AMTA, para variar y recordar de El Alto

A pocas cuadras de la Cruz Papal en El Alto se encuentra una fachada que resalta entre las demás. Fondo negro, flores y frutos coloridos, y grandes ventanas que permiten ver un interior aún más llamativo, donde hay comida y tragos coloridos, un estudio fotográfico, y una mini-biblioteca que lleva el nombre de un famoso escritor alteño obsesionado con la muerte.

Este es el Amta Café Cultural (Amta, en aymara significa recuerdo), un emprendimiento de dos hermanas que han convertido un sueño en realidad y que van por más. Sin ir lejos, el sábado pasado organizaron junto a la productora Hirviendo Rock y el café cultural Nunandes el llamado Primer Festival de Rock Boliviano en El Alto, con bandas de esta ciudad, de La Paz, Tiquipaya, Tupiza y Betanzos.

Rosemary y Lizeth Chuquimia conducen Amta con el propósito de ofrecer una alternativa a la población alteña, paceña y de donde venga. «El propósito central es mostrar que hay otras opciones, que el público de El Alto tenga otras opciones en cuanto a gastronomía. El servicio es un pilar fundamental que tenemos, queremos que se normalice el buen servicio, que te reciban bien y te sientas cómodo en el espacio. Por lo general ocurre lo contrario y eso es algo a lo que estamos acostumbrados», dice Rosemary.

Lizeth se encarga de la «cocina creativa» en la que se unen ingredientes de distintas partes del país para preparar platos como hamburguesas vegetarianas, tacos de pique a lo macho, repostería, variedad de tés y cafés. «Nuestro objetivo es variar, que la gente pruebe otras cosas a lo que está acostumbrada y aprenda».

El café se inauguró en marzo de este año, aunque en la casa donde ahora funciona ya se venían realizando actividades desde diciembre del 2020 y la comida se distribuía sobre todo a través de delivery por la pandemia del Covid.

Hoy en día, además de degustar el menú y las bebidas, se puede visitar por las tardes la biblioteca Crispín Portugal. Quienes no conocían sobre este autor pueden encontrar su obra, además de muchas otras.

La biblioteca dentro el Amta, en homenaje al escritor Crispín Portugal.
Jugo de naranja, hierba buena y airampo

Gonzalo Guerra Huari es un bartender boliviano que en mayo del 2017 creó el coctel Luca Quivo como un homenaje a los lustracalzados, ya que este era el monto que se solía pagar por una lustrada: Bs 1,50. El preparado de jengibre, jugo de naranja, limón, vodka, hierba buena y airampo obtuvo el primer lugar en una competencia nacional para representar a Bolivia en Argentina.

Incluso, en 2019 se lanzó una campaña para crear un fondo de salud en favor de los lustracalzados con lo recaudado de la venta de este producto.

La presentación no necesita descripción: He aquí que viene dentro una caja de lustra.

Gonzalo Guerra, junto al cóctel Luca Quivo.

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