Correo pendiente

Por Nelson Guzmán Sanjinéz

Diseño de portada: Valeria Torrico

Querida Verónica:

Te escribo este correo porque hace como tres meses recibí la llamada preocupada de tu médico, informándome que suspendiste el tratamiento de quimioterapia que estaba programado de acuerdo a su diagnóstico.

Podía habértelo preguntado antes, no sabía cómo hacerlo sin contradecir tus principios. Él me dijo que el argumento que pusiste para no recibir más el tratamiento fue debido a tu apertura de la biblia y ahí encontraste la palabra del Señor que te decía que solo tu fe podrá salvarte en cuerpo y alma.

Yo sé que, como cristiana pentecostal tu vida está encaminada por tu creencia religiosa dictada en su palabra. Siempre traté de entender -y no pude- la comunicación directa que decías que tenías con Jesús para las cosas más intranscendentales, como cuando eras niña y le pedías no encontrarte con Juanita porque te molestaba en los recreos.

Me parece que el dogma que te inculcaron desde temprana edad en tu casa y sobre todo a través de tu pastor y de tu comunidad religiosa ha ido creciendo y arraigándose en tu vida diaria.

Crees -para mí- a pie juntillas que Jesús te curará del tumor de seno; a pesar de que ya está crecido y que aún con quimioterapia puede que necesites su extirpación.

Me contó también que una pastora de tu iglesia en Buenos Aires te programó para una misa de sanación con un colega sudafricano que estaría de paso por allá. Que viajaste y recibiste su imposición de manos y sentiste un fuego que te abrazaba causándote un desmayo. Desmayo y éxtasis que confirman la obra del Señor y por ello estabas segura que el milagro fue consumado. Aunque después la prensa desprestigió a ese enviado de Dios calificándolo como un charlatán motivado por la angurria de dinero.

Un mes de la supuesta sanación tuviste que ser internada de emergencia porque sufriste un colapso que te dejó en coma por cuatro días; y el oncólogo que te atendió quería operarte de inmediato, pero te opusiste porque no querías intervenir en los designios divinos.

Quisieron continuar con la quimioterapia o cambiar a radioterapia pero dijiste que habías recibido una señal que te decía que esperes la obra del Señor, que el tiempo de Él es diferente al del mundo. Iba, por tanto, a ser oportuno para que tu cuerpo sea sano y a partir de entonces sentiste dentro de ti un cosquilleo y vibración eléctrica.

La clínica y el médico pidieron que firmes un documento por el que los liberabas de responsabilidad alguna del tratamiento seguido o mejor el no tratamiento a partir de su suspensión. Responsabilizándote de las consecuencias de tu decisión y dada de alta de la clínica, para seguir una sanación en fe y por la fe, sobre la base de la oración tuya y de tus hermanos en Cristo.

Pasaron unas semanas y volviste a desvanecerte esa vez por dolor, el dolor que era tan intenso que al internarte tuvieron que aplicarte morfina, el dolor que no podías soportar, pero aun así dijiste que estaba en los planes de Dios tu curación y que no podías interferir en su voluntad.

Como tenías tus defensas tan bajas, te contagiaste en la clínica de Covid 19. Ahora estaba en dilema la intención de la sanación que era el cáncer y si, bien para su cura recibiste la fuerza divina, ésta no se expandiría para la curación del Covid.

Como es obligación del centro médico, pese a tus protestas, te hicieron el tratamiento para curarte del virus y querían aprovechar que estabas ahí para hacerte la quimioterapia, mas no lo permitiste. Solo aceptaste -de mal agrado, porque no podías negarlo- las medicinas contra el virus.

En el ínterin el cáncer hizo metástasis y tomó tus riñones por lo que la junta de médicos, analizando tu historial médico te desahució. Instruyendo que en cuanto des negativo del covid, podrías irte a casa, a esperar el desenlace final con tu familia y recomendaban que te coloquen morfina para que puedas soportar el dolor que alcanzaría niveles muy altos.

En este punto lloré por ti y por mí, por estar ausente y no poder apoyarte en tus últimos momentos, por la rabia que tengo contra el cáncer, la pandemia -y aunque te espantes- contra tu Dios, que no se si te abandonó o no, pero que no te dio la iluminación suficiente para recibir la ayuda médica que Él mismo te mandaba.

Reniego contra tu fe ciega que peca en fanatismo. No te escribía ni llamaba porque no quería insultarte, gritarte que te dejes de macanas y vuelvas al tratamiento.

Cada día leía los periódicos para ver si salió tu obituario. Hoy lo abrí y sé que definitivamente este correo no lo mandaré

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Leí que tu congregación se reunió en oración y alabanza… porque milagrosamente te curaste, ya no tienes cáncer. No lo puedo creer…

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