Del cine su discurso e impacto social

Desde el cinematógrafo de los hermanos Lumière y el ilusionismo a colores de Méliès, el cine se ha caracterizado por ser en esencia un espacio revolucionario, no sólo por las grandes innovaciones, que van desde una cámara cinematográfica hasta un mundo de efectos especiales que día a día se supera; tampoco por el avasallador crecimiento de los engranajes en la industria cultural; sino, sobre todo, por el legado discursivo que deja y la dinámica fenomenológica a través de la que las sociedades se ven inmersas.

El cine es el testimonio vivo de la historia, sus profundidades, sus sombras y matices, es la ventana o la puerta (como se quiera) por la que el espectador consciente se acerca a una realidad. La verdadera conexión entre el espectador y una producción cinematográfica, se da cuando éste la hace suya.

La lista de películas que han penetrado al tiempo por su impacto a nivel social es vasta, y faltaría texto para hablar de cada una de ellas, pero resaltan algunos ejemplos para entender la importante función del cine, y el impacto que se concibe en su lenguaje frente a los diferentes públicos y temporalidades.

Una de las producciones cinematográficas más aclamadas y criticadas en la historia del cine es “El nacimiento de una nación” (The birth of a nation), basada en la obra literaria “The Clansman”, dirigida por D. W. Griffith (considerado el padre del cine moderno) y estrenada en 1915. La trama se sitúa en el período de la guerra de secesión americana y retrata los problemas que surgen cuando se concede el mismo status a blancos y negros, haciendo ver a estos últimos como seres grotescos e ignorantes y resaltando el papel de una sociedad secreta de blancos como héroes de la nación. La narrativa utilizada ha servido de inspiración para el posterior ascenso del Ku Klux Clan, lo que ha valido el repudio de diferentes sectores ante la mirada opresora y la vulneración de derechos por parte de este grupo a favor del exterminio de la raza negra.

Desde el punto de vista técnico, la película es una obra maestra: la elegancia en el montaje, la riqueza de los flashbacks y la perfección en el uso del primer plano, la vuelven exquisita. ¿Pero, cómo se la puede juzgar ética y moralmente?

Otra obra visual que parece haberle ganado a los resquicios del tiempo es “El acorazado de Potemkin” (Bronenosets Potyomkin), estrenada en 1925 y dirigida por Sergei Eisenstein. De carácter dramático y mudo, y basada en la vida real, el propósito del film es mostrar el poder del pueblo ante la autoridad monárquica, es así que reproduce el motín de marineros ocurrido en un buque ruso contra la armada zarista en el puerto de Odesa (imperio ruso). Por su estilo propagandístico, se la consideró altamente peligrosa para ser proyectada en Rusia y se la prohibió en Alemania, durante el régimen nazi.

Es una obra visual cuya técnica narrativa, haciendo alusión al montaje, también ha sido aclamada y es considerada una de las mejores en la historia del cine.

Si se habla de producciones fuertemente propagandísticas, es imposible dejar de lado una obra encargada por el mismo Adolf Hitler a la actriz, cineasta y fotógrafa Leni Riefenstahl. “El triunfo de la voluntad” (Triumph des willens) de 1935, muestra la reunión sostenida en el congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 en Núremberg, Alemania, al que asistieron más de 700.000 militantes y simpatizantes. A través de planos generales, se aprecia a los miembros uniformados del partido desfilando, así como los discursos ante una gran masa de participantes, por parte de los mayores líderes del partido nazi. El objetivo principal de Hitler al ordenar la realización de este documental, era visibilizar el regreso de Alemania a la categoría de potencia mundial, con el Führer como un mesías que devolvería la gloria a la nación.

A pesar del lenguaje cinematográfico utilizado: cámaras en movimiento, teleobjetivos, fotografía y montaje musical, el film es reconocido, sobre todo, por ser referente de documentales posteriores; incluso, ha servido de inspiración para la sátira clásica de Charlie Chaplin, “El gran dictador”.  

¿Puede el cine estimular los pensamientos y acciones en el ser humano? Tan sólo basta ver cómo la precisión en los argumentos ha inspirado la instauración de convicciones, sobre todo, en quienes ocupan un tercer espacio en el conjunto social. Tal es el caso de “El padrino” (The godfather), dirigida por Francis Coppola y estrenada en 1939, que hasta la actualidad es una obra cumbre que parece no pasar de moda. Basada en la novela de Mario Puzo (conocido como el literato de la mafia), la trama gira alrededor de los hombres de la familia Corleone y su importante rol en el crimen organizado y la mafia italiana, infiriendo en ella pinceladas que abordan temas en relación a las tradiciones familiares, el honor y la amistad.

La película retrata a la mafia como una familia honorífica y elegante, a la que no cualquiera puede entrar, lo que ha ocasionado que personas que pertenecen a este tipo de círculos delictivos se consideren a sí mismas de diferente manera. Tal fue el impacto de esta producción cinematográfica, que sus líneas más famosas fueron utilizadas por los verdaderos jefes de la mafia; algunos reportes policiales confirmaban que en las comunicaciones entre los grupos del crimen organizado se memorizaban escenas enteras de diálogos.    

Así como puede vislumbrarse el cine protagonizado por marineros o mafiosos, también la mujer es foco de atención. Dirigida por Jafar Panahi y estrenada en 1960, “El círculo” (Dayereh) se centra en la maldición de nacer mujer en Irán y la crueldad y humillación que son parte de un sistema en el que los opresores eliminan con violencia la libertad de expresión, la independencia y la sexualidad femeninas, todo esto conjugado con las impresiones resueltas e irresueltas, propias de las calles de Teherán.               

El estilo verité (cine de realidad) utilizado genera una sensación de inmediatez y terror que aumenta gracias a la actuación realista del reparto, en su mayoría no profesional. Es la película más temeraria en la historia del cine iraní al incursionar de manera política y profunda en el rol que la sociedad establece para la mujer, lo que la ha llevado a ser prohibida por el gobierno de ese país.

Finalmente, pero no porque carezca de importancia, es necesario mencionar a la obra dirigida por Richard Oswald y estrenada en 1919, bajo el nombre de “Diferente a los demás” (Anders als die Andern), catalogada como la primera película que retrata la homosexualidad en un momento de alta tensión social y en el que ser diferente sexualmente era considerado un delito que merecía pena de muerte. La trama refleja la forma de vida de los homosexuales y sus consecuencias a partir de la vigencia del artículo 175 de las leyes alemanas (norma jurídica que penaba las relaciones entre personas de sexo masculino y que estuvo vigente desde 1872 hasta 1994), lo que llevó a las extorsiones y los chantajes, orillando a los homosexuales a la clandestinidad, al anonimato, la soledad y el suicidio.

Su estreno generó el escándalo en la sociedad alemana y fue prohibida para todos, exceptuando a médicos e investigadores. En su momento se creía que todas las copias habían sido quemadas por el régimen nazi, sin embargo, un de éstas fue salvada y actualmente se encuentra en el museo de Múnich, como parte de la historia.

En lo que respecta a la técnica, los fundidos en iris y negro dan el toque poético que caracteriza perfectamente la situación para los homosexuales en el siglo XX: vivir entre las sombras.

Pues, bien, el recorrido por los travesaños del cine y su discurso, no hace más que repensar las maneras en las que el hacer cine implica influir en el contexto, en el tiempo y en las formas en las que cada uno se piensa a sí mismo, por eso es tan importante su rol social, porque desde su lenguaje, su poética y hasta la manera en la que recurre a la etopeya, transfigura las circunstancias del presente.  

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