Richard Dawkins, en su libro “El gen egoísta”. En éste, el autor explica que, de la misma manera que los genes contienen información biológica sobre los seres vivos, los memes poseen información cultural (ideas, estereotipos, modas, entre otros). De esta manera, los primeros establecen rasgos físicos de los organismos, en tanto, los segundos determinan el pensamiento y las conductas de las personas.

Cuando se habla del meme y su repercusión en la generación de opinión pública, es imposible no inducirnos a un mundo en el que distintas manifestaciones y reflexiones penetran en el estrecho margen de la información y la libertad de expresión. Están aquellos que califican a este elemento cultural -si vale el término- como un detonador de desinformación y entretenimiento absurdo, mientras que otros lo entienden como un canalizador de participación ciudadana real, desde una bidireccionalidad de la comunicación.

La funcionalidad del meme en la actualidad, me hace viajar a aquellos tiempos en los que el pasquín cumplía la tarea de interpelar la tiranía de gobiernos dictatoriales, así como aquellos temas relacionados con la construcción social. Claramente, en tiempos en los que Internet se ha constituido en la herramienta principal de diversas manifestaciones, el meme, en su carácter de reproducción inmediata y universal, ha contribuido a que cada vez existan más usuarios que opinen, protesten, analicen y den a conocer lo que sucede en distintas regiones del mundo, desde un enfoque humorístico, fomentando así la curiosidad y la necesidad del ciudadano por mantenerse informado y empoderado.

Por su carácter inmediato y sencilla composición (imagen y texto breve), el meme es el primer vehículo que lleva al ciudadano a enterarse de algún acontecimiento relevante, y, que, posteriormente se evidenciará en los titulares de los medios periodísticos, lo que no implica que pueda ser tratado bajo condiciones informativas, teniendo en cuenta que, también puede ser modificado por varios usuarios a partir de su versión original. Sin embargo, no se puede negar que, desde los primeros minutos en los que un meme es publicado, su repercusión ante la comunidad digital involucra una serie de interacciones que fomentan la apertura al debate, así como la retroalimentación en tiempo real desde diferentes latitudes, y a partir de distintos saberes. Si es preciso basarse en su nivel de impacto, incluso, se podría referir al meme como un medio social.

Por supuesto, la caracterización que se otorgue a la cultura memética, pasará por distintos filtros y perspectivas, pero es necesario entender cómo desde la creación, difusión y viralización del meme, se han manifestado diversos procesos de transformación social que atañen, indiscutiblemente, a la formación de opinión pública, que en una etapa posterior conlleva a la acción. Se puede decir que de lo “online” se pasa a lo “offline”.       

Algunos ejemplos de ello se evidencian en la campaña “Yo digo no”, realizada entre 2012 y 2013 en Perú, donde el principal detonador de decisiones fue el característico meme; de la misma manera, en Chile, el surgimiento de memes generó una participación masiva y activa de movimientos estudiantiles en protestas contra las políticas educativas y sociales del Gobierno; Bolivia no queda rezagada, en el último tiempo, y a raíz de los conflictos sociales consecuentes de los comicios electorales en 2019, el meme ha propiciado la creación de comunidades digitales, como una forma de expresión y participación ciudadana, que, también ha sido visibilizada en manifestaciones urbanas.

No existe duda de que, en un mundo en el que persiste la saturación de información, aquellos mecanismos de expresión sencilla y de fácil entendimiento (utilizados de manera ingenua para algunos y de manera acertada para otros), representan construcciones culturales que son la llave de las puertas que se abren al sentido de la curiosidad, a la búsqueda de información para ampliar y enriquecer contextos y a la comprensión de distintas realidades. Más allá del tono jocoso y sugestivo del meme, no es difícil decir que éste a lo largo del tiempo, ha asumido un rol fundamental como instrumento para la formación de opinión pública y generación de nuevas formas de comunicación.

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