Diálogo como motor del cambio, del delito a la redención

El diálogo es una necesidad humana determinante en nuestras vidas. La falta de comunicación al interior de las familias se convierte en un vacío que puede desencadenar situaciones de riesgo, sobre todo en los adolescentes, y que puede llevarlos por caminos reñidos con la ley. Esta es una de las enseñanzas recogidas en los ocho capítulos del podcast «Desde Mi Voz», producidos por la  Agencia Italiana para la Cooperación al Desarrollo (AICS) y difundidos por La Nube.

Hablar con los hijos, con los padres, estar con el otro, compartir y comunicarse, son actividades que no se pueden dejar de lado señala Serena Bernardini, coordinadora interina del proyecto Adolescentes que Cambian, de la AICS, con quien hablamos sobre los testimonios de adolescentes vinculados con la comisión de delitos.

Serena Bernardini, coordinadora interina del proyecto Adolescentes que Cambian.

¿En qué consiste el proyecto Desde Mi Voz?

Lo que se busca es demostrar que con enfoque de justicia restaurativa para adolescentes con responsabilidad penal es posible reparar el daño a las víctimas e integrar a los adolescentes a la sociedad.

La campaña tiene ocho episodios de podcasts en los que se cuentan historias de adolescentes con responsabilidad penal para que, sin el ánimo de justificar, como sociedad comprendamos que hay jóvenes que han tenido un camino difícil, que pueden reparar el daño y reintegrarse.

¿Crees que en los últimos años hay mayor apertura de la sociedad para escuchar estas voces?

Yo creo que los cambios son lentos, necesitan tiempo; pero seguro que en los últimos años con la aplicación del Código Niña Niño Adolescente se está sensibilizando más a la sociedad en esta temática.

¿Qué opinas de la justicia penal para adolescentes en Bolivia? ¿Qué se puede mejorar y qué se puede resaltar hasta el momento?

Creo que falta cambiar de un enfoque punitivo a uno más restaurativo. La justicia punitiva se aplica sobre todo en el sistema de adultos y establece el delito como una acción contra las leyes del Estado, mientras que la justicia restaurativa entiende el delito como un acto contra las personas, contra la comunidad.

La justicia restaurativa busca reconstruir las relaciones entre la víctima y el agresor. Muchas veces la víctima es dejada de lado en los procesos penales y hasta se tiende a revictimizarla. En la justicia restaurativa la víctima tiene un papel principal y se la tiene en cuenta en todo el proceso, tanto en sus derechos como en sus necesidades.

¿Hubo reticencia en los adolescentes que entrevistaron?

Claro que hubo reticencia, muchos han tenido situaciones complicadas en sus familias, dificultades para abrirse. Preguntar una historia personal tampoco es fácil, pero el punto es tratar de empatizar con las personas y hacerles ver que no hay ningún tipo de juicio, que la vida te pone frente a dificultades, pero lo importante es responsabilizarse y generar conciencia de lo que pasó.

Si la persona siente que la escuchas, al final hasta tiene ganas de contarte, porque muchos no tienen tantas visitas. A veces tienen ganas de contar su historia, de hablar y comunicarse con otra persona.

Nosotros hemos visitado centros en los nueve departamentos, hemos recolectado más de 60 historias que se publicarán en un libro. De éstas hemos seleccionado ocho historias que se encuentran en los podcasts.

Un elemento común de los testimonios es la falta de comunicación en la familia.

La mayoría de las historias nos cuentan problemas de diálogo en la familia, falta de escucha, demostración de cariño, que se sepa que la otra persona está ahí para escucharte, atenderte y apoyarte si es que hay problemas o errores.

Muchos que incurrieron en el delito e ingresaron a centros de reintegración social pensaban que su familia los iba a abandonar por su error y quedaron muchas veces sorprendidos al descubrir que la familia estaba ahí para apoyar, para creer que esta persona puede cambiar y tener un camino diferente. Para la mayoría de los chicos ese fue el motor para generar un cambio.

Sintieron que ese amor y apoyo que creían no tenían en su familia en realidad sí lo tenían y fue el motor principal del cambio.

A partir de este proyecto, ¿qué podrías recomendar a las familias, a los jóvenes, al Estado?

Lo principal es tratar de hablar con los jóvenes, de dialogar, escuchar, entender por qué ocurren algunas conductas. No estigmatizarlos y entender que a lo mejor tropezaron con caminos difíciles.

Están pagando por cualquier error que hayan podido cometer y hay que apoyarlos y darles herramientas, la posibilidad de generar un cambio. Al final los jóvenes son los que construyen la sociedad del mañana, así que no hay que estigmatizarlos y hay que darles una nueva oportunidad.


Puedes escuchar los podcasts aquí:

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