El día en que RobinHood robó para los ricos

El mercado libre, no es tan libre como creemos. Al menos esa fue mi primera conclusión, todo enfundado en pijamas y comiendo nada más que cereal durante varios días, cuando sucedió eso del foro virtual WallStreetBets poniendo en jaque a la élite de Wall Street.

Para Bolivia, incluso para Estados Unidos, Wall Street suena a algo muy alejado de la realidad y la rutina, aunque no es más que una calle de ocho cuadras de longitud en Nueva York donde se congrega la industria de servicios financieros de los yanquis. Gracias a Martin Scorsesse, la imagen más universal que tenemos de la gente que trabaja en esa calle es la de Leonardo DiCaprio como Jordan Belfort, el corredor de la bolsa de valores, en la película El Lobo de Wall Street (2013). Es decir, un tipo no muy inteligente, pero bastante astuto y carismático. Un cretino con el olfato de un lobo para hacer dinero.

Era el 19 de enero de 2021. La fecha está grabada en varios artículos y videos que hablan del escándalo de #Gamestonks y, para mi yo de ese entonces, otro difuso día de navegar por la web. En Reddit todo el mundo hablaba de un video de Citron Research, firma dedicada a investigación de acciones en la bolsa, en el que se burlaban de “los monos” con tono condescendiente diciéndoles “entendemos mejor que ustedes los intereses en corto y se los vamos a explicar”.

¿Qué demonios estaba pasando? Un par de clics después lo supe: gracias a que en 2020 comenzó algo llamado pandemia por COVID-19, que puso al mundo de cabeza con cuarentenas y contagios, entre los muchos de negocios afectados en el mundo estaba GameStop (GME), una suerte de Errols, pero de videojuegos. Es decir, una tienda de venta y alquiler en la que los usuarios iban a conseguir mercadería y discos para jugar en consolas.

La digitalización de los videojuegos casi había matado a este negocio, así que la pandemia fue prácticamente el clavo final del ataúd que derrumbó el valor de GME en el mercado de valores. Ya para entonces los lobos habían hecho sus apuestas en corto, relamiéndose al pensar el dinero que harían con el quiebre de GameStop.

No contaban con algo que venía sucediendo desde 2012, cuando un montón de extraños se unieron virtualmente en Reddit, donde Jaime Rogozinski fundó el foro WallStreetBets (WSB) en el que aspirantes a Jordan Belfort en todo el mundo se congregaron para hacer apuestas caóticas en el mercado de valores y reírse a panza suelta con los resultados.

A ese proceso de crear caos, antagonismo y ofensa a propósito se le llama trolear. También se le dice hacer algo “por las rizaz”. Y eso es todo lo que los WSB quieren. Hasta 2021 eso se reducía a apuestas ridículas e irrelevantes en Wall Street que luego eran resumidas en un meme para las risas de un grupo de gente que insiste en que los llamemos “monos”.

Una de estas apuestas es vender en corto, que es cuando un corredor de la bolsa (léase: un lobo de Wall Street) nota que el valor de un negocio caerá y, para sacar provecho de esa caída, se prestan acciones del negocio en riesgo para intentar venderlas por su valor real (traducción: sin intereses ni regateo).

Un tiempo después, si todo salió bien, el valor de estas acciones efectivamente cae y el corredor vuelve a comprarlas, pero por menor precio. Si se prestó una acción que vale 100, la recomprará en 50, o sea ganando un dinerito antes de devolverlas.     

Y en 2021, por un breve instante, los monos lograron imponerse a los lobos cuando se dieron cuenta de esta situación con GME mucho antes y, coordinando en el foro WSB, decidieron comprar varias acciones de GameStop de forma que el valor y la demanda de las mismas subiesen.

Los lobos esperaban que el valor cayera, pero las compras coordinadas de los monos impidieron esa caída. De hecho, las acciones pasaron de valer alrededor de $us 42, el 22 de enero, a un exorbitante $us 354.83, el 27 de enero, después de que el multimillonario Elon Musk compartiera una publicación en Twitter alabando a los monos.

No solo los lobos iban a perder mucho dinero propio, sino también el de los viejos ricachones de Wall Street, es decir la élite y sus banqueros, de sus fondos de cobertura, como Melvin Capital que con la operación de GME perdió el 53% de sus inversiones de enero. 

Creo que los monos podrían haber causado más daño si no era porque Robinhood se unió a la fiesta. No hablo del héroe del folklore inglés, sino de una aplicación que vende la idea de que quien sea puede ser un corredor de bolsa, solo necesitas un teléfono con esa app y estarás listo para jugar a ser un lobo.

Muchos de los monos creen eso mismo y Robinhood fue su herramienta principal para realizar las transacciones que inflaron el valor de GameStop. Pero no sabían que Citadel, una empresa que iba a perder mucho dinero con este asunto de GME, aporta el 35% del total de los ingresos de la app. Cuando su dinero se vio amenazado, agarraron el teléfono y le dijeron a Robinhood que evite que los pobres les roben a los ricos.

Inmediatamente, la aplicación bloqueó las compras de acciones de GME, en una desvergonzada manipulación del mercado que salvó a las empresas de mayores pérdidas, pero evidenció que el mercado es libre, hasta que deja de convenirle a los ricos y poderosos.

De hecho, es más triste que eso. Cuando los monos dejaron de reírse y los economistas salieron de sus cuevas para analizar lo sucedido, recién nos dimos cuenta que al final las pérdidas de los ricachones no fueron significativas y que usaron la experiencia para armarse mejor. Como si David no hubiera decapitado a Goliat después del piedrazo y este hubiera buscado una mejor armadura.

Sí, los lobos y sus amos aprendieron de sus errores. Se dieron cuenta que la gente joven (los millenials, los Gen Z) no siempre juegan bajo sus reglas, es decir las reglas de siempre, las que los baby boomers mismos crearon. Ahora compañías como JP Morgan crearon divisiones y herramientas para protegerse de los monos, de sus memes y sus métodos para reírse del mundo. 

¿Y nosotros? Pues, sonreímos. El legado cultural de todo esto son varios memes que ilustran todo lo aquí narrado, es saber que no porque algo se llame Robinhood está del lado de los pobres, pero también fotos de los lobos en el más puro estado de frustración y, para quienes seguimos este suceso en las redes mientras se desarrollaba, la casi palpable desesperación que exudaba la élite de Wall Street al darse cuenta que, por un instante, un grupo de cretinos, a los que ellos mismos no bajaban de bufones, los habían acorralado.

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