Bla, bla, bla, la destrucción del medioambiente por encima del discurso de Arce

Luis Arce en la COP26 el 8 de noviembre

“Debemos cambiar el modelo de civilización y avanzar hacia un modelo alternativo al capitalismo, que es el horizonte civilizatorio del vivir bien en armonía con la madre tierra”, decía el presidente de Bolivia, Luis Arce, el segundo día de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26). Puro bla, bla, bla, diría la activista Greta Thumberg, pues el Gobierno boliviano se caracteriza por concebir el desarrollo a partir de la destrucción de la naturaleza.

La COP26, que empezó el 31 de octubre y termina el 12 de noviembre, es considerada la última oportunidad para que los gobiernos del mundo asuman acciones que eviten un desastre climático que empuje al planeta a un futuro apocalíptico. Si a fines del siglo el calentamiento global supera los 1,5 grados centígrados el nivel del mar subirá, las sequías y las inundaciones aumentarán, especies animales y vegetales se extinguirán, y la humanidad se enfrentará a condiciones más duras para su supervivencia.

De acuerdo a un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ahora estamos alrededor de los 1,0 grados. Si el calentamiento global continúa su tendencia actual alcanzaremos los 1,5 grados entre 2030 y 2050.

Es triste saber que las tragedias descritas más arriba probablemente ocurran de todos modos aún si nos mantenemos debajo de los 1,5 grados, pero se espera que al menos la intensidad de las catástrofes sea menor. Como el calentamiento global es acumulativo hemos llegado al punto en el que la destrucción del medioambiente a futuro es una certeza, nuestras opciones para las próximas décadas son: aumentar la intensidad de esta destrucción o reducirla lo más que se pueda.

Gráfico publicado por la organización financiera BBVA con datos del IPCC.

Hasta ahora hay poco optimismo en que los gobiernos lleguen a acuerdos para salvar el futuro y en realidad se avizora una cumbre con más palabras que acciones y metas concretas. Puede que el rumbo que siga Bolivia, en comparación con las grandes potencias, parezca insignificante; pero esto no es así.  

“No somos un actor irrelevante, la cantidad de bosque que se quemó ha generado una cantidad de gases de efecto invernadero considerable. Tenemos una participación importante en las emisiones, pero no existe voluntad política por parte del Gobierno para hacer algo al respecto”, señaló Carmen Capriles, coordinadora general de Reacción Climática, quien viajó a Glasgow, Escocia, para seguir de cerca el evento internacional.

El investigador de la Fundación Tierra, Gonzalo Colque, manifestó que Bolivia «tiene un historial preocupante en cuanto al cuidado de los bosques. En el periodo de 2001 a 2020 perdió más de 6 millones de hectáreas de cobertura arbórea, a un ritmo promedio de 300 mil hectáreas por año. Antes de los incendios forestales sin precedentes de 2019, el país ocupaba el cuarto lugar en la lista mundial, pero en adelante superó a Indonesia”.

Es así que el año pasado el país ocupó nada menos que el tercer lugar entre los países con mayor deforestación en todo el mundo, según los datos del Global Forest Watch. Así, Bolivia cuenta con menos árboles para absorber el dióxido de carbono (CO2) y los incendios forestales anuales con permiso de las autoridades aumenta la emisión de estos gases.

Lista de países con mayor pérdida de bosques en el mundo en 2020. Fuente: GFW.

Frente a esta situación y de la mano con el discurso del vivir bien de Arce, hasta la publicación de este artículo el Gobierno boliviano no se adhirió a la declaración suscrita por 133 países para proteger los bosques y evitar prácticas agrícolas que los destruyan. Esta «actitud hipócrita», manifestó el investigador Colque, «es una buena noticia para el negocio de la tala selectiva de árboles maderables que, además de degradar el bosque primario, ensancha la desigualdad.

Bolivia ya se comprometió a lograr para el 2030 un manejo adecuado de sus bosques y a reforestar a un nivel por encima de la cantidad de hectáreas de bosque que teníamos en 2010. No obstante, la línea gubernamental apunta hacia el aprovechamiento de los recursos naturales sin importar su impacto en el medio ambiente y la salud de la población, como se ve con la minería, la expansión de la frontera agropecuaria y la deforestación.

Marcos Nordgren, investigador de la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático, sostuvo que en los 15 años con el MAS en el poder, y de forma similar en gobiernos anteriores, se siguió un modelo extractivista. “Lejos de acercarnos a un modelo del vivir bien hemos profundizado un modelo extractivista de graves impactos sobre el medioambiente”.

El investigador acotó que Bolivia ha profundizado en la minería, la búsqueda de reservas hidrocarburíferas en áreas protegidas y la expansión de la frontera agrícola a través de la deforestación.

La COP26 está a punto de concluir y el mundo espera que los gobiernos acuerden metas claras para salvar el planeta. En Bolivia también se anhela con un futuro en el que las palabras de los gobernantes sean igual a sus acciones.

Los incendios forestales se presentan año tras año en el país. Crédito: Fundación Solón.

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